TEMBLOR EN LA FRONTERA
POESÍA PICTÓRICA
Paul Klee: “Soy incomprensible”
Peatóm | 5·09·2009 | 06:00

Pintura · Swissinfo. En Berna se inauguró el pasado mes de junio un centro dedicado a Paul Klee (1879-1940), figura mblemática del arte moderno. El nuevo museo quiere desentrañar a un artista que decía de sí mismo: “soy incomprensible”. Paul Klee pasó a los anales de la historia como artista suizo, aun cuando conservó la nacionalidad alemana hasta su muerte. Era un bohemio que conoció y disfrutó los placeres de la vida burguesa.

De origen alemán, pero nacido cerca de la ciudad de Berna, Paul Klee obtuvo la nacionalidad suiza sólo después de su muerte. Tras perder su cátedra en Alemania durante el régimen nazi, el artista estableció su residencia en Berna. Paul Klee nació el 18 de diciembre de 1879, en Münchenbuchsee, localidad del cantón de Berna. Creció en la capital suiza y llegó a hablar fluidamente el dialecto bernés. Su madre, Ida Frick, era mitad suiza; su padre, Hans Klee, alemán. El artista tenía una hermana, Mathilde, tres años mayor.

Paul Klee

“Las diferencias entre el rojo y un color que no lo contenga son muy grandes. Pero lo que me interesa no es preguntarme qué es el rojo, sino más bien qué es aquello que carece del rojo”

Según una leyenda, fue su abuela materna quien estimuló su vocación artística regalándole papel y lápices de colores cuando apenas tenía tres o cuatro años de edad. Klee solía recordar posteriormente que su trayectoria artística había comenzado durante aquellos años de infancia y consideraba como parte de su obra algunos dibujos realizados cuando apenas era un niño. Los dibujos de su adolescencia dejan ver su interés por el ambiente que le rodeaba. Dibujaba los paisajes de Berna, y cuando visitaba a sus parientes o viajaba por Suiza con su padre, llevaba siempre consigo el cuaderno de bosquejos.

Cuando no pintaba, tocaba el violín o escribía poemas. Klee estudió en el Progymnasium en el centro de Berna. No fue un alumno modelo. En 1889 aprobó a duras penas los exámenes finales del bachillerato. En su diario escribió: “Hubiera abandonado con gusto la escuela durante el último año de estudio, pero mis padres se oponían. Me sentía como un mártir; me gustaba hacer sólo aquello que no me estaba permitido: dibujar y escribir”.





:: Viaje a Munich

Los padres querían que emprendiera la carrera de músico, pero Paul tenía otros proyectos. Sólo dos meses después de haber concluido los exámenes del bachillerato, abandonó la casa paterna para iniciar estudios de dibujo en una escuela privada en Múnich, Alemania. Paul Klee pasó cuatro años fuera de casa durante un paréntesis rico en acontecimientos. Completó los estudios formales en bellas artes, encontró y estableció una relación amorosa con quien más tarde sería su esposa, y visitó Italia.

En 1906, Paul Klee vivió otra ruptura fundamental con Suiza al trasladarse a Múnich, lugar de residencia de la pianista Lily Stumpf, con quien contraería matrimonio

En 1902 regresó a Berna y se estableció de nuevo en casa de sus padres. Comenzó a ganarse la vida como concertista y escritor de revistas teatrales, mientras, solo, estudiaba dibujo. Entre 1903 y 1905 Paul Klee dio pasos importantes en su desarrollo artístico. Inició sus experiencias en la creación de grabados que dieron como resultado un ciclo de once obras. También inventó un procedimiento de dibujo con una aguja sobre tableros de vidrio ennegrecido. Utilizando este método produjo casi 60 dibujos.

Un año después, en 1906, Paul Klee vivió otra ruptura fundamental con Suiza al trasladarse a Múnich, lugar de residencia de la pianista Lily Stumpf, con quien contraería matrimonio. Sin embargo, el artista no abandonó Berna completamente. Después del nacimiento de su hijo Felix, en 1907, Paul regresaba con frecuencia a la casa de sus padres con el niño para permanecer a veces varios meses, mientras Lily daba lecciones de piano para mantener a la familia.

Las cartas que escribió durante este período sugieren que le gustaba mucho estar en Berna, porque sus visitas le permitían cultivar sus actividades preferidas, mientras la familia se ocupaba de Felix. Después de casi 30 años en el extranjero, Klee convirtió de nuevo a Suiza en su lugar de residencia en 1933, incluso con algo de reticencia. La buena suerte del artista había cambiado con la irrupción del nacionalsocialismo en Alemania. Paul Klee era ya un artista famoso, ganaba bien con la venta de sus trabajos y recibía un buen salario como profesor de arte. No obstante, de repente, se convirtió en persona no grata.

Acusado por los nazis de ser un artista degenerado, Klee vio cómo sus obras eran retiradas de las galerías públicas de Alemania. Él y su esposa Lily buscaron entonces refugio con la familia, en Berna. Establecido en la capital de Suiza, ciudad que estaba lejos de ser un centro artístico, distante de la vida bohemia y del estímulo intelectual que habían dado sabor a los años de su madurez, Klee debió pensar que su descenso era completo.

