
Los espacios deteriorados que muestra Antía Moure en su obra atrapan al espectador desde un primer momento, a partir del cual éste queda obligado a transitar paisajes de la memoria y del recuerdo, tanto como de la artista y de las imágenes que observa, como suyos propios, con una mirada que no abandona el presente.
Moure (Monforte, 1981) es una de esas artistas que no se ha quedado “por el camino”, como reconoce que le pasa a muchos de sus compañeros de promoción, sino que sobre todo gracias al “empeño, la constancia y la suerte” se está abriendo camino en el siempre difícil y exigente panorama del arte.
“Es una búsqueda de lugares. Haces un mapa. Tienes que buscar una persona, una casa. Me dirijo a ese lugar, hablo con la persona que vivió allí o con quienes conocen la historia. La gente aquí es muy proclive a contar historias”
La artista gallega que reside en Madrid en donde trabaja como gestora cultural —”de algo hay que vivir” asegura—, rechaza que su producción artística se haya convertido en una afición simplemente. “Le doy la misma prioridad, lo que pasa es que lo que me da de comer es la gestión”.
Sobre su trabajo más reconocido, la fotografía, Moure destaca su carácter “documental”, ya que ese es el resultado de la “ocupación física y mental de un espacio” tras un proceso largo en el que trabaja con la idea de “espacio y tiempo”.
Por eso trabaja fundamentalmente en Galicia, porque su tiempo, su espacio, su “experiencia vital” están profundamente ligadas a esta comunidad. “Es una búsqueda de lugares. Haces un mapa. Tienes que buscar una persona, una casa. Me dirijo a ese lugar, hablo con la persona que vivió allí o con quienes conocen la historia de la persona o de la casa y las escucho. La gente aquí es muy proclive a contar historias”.

En los espacios que muestra, “deteriorados”, “en ruinas”, no sólo las frases sobre la pared, en primer plano en su primera etapa, y más “sutiles” en la actual, llaman la atención del espectador, sino que los objetos que están en el pasado, poco a poco se apoderan del presente.
“Se trata de hablar de la memoria, desde un espacio que tiene memoria propia”
Según Moure, al largo proceso de la búsqueda del espacio se une, poco a poco, el monólogo del que ella se quiere desprender, de ahí las frases. “Se trata de hablar de la memoria, desde un espacio que tiene memoria propia”.
El motivo de la destrucción del espacio es establecer una similitud con el proceso de elaboración de los recuerdos, porque “elegir un espacio en ruinas o deteriorado es un reflejo de la mutación que sufre la memoria”, ya que cuando una persona recuerda una experiencia el grado de abstracción es muy alto.
“El recuerdo se simplifica hasta lo mínimo, y a veces lo unes a la fantasía, con lo que recuerdas a veces algo mutado, que no es real, deteriorado. Se convierte en eso, en deterioro, decadencia. En mutación de lo que pudo ser y en lo que ha llegado a convertirse”.
Esta artista lucense, cuya obra se ha podido ver en PhotoEspaña el pasado mes de junio y que actualmente comparte espacio expositivo con otros cuatro artistas bajo el título Miradas emergentes en la Fundación Caixa Galicia en Ferrol, cree que en su trabajo hay “coherencia y evolución”.

Para Moure, las constantes de su trabajo son “memoria, tiempo, ausencia y confidencia. Al final la idea va en esa línea”.
Moure cree que Galicia es un “buen semillero”, aunque echa de menos, “bisagra, infraestructura” para dar el salto de la Facultad a las galerías
Reconoce que le inspiran pensadores y artistas que han trabajado con esas claves, como “Borges, María Zambrano y Beaudelaire”, cuyas frases ha utilizado en sus últimas obras para continuar en ese diálogo con el espectador y, en particular, destaca el concepto del “hombre subterráneo” de Zambrano, que es “la capacidad del hombre de mostrar la víscera, de no crear personajes para tener que narrar su propia historia”.
Moure cree que Galicia es un “buen semillero”, aunque echa de menos, “bisagra, infraestructura” para dar el salto de la Facultad a las galerías, que es en donde está el mercado, la salida a una carrera artística con proyección.
“El apoyo es muy metafórico. No hay una plataforma real ni de proyección. Falta una planificación o proyección real para la gente que va saliendo. Falta un paso intermedio. Debe haber un empujón de las instituciones públicas y privadas porque se pierde mucha gente por el camino”, concluye.
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