TEMBLOR EN LA FRONTERA
MIGUEL DELIBES
Murió la costumbre del amor
Peatóm | 13·03·2010 | 06:00

Literatura. El mundo de las letras españolas llora la muerte de uno de sus grandes patriarcas. Multitud de autores expresaron su pesar ante la muerte de Miguel Delibes, el “heredero directo de Baroja y de Galdós”, tal y como lo definió el escritor y académico de la RAE, José María Merino. Merino afirmó que seguramente será “uno de los grandes escritores del siglo XX” y subrayó su “perspectiva realista pero riquísima en cuanto a lo que es descripción de personajes y de sentimientos” y agregó que no tuvo “ningún reparo en localizar su obra en el mundo rural que él conoció o en la pequeña capital de provincias en la que él vivió”.

Miguel Delibes aporta una “súbita cualidad de bien” al gran conflicto que “el hombre tiene contra el hombre”

El Premio Nacional de Poesía Juan Carlos Mestre aseguró que los hombres estarán “eternamente agradecidos” a Miguel Delibes por aportar una “súbita cualidad de bien” al gran conflicto que “el hombre hace contra el hombre”. Mestre afirmó además que con Delibes se muere “la costumbre del amor”; del amor a la naturaleza, a la tierra y a las personas humildes.
Del mismo modo, explicó que en su literatura se da un vínculo “ejemplar” entre la conducta ética y el proyecto espiritual de la literatura como manera de estar en el mundo. Finalmente, se refirió a su creación literaria como reflejo de la salvación, la esperanza, la misericordia y la “utopía” de un mejor porvenir, aspectos en los que Delibes fue “ejemplar”, tanto desde el punto de vista civil como desde el plano literario.

El dramaturgo José Luis Alonso de Santos, recientemente galardonado con el Premio Castilla y León de las Letras 2010, aseguró que con la muerte de Miguel Delibes desaparece “el patriarca de las letras castellanas” y un “entrañable vecino” de Valladolid. Alonso de Santos explicó que compartía con Delibes muchas formas de ver la lengua y la vida y coincidía con él en apreciar “el sentir de las personas y las cosas pequeñas”. “Ha sido siempre uno de mis guías”, aseveró.

El escritor leonés Andrés Trapiello destacó que la España en la que vivió Delibes se ha acabado, aunque aseguró que “no perecerá” gracias a su obra. Trapiello, firmó además que Delibes fue el primer escritor vivo por el que empezó a leer literatura, además de Azorín, aunque éste último le resultaba más lejano en el tiempo. No obstante, señaló que resulta “muy difícil” hablar de un amigo y de una persona “tan querida” para él en un día “tan triste”.

:: Delibes es una narrador de historias

“Yo no he sido tanto yo como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues, en buena parte mi biografía”

“Para mí —dijo el escritor al serle concedido el Premio de las Letras Españolas en 1991— una novela es una historia encaminada a explorar las contradicciones que anidan en el corazón humano y, por tanto, requiere, al menos, un hombre, un paisaje y una pasión“.

El paisaje lo constituyen en las novelas delibeanas el campo castellano o la ciudad provinciana; la pasión es el desencadenante de todos y cada uno de los relatos de Delibes, en los que la marginación y la muerte juegan bazas fundamentales; y el hombre son todos y cada uno de los personajes salidos de su pluma. Porque si por algo se distingue la narrativa delibeana es por estar poblada por una galería de personajes de ficción únicos en la literatura española del siglo XX.

“Yo doy a los personajes —escribe en “Un año de mi vida”— un lugar preponderante entre todos los elementos que se conjugan en una novela. Unos personajes que vivan de verdad y que relegan, hasta diluir su importancia, la arquitectura novelesca, y que hacen del estilo un vehículo expositivo cuya existencia apenas se percibe y son suficientes para hacer verosímil el más absurdo de los argumentos”.

