
Con una Leika de 35 mm. —la misma herramienta que usaron Man Ray, Robert Capa o Henry Cartier-Bresson, entre otros grandes artistas— y una Rolleiflex, el fotógrafo amateur Bernardo Alonso Villarejo (Bembibre, 1906-1998) consiguió desarrollar en una etapa de su vida, calladamente, un trabajo fotográfico capaz de cautivar la mirada años después de haber fallecido. Maestro del claroscuro, Villarejo acaba de ser incluido por méritos propios en la historia de la fotografía española, a la altura de los más grandes del oficio, gracias a la labor de rescate de su obra realizada por Amando Casado, fotógrafo a su vez y cofundador de la prestigiosa agencia Imagen Mas, con sede en Astorga.
Amando Casado recuerda que descubrió a Bernardo Alonso Villarejo por casualidad, hace unos años, una vez que tuvo que acercarse al Museo de Bembibre para hacer unas fotografías. Allí, en las paredes del museo, se tropezó con una grata sorpresa: una serie de imágenes de temática etnográfica cuya contemplación le produjo un gran impacto, “no tanto por su temática, ni por la calidad de las copias, sino por cómo estaba utilizando el lenguaje fotográfico”.
Así que Amando pidió a la encargada del museo que le permitiera reproducirlas para estudiarlas en casa, con calma, pues había algo en aquellas fotografías que le inquietaba sobremanera.
Y es que el objeto de aquellas fotos no era la realidad, “sino la expresión de las emociones que esta realidad le producía al fotógrafo”
“Después pude comprobar que más allá de lo etnográfico, que podría despistar en un primer momento, o de su técnica depurada, había una serie de peculiaridades que denotaban una mirada creativa, nada habitual, muy cultivada y sutil, tanto desde el punto de vista formal como desde lo poético”, cuenta Amando Casado en el libro sobre Alonso Villarejo que acaba de editar el Instituto Leonés de Cultura. Y es que, según pudo observar, el objeto de aquellas fotos no era la realidad, “sino la expresión de las emociones que esta realidad le producía al fotógrafo”.
Pero lo mejor estaba por llegar, puesto que cuatro o cinco años después, Amando Casado, también por azar vinculado a su trabajo, estando en el Centro de Turismo Rural Chousa Verde, en Vegacervera, volvió a encontrarse con una serie de inquietantes fotos originales firmadas por Villarejo colgadas en la pared. La curiosidad le pudo, y preguntó a los dueños del establecimiento por su procedencia.
Y cual no sería su sorpresa cuando los dueños del centro turístico le respondieron que las fotos eran de su tío Bernardo, ya fallecido. Inmediatamente, Amando Casaso quiso saber si aún conservaban los negativos, y para su sorpresa le confirmaron que sí. Entonces fue cuando les propuso que le dejasen verlos con calma, para hacer una valoración.

“Algunas de sus fotos, especialmente las de carácter etnográfico, ya eran conocidas, pero todo hacía suponer, dada la personalidad reservada e introvertida de Bernardo Alonso Villarejo, que había muchos originales inéditos y que posiblemente ya no tendrían un carácter tan etnográfico, sino más creativo”, recuerda Casado, que se puso a revisar todo el archivo, gracias a las facilidades que le dieron la viuda de Bernardo, Elisa, y sus sobrinos Elisa, Juan, Paco y María Elena.
Con enorme sorpresa y curiosidad, Amando Casado fue descubriendo, así, que entre los negativos había obra que ni siquiera había sido positivada. Aquello era todo un descubrimiento, ya que una gran parte de la obra fotográfica de Bernardo Alonso Villarejo, “tal vez la más interesante, era aún desconocida y de una calidad creativa excepcional”.
Con enorme sorpresa y curiosidad, Amando Casado fue descubriendo, así, que entre los negativos había obra que ni siquiera había sido positivada
“La sensación de abrir por vez primera y ver el contenido de cada nueva carpetilla de negativos fue para mí una experiencia sublime, un desbordamiento emocional ante lo contemplado, que va más allá de lo limitado de lo bello y la forma”, relata Casado. “Creo que este desbordamiento emocional lo experimentaba y lo transmitía de forma magistral en su obra Bernardo”.
Examinar aquel material, aquel legado fotográfico cuyo grueso fue realizado entre los años 1952 y 1959, se convirtió para Amando Casado en ir de sorpresa en sorpresa, por la calidad de aquellas imágenes. “Tenía dominio de la composición, consecuencia posiblemente de su conocimiento de los clásicos, las visitas que hizo a los grandes museos europeos, pero a la vez nos encontramos composiciones muy atrevidas para su tiempo”.

