
Durante mucho tiempo se ha pensado que había algo especial en los dinosaurios que los ayudaba a tener más éxito que otros animales durante el Triásico, los primeros 30 millones de años de su historia. Pero esto no es verdad, según Steve Brusatte, de la Universidad de Columbia y del Museo Estadounidense de Historia Natural, y sus colegas. Ellos cuestionan esta idea basándose en nuevos datos de fósiles y en las matemáticas.
Tanto los dinosaurios como los crurotarsos evolucionaron y llenaron algunos de los mismos nichos ecológicos después de un masivo evento de extinción que se desencadenó al final del Pérmico (hace unos 250 millones de años). Del grupo de los crurotarsos, hoy los cocodrilos son los únicos miembros supervivientes. Pero en el Triásico los crurotarsos eran increíblemente diversos y a menudo han sido erróneamente identificados como dinosaurios en el registro fósil. Estos animales probablemente compitieron con los dinosaurios por los mismos recursos.
Ambos grupos sobrevivieron a un evento de extinción hace 228 millones de años, pero sólo algunos crurotarsos (los cocodrilos) escaparon de la aniquilación a través de un período de rápido calentamiento global al final del Triásico hace 200 millones de años. En cambio, los dinosaurios salieron mejor parados durante esa extinción: la mayoría de los tipos de dinosaurios sobrevivió. Es por este golpe de suerte que se asumió equivocadamente que los dinosaurios eran competidores más eficaces que los crurotarsos.
Tanto los dinosaurios como los crurotarsos evolucionaron y llenaron algunos de los mismos nichos ecológicos después de un masivo evento de extinción que se desencadenó al final del Pérmico
Brusatte y colegas pusieron a prueba esta suposición midiendo la evolución en ambos grupos competidores. Tomando como fundamento una base de datos de 437 características de los esqueletos de 64 especies de dinosaurios y de crurotarsos, así como un nuevo árbol filogenético de estos grupos, realizaron cálculos para estudiar el patrón evolutivo. La primera medida es la de la disparidad, o la gama conocida de diferentes formas de los cuerpos, en los dos grupos. La disparidad es un indicador fiable de estilos de vida, dietas, y hábitats diferentes de un grupo de animales.

Significativamente, Brusatte y sus colegas encontraron que los crurotarsos tuvieron el doble de la disparidad de los dinosaurios: esos animales alcanzaban una gama de formas corporales el doble de extensa que la de los primeros dinosaurios.
El equipo también midió el ritmo de la evolución en los dinosaurios y los crurotarsos para verificar si los primeros se estaban diversificando en nuevas especies a velocidades más altas, como cabía esperar si poseían habilidades especiales o superaban a sus rivales de algún otro modo. Pero la comparación mostró que los dos grupos estaban evolucionando al mismo ritmo durante sus 30 millones de años de coexistencia.
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