Y la característica principal de los personajes delibeanos es que son seres marginados, acosados por la sociedad o por el entorno, “perdedores”, como le gusta definirlos al propio novelista. “Yo he tomado en mi literatura —son de nuevo palabras textuales— una deliberada postura por el débil. En todos mis libros hay un acoso del individuo por parte de la sociedad y siempre vence ésta. Y esto en cualquiera de mis protagonistas, por dispares que sean, desde el burgués Cecilio Rubes de “Mi idolatrado hijo Sisí“, hasta el Nini de “Las ratas“, que para sobrevivir tiene que cazar y comer estos animales. A pesar de la distancia social o de clase que evidentemente existe entre ambos personajes, en definitiva nos encontramos con dos seres frustrados y acosados por un entorno social implacable”.

Las mismas o parecidas palabras podría pronunciar Delibes refiriéndose al protagonista de “La sombra del ciprés es alargada“; o a Sebastián de “Aún es de día“; o a don Eloy de “La hoja roja“; o a Mario y Menchu de “Cinco horas con Mario“; o a Pacífico Pérez de “Las guerras de nuestros antepasados“; o al viejo don Cayo de “El disputado voto del señor Cayo“; o al Azarías de “Los santos inocentes“; o a Gervasio García de la Lastra de “Madera de héroe“; o a Cipriano Salcedo, protagonista de “El hereje“, la última novela del escritor.

“Dudo mucho —concluye Delibes— que en mis libros haya un solo héroe; todos son antihéroes, pero, al propio tiempo, todos están envueltos en una cálida mirada de comprensión. He procurado dotarlos de humanidad y de ternura. Una ternura que no siempre está a flor de piel, porque muchos de mis personajes son primarios y bruscos, pero que se adivina en cuanto se les conoce a fondo”.

Miguel Delibes, pues, creador de personajes. Personajes que fueron naciendo de su pluma al hilo y compás de su propia biografía y que, según palabras del escritor al recibir el Premio Cervantes en abril de 1994, han configurado aquélla tanto o más que sus propias vivencias: “Yo no he sido tanto yo como los personajes que representé en este carnaval literario. Ellos son, pues, en buena parte mi biografía”.

:: Biografía

Nace Miguel Delibes en Valladolid, capital de la comunidad autónoma de Castilla y León, el 17 de octubre de 1920. El apellido Delibes proviene, no obstante, de Toulouse (Francia), ya que su abuelo paterno, Frédéric Delibes Roux -emparentado lejanamente con el compositor Léo Delibes- se asienta en España en 1860, adonde emigra para participar en la construcción de una línea de ferrocarril en la provincia de Santander. En uno de sus pueblos, Molledo-Portolín -escenario luego de una de las primeras novelas delibeanas, “El camino”-, se casa con Saturnina Cortés, y con los años traslada el matrimonio su residencia a Valladolid.

Miguel Delibes es el tercero de los ocho hijos del matrimonio Adolfo Delibes, profesor y director de la Escuela de Comercio de Valladolid, y de María Setién, burgalesa de origen.

El niño Miguel estudia en el colegio de La Salle y, en 1938, con 17 años, y antes de que le movilicen como soldado en la guerra civil que asola España desde 1936, decide enrolarse como voluntario en la Marina. “Casi con seguridad iban a destinarme a Infantería y me horrorizaba la idea del cuerpo a cuerpo, la guerra en el mar era más despersonalizada, el blanco era un barco, un avión, nunca un hombre. Yo lo veía como un mal menor”.

Delibes, sin embargo, queda profundamente marcado por el conflicto bélico. “Si fuera posible -ha escrito- hacer un estudio médico de las personas que participamos en aquella terrible guerra, resultaría que los mutilados síquicos somos bastantes más que los mutilados físicos que airean sus muñones”.

Novelista casi por azar. Regresa a Valladolid recién terminada la guerra y estudia Comercio y Derecho. Sin embargo, ninguna de estas carreras le complace. Y sólo el azar quiere -él mismo lo ha reconocido así- que desemboque en el mundo del periodismo y de la literatura. Un azar que comienza cuando, al estudiar el Manual de Derecho Mercantil de Joaquín Garrigues, descubre la belleza del lenguaje y la eficacia de la metáfora y el adjetivo oportunamente empleado. Como también le gusta el dibujo -su padre le ha matriculado en la Escuela de Artes y Oficios-, Miguel Delibes ingresa como caricaturista, en 1941, en “El Norte de Castilla”, el periódico de su ciudad, y pasa luego a ser redactor.