Alonso Villarejo experimentó “con las luces y las sombras en los límites”, pero también realizó todo tipo de ensayos con maquetas, pájaros disecados, figuritas… y resulta especialmente interesante, a juicio de Casado, “su utilización del fuera de campo, para llevarnos más allá del encuadre, a un mundo sugerido impregnado por su amplio mundo cultural”.
“No vivía de la fotografía, sino que era amateur, entendido esto también como el que ama, y él amaba este medio, sobre todo como lenguaje de expresión”
Según destaca Amando Casado, Villarejo “no vivía de la fotografía, sino que era amateur, entendido esto también como el que ama, y él amaba este medio, sobre todo como lenguaje de expresión, no tanto de enseñarnos el mundo sino de como él lo sentía, vivía y trasmitía desde una personalidad sensible”.
“Poetiza en sus imágenes y por tanto revela un mundo lleno de contradicciones, próximo y lejano a la vez. Con sus fotografías rompe de alguna manera su introversión y nos permite adentrarnos en el mundo de un personaje austero en lo aparente y sofisticado en lo intelectual y creativo”, añade.

Una vez examinado el material, Casado consultó con algunos de los especialistas más prestigiosos en fotografía y arte, y a través de sus valoraciones comprobó que, efectivamente, aquella obra, en conjunto, merecía ser puesta en valor por su calidad. Y no sólo eso, sino que los especialistas se mostraron convencidos de que Bernardo Alonso Villarejo también merecía estar a partir de ahora incluido en la historia de la fotografía española.
“Él expresó tan solo aquello que, independientemente del estilo y del adorno, le retrataba a él, nada más que a él; algo que, por tanto, habría de permanecer inaccesible a cualquiera que tratase de alcanzarlo mediante la mera imitación del estilo”
Indagó también en la biografía personal de Villarejo, “con el único fin de entender mejor su obra y situarla en la época que le tocó vivir”, y descubrió “un personaje de una dimensión humana, si cabe, tan interesante como su propia obra fotográfica”.
Como conclusión, Casado cita, aplicándolas a Villarejo, las palabras que el músico Arnol Schomberg dedicó a Mahler: “Él expresó tan solo aquello que, independientemente del estilo y del adorno, le retrataba a él, nada más que a él; algo que, por tanto, habría de permanecer inaccesible a cualquiera que tratase de alcanzarlo mediante la mera imitación del estilo”.

Uno de los últimos románticos del siglo XX
Bernardo Alonso Villarejo nació en la localidad leonesa de Bembibre en 1906, en una familia de industriales. Quiso estudiar ingeniería naval en La Coruña, aunque finalmente no pudo realizar sus deseos a causa de la temprana muerte de su padre.
Desde su juventud frecuentó París, y realizó múltiples viajes por España y Europa. Fue una persona estudiosa y autodidacta, que mantuvo siempre curiosidad por muy diversos temas: cine, idiomas, filosofía, literatura, medicina, poesía, historia, arte… En este último campo, por ejemplo, admiraba al gran pintor de su pueblo, Amable Arias.
Sus viajes por Europa le impregnaron de una visión moderna, muy distinta a la que imperaba en la España franquista
Sus viajes por Europa le impregnaron de una visión moderna, muy distinta a la que imperaba en la España franquista. A los 25 años se casó con Elisa Rodríguez y con ella compartió toda su vida (no tuvieron hijos), su existencia como persona adelantada a su tiempo.
En Bembibre se hizo cargo de los Almacenes Villarejo y de otra tienda abierta en Ponferrada, negocios familiares fundados en 1896 por la familia de su madre, Victorina Villarejo. La bonanza económica de la minería berciana facilitó la prosperidad de estos negocios.
Desde su posición acomodada, no obstante, Villarejo fue “generoso con su pueblo, discreto en su actuar, sensible ante el sufrimiento de los demás, preocupado por lo social y lo cultural, especialmente en su pueblo, Bembibre”, afirma Casado.
El escritor y etnógrafo Joaquín Alonso le describe como “un hombre independiente, metódico, disciplinado, hipocondríaco, solitario y algo taciturno, pero también exquisitamente educado, comedido, culto y convencido de sus ideas”, así como un ávido lector.
Filántropo y mecenas, entendía la cultura como uno de los pilares de la vida. En su pueblo financió proyectos, actividades culturales, escolares y deportivas, construyó casas para trabajadores y aportó dinero para que se hiciese una Residencia de la Tercera Edad, entre otras muchas cosas, sin ningún deseo de notoriedad, discretamente.
“Desde su posición acomodada, Villarejo fue generoso con su pueblo, discreto en su actuar, sensible ante el sufrimiento de los demás, preocupado por lo social y lo cultural, especialmente en su pueblo, Bembibre”
“Fue un prócer sumido en la humildad que anteponía el bien público como principio social y de convivencia”, afirma Joaquín Alonso.
Pero además de la fotografía, otra de sus grandes pasiones fue la poesía. Sin embargo, como poeta, Villarejo sigue siendo inédito, aunque Amando Casado ha empezado también a recopilar sus poemas y textos sueltos.
Se empezó a entusiasmar por la fotografía antes de los años 50, y desde entonces viajó siempre con su cámara. Su archivo fotográfico, prácticamente inédito hasta hace muy poco, consta de unos 3.000 negativos. “Paisajes, marinas, retratos familiares (especialmente de su madre, por la que sintió verdadera devoción), bodegones, nocturnos, escenas infantiles o con valor etnográfico componían la variedad de sus temas preferidos”, apunta Alonso.
“Paisajes, marinas, retratos familiares (especialmente de su madre, por la que sintió verdadera devoción), bodegones, nocturnos, escenas infantiles o con valor etnográfico componen la variedad de sus temas preferidos”
Así fue surgiendo y acumulando, según el escritor, “un legado en blanco y negro que ha puesto de manifiesto su evidente capacidad artística. Ninguna foto era producto del azar, sino una reflexiva meditación —casi concepción filosófica y poética—, salvaguardada por los encuadres, las perspectivas y la expresividad que personalizó su obra y reflejó la manera de recrear su mundo individual, acaso la soledad”.
“Con él murió uno de los últimos románticos del siglo XX, un mesurado fotógrafo que fue un magnífico intérprete de la realidad y de la metáfora a través de la imagen fotografiada”, advierte Joaquín Alonso.

