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La infanta doña Sancha —hija de Alfonso V— y Fernando, conde de Castilla —hijo de Sancho el Mayor de Navarra—, en 1037 se convierten en reyes de León y Castilla y emplazan la corte en la ciudad de León. Al igual que en los demás estados cristianos, los monarcas dotaron a la capital de una iglesia palatina con un cementerio donde reposaran sus restos y los de sus antecesores, los reyes leoneses, que hasta entonces habían sido enterrados en Palat del Rey. Durante el reinado de Alfonso V se había construido un humilde templo de tapiales, que es derribado para erigir uno nuevo en piedra, introduciendo las directrices románicas. En su afán de ennoblecer el nuevo complejo palatino le procuraron un valioso tesoro, así como numerosas reliquias, entre las que destacan las de San Vicente de Ávila, Santa Sabina y Cristeta, así como los restos de San Isidoro de Sevilla, arzobispo hispalense en el siglo VI. Adosado a los pies del templo dispuesto por Fernando I y doña Sancha, se abre el Panteón de los Reyes El 21 de diciembre de 1063, la nueva obra se consagra bajo la advocación de San Isidoro. En el muro occidental, adosado a los pies de la iglesia dispuesta por Fernando I y doña Sancha, se abre el Panteón de los Reyes, conocido también como capilla de Santa Catalina. Dos macizas columnas centrales, sobre las que se apoyan siete arcos de medio punto, dividen el espacio en tres tramos. En los capiteles que rematan las columnas aparecen representaciones fito-zoomórficas —tallos y palmetas entrelazados entre los que asoman pequeñas cabezas de lobo—, escenas de caza, fieras vomitando serpientes —alusión islámica a los herejes— o el sacrificio de Isaac. Temas basados en fuentes bíblicas, heredados del mundo antiguo, de la tradición oriental o de textos tan difundidos como los bestiarios. Los capiteles que flanquean el arco central del muro oriental destacan por ser una de las primeras representaciones románicas que reproducen escenas evangélicas: la resurrección de Lázaro —Cristo acompañado por Marta y María, dos discípulos y Lázaro saliendo del sepulcro— y la curación del leproso —Cristo apoya la mano derecha sobre la cabeza del leproso arrodillado y dos apóstoles, el primero, identificado como San Pedro, portando una gran llave. |
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De excepcional fábrica son también los cimacios ornados con hojas, palmetas, samientos y tallos. El Panteón de los Reyes conserva una de las obras cumbre de la pintura mural románica europea, conocida como Capilla Sixtina del arte románico por su extraordinaria calidad. Se cree que la decoración de San Isidoro es la obra de un taller leonés, más conocido por libros miniados que por la pintura mural. En lo que respecta a la cronología los frescos se pintan en el siglo XII, pero no hay acuerdo entre los expertos. Algunos entendidos defienden que estas pinturas datan del último tercio del siglo XII, mientras que otros las fechan más tempranamente. La versión más extendida actualmente es que se ejecutan antes de 1149, cuando se concluye la tercera fase arquitectónica y se consagra la nueva iglesia. El Panteón de los Reyes conserva una de las obras cumbre de la pintura mural románica europea, conocida como Capilla Sixtina del arte románico por su extraordinaria calidad La buena conservación de algunos frescos, la claridad de los colores, el dibujo preciso y la suavidad de las entonaciones le confiere un aire que se aleja de las ‘Maiestas’ de otros ciclos. Su belleza reside en la accesibilidad de la lectura icónica y su riqueza cromática, convirtiéndose en una auténtica narración visual del nacimiento y muerte de Cristo, con una lectura de carácter salvífico. :: El programa iconográficoSan Isidoro es relevante por el gran valor artístico de sus frescos, pero además es testigo de la pintura que se realizaba paralelamente a la escultura de peregrinación en un rico edificio, monárquico y urbano. Aunque en 1080 —durante el reinado de Alfonso VI—, en el concilio celebrado en Burgos se suprime la liturgia hispana, el pueblo leonés no acepta totalmente el cambio de rito. Se prolonga el uso de los antiguos libros litúrgicos y se continúan escribiendo códices y documentos en letra visigoda, también suprimida en el concilio castellano. El conjunto pictórico evoca las escenas calendario litúrgico mozárabe; la infancia, la Pasión y la Resurrección de Cristo La decoración evoca las escenas del calendario litúrgico mozárabe; la infancia, la Pasión y la Resurrección de Cristo. Lo novedoso de los temas es la agrupación de los mismos, ya que siguen el orden litúrgico de la confractio panis o rito de la fracción del pan eucarístico de la Misa visigótico-mozárabe. Otros episodios y personajes —relacionados con la lucha contra el mal, la muerte y la resurrección— completan la explicación mural de los misterios. El programa comienza en el muro meridional y va recorriendo muros y bóvedas de este a oeste, hasta terminar sobre la puerta. |
