
Pintura. Las pinturas de David Kapp (Nueva York, 1953) reflejan un fuerte interés, inalterado desde su primera exposición (1979) en el paisaje urbano. Su objeto ya no se limita al tráfico de automóviles y de las aves posadas en los tejados o surcando las calles. Le interesan las multitudes y el movimiento. Utilizando el cuerpo como prototipo, como medida de la ciudad, como referencia y filtro, Kapp pinta el movimiento —en sus distintas formas— que se encuentra en el paisaje urbano. Y el paisaje urbano como tema es un pretexto para retratar su entorno inmediato, próximo. Kapp trata el cuerpo como un filtro, como canon, como patrón, para retratar la velocidad y las relaciones espaciales de la ciudad de Nueva York.





No hay una secuencia. Es un solo cuadro que nos invita a pensar que existe una secuencia y es una secuencia lo que imaginamos, lo que deducimos y que a la postre vemos
En la pintura de Kapp destila un esfuerzo por obtener un patrón de utilidad para medir todas las ciudades, y es una propiedad clave en todas las escenas que retrata, no importa que sean accidentales, incongruentes o muy rigurosas. Lo importantes es que nunca pierden cierta relación armoniosa y una gran belleza en el movimiento que inmortaliza.
Sus pinceladas son metáforas de lo que retrata, son por si mísmo especialísimas y muy dinámicas, son movimiento en estado puro. Un coche es un trazo, pero en movimiento. Es difícil discernir si es el coche o la pincelada lo que está en movimiento. Observando la pintura de Kapp se colige que es una pintura imperiosa, como el entorno urbano que retrata, rápida y precisa. ¿Cuántos cuadros, cuántas veces ha necesitado pintar la misma escena para lograr que sea única e irrepetible y sin embargo similar a otras muchas, una escena que nos resulta familiar y reconocible.
No hay una secuencia. Es un solo cuadro que nos invita a pensar que existe una secuencia y es una secuencia lo que imaginamos, lo que deducimos y que a la postre vemos. Lo logra con un solo cuadro, con un único impacto. ¿Ex o no excepcional? Cuando velocidad y movimiento están en la vanguardia del desarrollo tecnológico, el trabajo de Kapp, conmovedor, intenta atrapar, inmortalizar tanto movimiento en un único acto: su pintura. Kapp filtra toda la velocidad de la ciudad, a través del patrón que lo crea: la figura humana, adquiriendo un significado especial con algo de verdad imperecedera.
La pintura de Kapp, muy especial se percibe de distinta manera, si se contempla de pie o sentado. Es pintura para se juzgada de pie. Al hacerlo de pie establecemos una secuencia temporal, curiosamente singular. El desplazamiento urbano, la movilidad de la ciudad, reverbera y adquiera una dimensión personal muy singular. La intersección entre el espectador y el movimiento se traduce en experiencia urbana con el hombre como patrón y la velocidad como eje.
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