Ya es por entonces novio de Ángeles de Castro y ésta -que luego será su esposa- le anima a leer y a satisfacer el espontáneo deseo de ponerse a escribir. De esta manera, casi por puro azar y con una formación eminentemente autodidacta en lo que a lo literario se refiere, escribre su primera novela, “La sombra del ciprés es alargada”, que consigue el prestigioso premio Nadal, en la noche de Reyes de 1948.

Es el espaldarazo. Dos años antes se había casado con Ángeles de Castro y había conseguido la cátedra de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de su ciudad. A partir de ahora compaginará la enseñanza, el periodismo y la literatura.

Del periodismo a la novela. Miguel Delibes es nombrado subdirector de “El Norte de Castilla” en 1952 y director en 1958. Emprende una serie de campañas en favor del medio rural castellano y ello le lleva a enfrentarse con el régimen y la censura reinantes, viéndose obligado a dimitir de su cargo en 1963. Pero no ceja por eso en su denuncia de la postración de Castilla y, cuando no puede hacerlo desde el periódico, lo hace desde la narrativa. Nace así su novela “Las ratas” (1962), verdadera epopeya novelada de la tragedia del campo castellano.

Pero ya antes había publicado varios títulos más, en especial “El camino” (1950), su tercera novela y arranque y confirmación de lo que habrá de ser su auténtico estilo narrativo.

Junto a títulos señeros como “La hoja roja” (1959), “Cinco horas con Mario” (1966), “Parábola del náufrago” (1968) -su novela más experimental-, o “Las guerras de nuestros antepasados” (1975), Delibes publica también sus primeros libros de caza y crónicas de viajes, principalmente “USA y yo” (1966), consecuencia de su estancia de seis meses en Estados Unidos, como Profesor visitante de la universidad de Maryland.

Académico de la lengua. En 1973, con más de veinte libros publicados y varios premios en su haber, Miguel Delibes es elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, ocupando el sillón e minúscula. La toma de posesión tiene lugar el 25 de mayo de 1975, y su discurso versa sobre “El sentido del progreso desde mi obra”.

Sólo unos meses antes, en noviembre de 1974, había muerto su esposa Ángeles, a la que el novelista había calificado como su “equilibrio” y la “mejor mitad de mí mismo”. En una novela que Delibes publicará diecisiete años más tarde, “Señora de rojo sobre fondo gris” (1991), evocará la singular figura de esta mujer.

La muerte de su esposa deja sumido al escritor en una profunda depresión, de la que comienza a salir tres años más tarde con la publicación de su novela “El disputado voto del señor Cayo” (1978). Siguen nuevas novelas, nuevos libros de caza, alguna nueva crónica viajera y varios de sus relatos -doce en total- son llevados al cine o al teatro. “Los santos inocentes” en la pantalla y “Cinco horas con Mario” en los escenarios son los logros más notables en sendos géneros.

Premio Cervantes. Llegan también para Miguel Delibes los reconocimientos y los premios: el Príncipe de Asturias, en 1982; el premio de las Letras de Castilla y León, en 1984; el de las Letras Españolas, en 1991; y dos años más tarde, en 1993, el premio Cervantes, el más prestigioso galardón para escritores de habla hispana. Su discurso de aceptación del premio ha sido considerado como uno de los más bellos y profundos de cuantos se hayan pronunciado en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. Y aun cuando en él parece dar a entender Miguel Delibes que da por clausurada su creación literaria, cinco años más tarde, en 1998, publica la que puede considerarse su novela más ambiciosa e incluso su obra cumbre: “El hereje”, un alegato en favor de la libertad de conciencia. La novela se desarrolla en el Valladolid del siglo XVI, y “a Valladolid, mi ciudad” dedica Delibes el libro. Ciudad donde nació y donde ha vivido siempre porque, como él mismo ha repetido, “soy como un árbol, que crece donde lo plantan”.


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