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Ciclo de Navidad La confractio panis de la misa mozárabe incluye cuatro misterios natales: Encarnación, Natividad, Circuncisión y Epifanía. El autor de las pinturas los desarrolla al menos en nueve escenas. La Encarnación se desarrolla en dos escenas: la Anunciación —”Y entrando, le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. (Lucas 1, 28)— y la Visitación. La Natividad se explica en los pasajes de la Natividad y el Anuncio a los pastores. La Natividad figura en el muro cabecero que cierra la nave sur. Antes de 1149 se abre una puerta comunicando este espacio con la iglesia, mutilando la parte baja de esta pintura. El Anuncio a los pastores es la primera representación completa de este tema en el arte español. “El ángel les dijo: No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor”. (Lucas 2, 10-11). Esta escena se manifiesta con mayor libertad expresiva. El autor se recrea en la descripción de los elementos naturalistas y se interesa por el paisaje. Los pastores van vestidos a la usanza leonesa, y la flora y la fauna se reconoce autóctona. La confractio panis de la misa mozárabe incluye cuatro misterios natales que el autor de las pinturas los desarrolla al menos en nueve escenas La Circuncisión y la Epifanía están formados por los episodios de la Circuncisión, la Adoración de los reyes, la Huida a Egipto y la Matanza de los inocentes, así como restos de otras pinturas muy deterioradas. Este muro estuvo totalmente decorado, pero se han perdido varios fragmentos. En el arco ciego bajo la Anunciación quedan rastros de los reyes magos. Del tema la Circuncisión sólo aparecen cuatro figuras borrosas y los restos de un gran edificio. Encima de este pasaje se identifica la Huida a Egipto. “Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle”. (Mateo 2,20). Debajo y a la izquierda, se puede interpretar la Adoración de los reyes. A continuación, otra escena más borrosa muestra un gran edificio con figuras humanas, que puede ser la Presentación en el templo. El ciclo concluye con la degollación de los inocentes, tema de gran expresividad y realismo. La escena aparece enmarcada por esquemáticos arcos y en el centro el rey Herodes, entronizado, presencia la matanza de los hijos varones del reino a manos de los soldados. Ciclo de la Pasión La Pasión está compuesta por escenas de la Última Cena, el Calvario y la Crucifixión. En la bóveda occidental de la nave del centro se representa la Última Cena en un ambiente palaciego a la usanza clásica. “Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed, éste es mi cuerpo”. Mateo (23,26). En una de las enjutas aparece el Gallo de la Pasión. La última bóveda de la nave norte se dibuja la escena del Prendimiento. A continuación, la negación de Pedro, el lavatorio de Pilatos, el llanto de Pedro y el Calvario que aparece en la cabecera de la primera bóveda de la nave septentrional. “Cuando le llevaba, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús”. (Lucas 23,26). La Pasión está compuesta por escenas de la Última Cena, el Calvario y la Crucifixión La Crucifixión se expone en el muro cabecero norte. “Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz!”. (Mateo 27,40). Fernando I y doña Sancha aparecen como orantes ante el Calvario. Por la actitud de los monarcas, estos se relacionan con la figura de Alfonso II el Casto y el Libro de los Testamentos. Ciclo pascual Los tres últimos fragmentos del rito eucarístico mozárabe resumen los misterios pascuales: la Resurrección, la Gloria y el Reino. En el centro aparece la visión apocalíptica de San Juan. “Escribe en un libro lo que veas y envíalo a estas siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardes, a Filadelfia y a Laodicea. Me volví para mirar de quién era la voz que me hablaba, y al volverme vi siete candelabros de oro y en medio de los candelabros una especie de figura humana que vestía larga túnica y tenía el pecho ceñido con una banda de oro. Los cabellos de su cabeza eran blancos como la lana y como la nieve (…). Tenía a su mano derecha siete estrellas; de su boca salía una espada cortante de dos filos, y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza”. (Apoc. 1, 11-16). Se representa a Cristo, sentado y con un escabel a los pies, con nimbo crucífero, pelo “como lana blanca”, y espada de dos filos en la boca. Sobre la mano derecha, extendida, siete estrellas. Sobre la cabeza de Cristo el altar con los siete candelabros. Los últimos fragmentos del rito de la fracción del pan mozárabe resumen los