
El Musac decide, con acierto, incluir en su nuevo grupo expositivo la obra de la artista francesa Dominique Gonzalez-Foerster cuando ésta se encuentra en uno de los momentos más importantes de su carrera. Recientemente su obra ha sido mostrada en lugares tan prestigiosos como ARC, el espacio del Musée d’Art Moderne de la Ville de Paris, el Skulptur Project de Münster y ha sido elegida, también, para encargarse del próximo proyecto en la Sala de las Turbinas de la Tate Modern Gallery de Londres. La exposición que tiene lugar en León recoge cinco obras de la artista que, lejos de exhibirse como objetos de contemplación, funcionan más como entornos de experiencia. La apuesta del Musac por la creación de “universos particulares” parece clara y le otorga así al museo una función de lugar al que el espectador puede acudir para actualizar sus imágenes. Una vez más, como hemos ido comprobando en las muestras anteriores, las obras de los artistas actúan como localizadores de regímenes contemporáneos de la visión y percepción en general.
El título de esta exposición, Chronotopos, es un concepto creado por el lingüista ruso Mijail Bajtín y refiere a la “conexión esencial de las relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura”. González-Foerster utiliza dicha conexión para crear ambientes, entornos, en los que las dimensiones espacio-tiempo se encuentran intrínsecamente vinculadas entre sí hasta el punto de que, siguiendo a Bajtín, el tiempo se puede utilizar como una dimensión más —una cuarta dimensión— del espacio.
El concepto creado por el lingüista ruso Mijail Bajtín se refiere a la “conexión esencial de las relaciones temporales y espaciales asimiladas artísticamente en la literatura”
Al igual que un literato recrea condiciones espacio-temporales en nuestra conciencia, las obras de Foerster ofrecen dichas condiciones que producirán nuevas formas de narrativa generadas por el propio espectador. Decía Jacques Derrida en una entrevista: “espacio no es sólo lo visible, sino algo que abarca incluso lo invisible”. Es entonces la invisibilidad de la obra, su construcción a través de efectos audiovisuales, que en muchas ocasiones la autora produce en colaboración con otros artistas, músicos o escritores (Philippe Parreno, Jay Jay Johanson, Hans Ulrich Obrist), la que constituye, de hecho, el espacio-tiempo de la sala, más allá —o más acá— de sus muros “reales” de hormigón.

Los títulos de los lugares que recorremos en la exposición: Promenade (paseo), Tapiz de lectura, Cinéma, Solarium, Nocturama, describen por sí mismos las cualidades paisajísticas, contemplativas, de recorrido o experiencia en las que nos veremos inmersos, y todas ellas se encuentran divididas en escenas que recrean capítulos; poseen ese carácter literario, o también cinematográfico, que nos impele a tomar parte activa en los procesos de construcción subjetiva. Una exploración compleja de las cuatro dimensiones del espacio de Bajtín que se pueden resumir en una única tendencia: la expansión de los límites de la experiencia.
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