Después de algunos meses de errancia, Paul y Lily encontraron un apartamento de dos habitaciones en la calle Kistlerweg, en un barrio lleno de árboles, el de Elfenau. Desde su balcón podían contemplar a veces el perfil de los Alpes del Oberland Bernés. Una de las habitaciones servía como sala de música para Lily y la otra, como taller para Paul. Fue allí donde Klee encontró la inspiración para más de 2.700 obras.

A este retorno a los comienzos modestos se sumó después un deterioro de las condiciones físicas de Paul Klee, debido a problemas de estómago, pérdida de peso y endurecimiento de la piel que le provocaron incontinencia y dificultades para ingerir alimentos. Sus médicos no lograron diagnosticar el mal que, retrospectivamente, fue identificado como esclerodermia, enfermedad incurable del sistema inmunitario.

Durante los últimos años de su vida, Klee solicitó la ciudadanía suiza. En un primer intento no cumplía los requisitos necesarios. Lamentablemente, Paul Klee no logró vivir lo suficiente para descubrir que la segunda tentativa iba a fructificar. La muerte del artista suizo con pasaporte alemán tuvo lugar en el cantón del Tesino. Después de su regreso a Berna, en 1933, había frecuentado diversos centros de cura. Murió en 1940, en una clínica de Locarno-Muralto, al sur de Suiza. Seis días después de su muerte las autoridades le concedieron finalmente la nacionalidad suiza. Lily llevó sus cenizas a la casa de la Kistlerweg y las conservó en su taller, hasta su propia muerte, en 1946.

:: Color de la mirada, color del alma

“El color me posee… el color y yo somos uno. Yo soy pintura”

La pasión de Paul Klee por el color fue empírica, basada en los trabajos de especialistas como Goethe, pero también fuertemente emocional. “El color me posee… el color y yo somos uno. Yo soy pintura”, escribió en su diario durante una estancia decisiva en Túnez. “Las diferencias entre el rojo y un color que no lo contenga son muy grandes. Pero lo que me interesa no es preguntarme qué es el rojo, sino más bien qué es aquello que carece del rojo”.

“Los colores no cantan a una sola voz… pero logran una suerte de acorde a tres voces”. Estas consideraciones de Paul Klee sobre el color fueron extraídas de la transcripción de un curso que impartió el artista suizo en los años 1921 y 1922 en la Bauhaus de Weimar. De padre y madre músicos, él mismo violinista de alto nivel y casado con una pianista, no es sorprendente pues que Klee haya hablado de polifonía o de acordes y partituras de colores en sus escritos teóricos y en las cátedras que impartía a sus alumnos.

:: El descubrimiento del color

Al inicio de su carrera como artista, Klee pintó mucho e hizo un uso más bien discreto del color. Sus acuarelas demuestran que estaba más interesado en el valor de un tono que en la resonancia psicológica del color. “Hasta el momento en el que descubrió el color, Paul Klee se inclinaba más bien por el estudio de las tonalidades, especialmente de la gama de los rojos, cafés y verdes suaves”, explica el historiador de arte Michael Baumgartner.

Pero a partir de 1913-1914, su paleta comienza a acentuarse. “Los colores primarios, el rojo, amarillo y azul, tomaron importancia, tanto como los contrastes que logran los colores complementarios”. Su mirada se abre a un mundo nuevo, menos gris.

:: La intensa luz del Sur

En materia de color, Klee recibió una gran influencia de Robert Delaunay, de quien tradujo en 1913 un artículo titulado: “La luz”. El año siguiente, realizó un viaje a Túnez que le permitió descubrir la intensidad emocional de los colores. Esta experiencia directa de la sensualidad de la luz y del Sur fue decisiva en su obra. Hasta esta etapa de su carrera, Paul Klee había creado numerosos diseños y grabados, pero había pintado poco, algunas acuarelas esencialmente. Después de su viaje, fue como si las ideas de Delaunay, sobre las cuales había meditado mucho, regresaran para tomar forma y adquirir un lenguaje pictórico propio.

:: El arcoiris, la forma más abstracta

Delaunay había inspirado en Klee la idea de trabajar directamente sobre el espectro de los colores. Klee describió el fenómeno del arcoiris de esta forma: “Es la cima de todas las cosas coloridas y la abstracción de todas las aplicaciones, elaboraciones y combinación de colores”. Cabe señalar que este descubrimiento del color estuvo acompañado de un gran dominio del óleo. Las composiciones de Klee se tornaron más abstractas, dinámicas y poseedoras de un gesto de mayor libertad. Por otra parte, los títulos que dio el artista a sus cuadros hacían cada vez más referencia a vivencias personales.

Valores como la dinámica y el movimiento, y la relación entre energía individual y cósmica, comenzaron a manifestarse. Algunos años después, a partir de estas consideraciones, Klee elaboró su concepto de romanticismo, que defendía una libertad de expresión opuesta al clasicismo.

:: El artista y el científico

Puede afirmarse que en aquello que concierne a la investigación sobre el color, la aportación de Klee al arte moderno fue doble: en un plano artístico y otro científico. “Interpretó a su manera la teoría de la luz y del color de Robert Delaunay, e hizo su propia poesía pictórica. Y al mismo tiempo, realizó experiencias empíricas para ampliar la gama de interacción entre los colores, por ejemplo, los contrastes complementarios o los contrastes entre colores cálidos y fríos”, explica Michael Baumgartner.

En suma, Klee, el artista, hizo un trabajo intuitivo y emocional sobre el color, pero su bagaje metodológico le ayudó también a conducir una búsqueda teórica revolucionaria.


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