misterios pascuales Por su izquierda, el ángel con el libro cerrado y a la derecha, Juan derribado en el suelo. En la pintura occidental el ángel presenta el libro abierto y Juan lo recibe de rodillas. También están representadas las siete iglesias. El artista incluye los símbolos del primer capítulo del Apocalipsis. A cada lado, en los ángulos, un pavo real, símbolo de la inmortalidad. La Glorificación se sitúa en el tímpano de la puerta primitiva, la Entronización del Cordero, inscrito en un círculo y que sostienen dos arcángeles. En el frente del arco, casi borrados, los símbolos del zodiaco. El Reino está representado por la Maiestas Domini, que es el Regnum de la Misa mozárabe. Esta grandiosa composición ocupa la primera bóveda de la nave central un imponente Pantocrátor de una gran plasticidad: Cristo en Majestad, con una mano bendiciendo y con la otra sosteniendo el libro. Rodeado por la ‘mandorla’ o almendra mística, el alfa y el omega, la bóveda celeste al fondo y flanqueado por el Tetramorfos —representación simbólica de los cuatro Evangelistas—. Cristo, a la par que Señor de todas las cosas —Pantocrátor—, es también Señor del tiempo —Cronocrátor—, como lo es del Cosmos —Cosmocrátor—. El artista lo recordó en la bóveda central, en el anuncio a los pastores y en el zodiaco. La Maiestas Domini, bendiciendo y sosteniendo el libro está enmarcado por la almendra mística y rodeado por el Tetramorfos Nuevamente nos propone el Señorío de Cristo en el calendario agrícola que figura en el intradós del arco que separa las bóvedas cabeceras central y norte, donde figuran las escenas del Viviente del Apocalipsis y de la Maiestas Domini. Allí figuran, en círculos simétricos, los campesinos leoneses y sus faenas agrícolas mes por mes. Las otras dos personas de la Trinidad acompañan al Hijo. El Padre, representado por la mano, y el Espíritu Santo, en forma de paloma. Ambos figuran en círculos sostenidos respectivamente por Henoc y Elías y por Rafael y Gabriel. |
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El calendario isidoriano La frecuente asociación entre zodiacos y calendarios de la iconografía medieval está presente también en la decoración mural de San Isidoro. La temática de la portada meridional exterior en la que se mezclaban el tímpano de los últimos años del siglo XI, alusivo al tema del Cordero místico, con un zodiaco anterior, está relacionada con los frescos del panteón. En el tímpano central del muro oriental hay una pintura que representa el Cordero Místico soportado por dos ángeles. A su alrededor el artista distribuyó los doce símbolos, excepto el de piscis, inscritos en círculos. Y en el intradós del arco que enmarca la bóveda central presidida por el Pantocrátor, aparece un mesario. La frecuente asociación entre zodiacos y calendarios de la iconografía medieval está presente también en la decoración mural de San Isidoro En el caso de la fachada del Cordero Místico no se conservan representaciones alusivas al calendario en piedra, sin embargo pudo haber existido. El conocido calendario isidoriano, en el que se representa los doce meses del año con las labores del campo, asentados sobre círculos es uno de los motivos más famosos del conjunto pictórico de San Isidoro. Genuarius o enero es el Jano bifronte dios de los comienzos y los finales, de las transiciones y los instantes en los que se cruza el umbral que divide el pasado y el futuro, que cierra el año anterior y abre el nuevo, simbolizados ambos por puertas. Februarius o febrero es un anciano que se calienta al fuego. Marcius o marzo, un agricultor poda las vides. Apriilis o abril, un personaje plantan dos árboles.
El conocido calendario isidoriano representa un mesario con las labores del campo Magius o mayo es un jinete monta a caballo para ir a la guerra. Iunius o junio representa al labrador segando cebada. Iulii o julio escenifica al labrador segando el trigo. Agustus o agosto se maja la mies con el manal, apero que actualmente se sigue usando. Setenber o septiembre reproduce la vendimia. October o octubre individuo dan bellotas a los cerdos. Novenber o noviembre, la matanza del cerdo es la protagonista de la escena. Decenber o diciembre representa un personaje sentado a la mesa junto al fuego. Técnica de la pintura mural Un edificio románico no está terminado hasta que sus muros son pintados. Primero se alisa el muro con una capa de enlucido. Cuando todavía está húmedo, se aplican los pigmentos diluidos en agua de cal. Al secarse, el conjunto adquiere gran resistencia. Los colores son intensos. Como la escultura, la pintura se adapta al marco arquitectónico pues no tiene como fin la imitación de la naturaleza sino que es un arte conceptual, expresionista y simbólico. |
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