
Si durante los últimos cincuenta años los satélites han permitido cambiar el paradigma en las predicciones del tiempo y de las comunicaciones, puede ocurrir lo mismo con la salud de los seres humanos. Los científicos de la Nasa y de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Alabama (UAB) están convencidos de que es posible salvar vidas con satélites espaciales. Y si han llegado a esta conclusión estos expertos en ciencias atmosféricas es debido a los distintos estudios e investigaciones que se están llevando a cabo en el laboratorio de la UAB. Allí médicos y estudiantes analizan y estudian los datos proporcionados por los satélites de la Nasa que se traducen en información de gran interés para la salud. Ambos grupos de científicos coinciden en que se puede enfocar la ciencia de los cohetes hacia la microbiología y la salud pública con el fin de producir avances en ambos campos.
El laboratorio ubicado en la UAB es el primer laboratorio en Estados Unidos dedicado a la detección a distancia que ha sido utilizado para fines médicos y de salud pública. “Este laboratorio, así como las investigaciones que apoya, ayudará tanto a nuestra generación como a las generaciones futuras”, asegura el doctor Jeff Luvall, del NSSTC (Centro Nacional de Ciencia Espacial y Tecnología).
Además de los distintas investigaciones que se realizan en este laboratorio, los estudiantes de salud pública tienen la oportunidad de recibir formación con cursos de “capacitacion cruzada” impartidos por científicos de la Nasa, como los doctores Dale Quattrochi, Douglas Rickman, Jeff Luvall, William Crooson, Mamad Al-Hamdan y Maurice Estes. Estos cursos les adentran en la utilización de las imágenes proporcionadas por satélite para estudiar como luchar contra las enfermedades que asolan a la sociedad actual.
De la malaria a las enfermedades cardiovasculares
Entre los distintos estudios respaldados por este laboratorio los relacionados con la lucha contra la malaria ya han producido investigaciones significativas. Por ejemplo, las imágenes en infrarrojo, obtenidas por satélite, permiten a los científicos localizar con mayor precisión los lugares del planeta en donde hay agua tibia estancada: uno de los ambientes más propicios para la reproducción de los mosquitos. De este modo se pueden tratar las áreas afectadas y detener la propagación de la enfermedad.
Otra investigación sobre esta enfermedad tropical se centra en la utilización de las imágenes obtenidas por satélite para establecer correlaciones entre casos de infección con el Virus del Nilo Occidental y la proximidad a vertederos de neumáticos; lugares donde también se reproduce el mosquito que transporta el virus de la malaria.
La técnica de detección a distancia también ha sido determinante para rastrear los niveles de contaminación del aire y otros factores ambientales en lugares frecuentados por niños. Así se podrían averiguar los factores que desencadenan los ataques de asma en los menores.
En este innovador laboratorio se ha fraguado otro destacado estudio que persigue establecer vínculos entre las enfermedades del ambiente y las enfermedades cardiovasculares e incluso los derrames cerebrales.
El laboratorio ubicado en la UAB es el primer laboratorio en Estados Unidos dedicado a la detección a distancia que ha sido utilizado para fines médicos y de salud pública
El estudio denominado REGARDS, financiado por el Instituto Nacional de la Salud aborda las razones que explican las diferencias raciales y geográficas en casos de derrame cerebral. En el estudio participaron más de 30.000 personas en todo Estados Unidos a las que les hicieron encuestas con preguntas sobre salud, les tomaron la presión arterial y realizaron muestras de sangre. Además se centró en la población afroamericana ya que este grupo tiene más riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares, hipertensión y derrames cerebrales. El estudio intenta determinar de qué forma influye el medio ambiente sobre la aparición de estas enfermedades. Para ello los científicos utilizan los datos que proporcionan los satélites sobre la calidad del aire, índices de calor y humedad. “Los resultados podrían ayudar a los funcionarios de la salud para formular recomendaciones sobre la exposición ambiental y la salud”, explica el doctor Dale Quattrochi, del Centro Nacional de Tecnología y Ciencias del Espacio de la Nasa.
Mientras este proyecto se consolida en Estados Unidos, ya están en marcha otros estudios en los que por medio de las imágenes obtenidas por satélite se puedan conocer los efectos del agua en los dientes y la relación entre el plomo, el mercurio y los pesticidas con los problemas de salud que afectan a madres y bebés.
:: Malaria, más de un millón de muertes al año
La malaria es una de las enfermedades tropicales más graves del mundo y que más muertes provoca entre la población; al menos se producen 300 millones de casos agudos que causan más de un millón de muertes al año. Gran parte de estas muertes se producen en los países de más bajos recursos y los más perjudicados son los pobres. Sin embargo, más de la mitad de la población mundial está en riesgo de contraer la malaria y cada año se suman nuevos casos debido, entre otras causas, al aumento en la resistencia a las drogas e insecticidas, a los cambios climáticos o los desastres naturales.
Se calcula que más del 80 por ciento de estas muertes se producen en el África subsahariana y aunque este continente es el más afectado, se calcula que más del tercio de los casos de malaria clínica se producen en Asia y un tres por ciento en América. Los niños y las mujeres embarazadas tienen un mayor riesgo de contraer la enfermedad y de mortalidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que en todos los países en los que se encuentren casos de malaria resistente a las terapias convencionales utilicen terapias de combinación.
La enfermedad de la malaria, provocada por el parásito “Plasmodium”, se transmite por la saliva anticoagulante del mosquito “Anopheles”. Se distingue por fiebre alta, escalofríos, sudores y dolor de cabeza y puede provocar náuseas, vómitos y dolores musculares.

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