:: Memoria gráfica de León
Loty, Cordeiro y Alonso Villarejo en una colección del ILC
El Instituto Leonés de Cultura acaba de editar un libro, En los límites de las sombras, que recoge una amplia selección de las fotografías de Alonso Villarejo rescatadas del olvido por Amando Casado Martínez, quien ha comisariado también la exposición sobre este redescubierto artista del blanco y negro que hace unos meses se pudo contemplar en la Sala Provincia.
El Instituto Leonés de Cultura acaba de editar un libro, En los límites de las sombras, que recoge una amplia selección de las fotografías de Alonso Villarejo rescatadas del olvido por Amando Casado Martínez, así como un documental sobre su vida y su obra realizado por el artista astorgano Jesús Palmero
El libro, que aún no se ha puesto a la venta, incluye un documental, en formato CD, del artista astorgano Jesús Palmero, y estudios y textos críticos de Jesús de Celis, Luis García Martínez, Amando Casado, José Gómez Isla, Alejandro Castellote, Javier Panera, Javier Hernando Carrasco y Joaquín Alonso, así como una bibliografía sobre Bernardo Alonso Villarejo recogida por Jovino Andina Yanes.
Se trata del tercer volumen de la colección Memoria Gráfica de León, un proyecto de recuperación y publicación de archivos fotográficos relativos a la provincia de León y a sus fotógrafos más destacados.
Hasta el momento, el ILC ha publicado, además de éste, un volumen dedicado al fotógrafo de origen francés Loty, con la colección de imágenes que realizó de León, Astorga, Ponferrada y Sahagún a principios del siglo XX, y que aparecieron de forma casual en el desván una casa antigua.
El segundo volumen está dedicado a uno de los primeros fotógrafos leoneses, José María Cordeiro, portugués afincado en León cuya faceta más destacada fue la de retratista.
Recorrido histórico por todas las épocas y la exposición de armas, ropas y otros objetos que se muestran en las salas del Alcázar de Toledo. El Museo se articula en torno a siete salas cronológicas y trece temáticas
La compañía Vaseline pretende anima a los habitantes de la India a que blanqueen su piel en la vida real pero también en el ciberespacio
Los sonidos están emparentados con el ritmo del 'khoomei', un estilo de canto propio de la región de Tuva, para lo cual Yamakawa debe controlar al máximo su respiración
"Mi obra no es una protesta pacifista: Lo veo más como un intento de abordar nuestra ambivalencia a la hora de ver la guerra. La despreciamos, pero de alguna manera extraña nos sentimos atraídos hacia estas máquinas"
Un asombroso taller renacentista en Madrid realiza copias perfectas de obras de arte mediante alta tecnología. Por otro lado, en el Metropolitan de Nueva York una pintura de autor desconocido ha resultado ser un velázquez
Modelos para armar, Pensar Latinoamérica desde la Colección MUSAC se inspira en 62/ Modelo para armar, la novela que Julio Cortázar publicó en 1968, uno de los proyectos más originales y ambiciosos de la literatura en lengua castellana
Teller ha desempeñado un papel fundamental en la redefinición visual de la fotografía de moda, aportando una perspectiva más realista e íntima de dicho mundo
Este lienzo, pintado en el verano de 1900 en Valencia, fue una comisión de un importante coleccionista español
"La anticipación en la adquisición de los dólares necesarios para pagar obras de arte, no sólo mediante opciones sobre divisas sino también de las adquisiciones en efectivo, ha generado a la Tenedora una pérdidas de, aproximadamente, 7 millones de euros"
Paradójicamente, el galerista nunca llamó a ese espacio por su nombre, prefería hacerlo de una forma más natural; que los artistas se sintieran 'En casa de Konrad Fischer'




















