
Con ocho años se marchó a Madrid y sin cumplir la mayoría de edad quiso aprender inglés donde mejor se hace, en Londres. La granadina Chus Gutiérrez sabe bien lo que quiere aunque ello, a veces, no constituya el deseo general. Autora de Sublet y Alma gitana, acaba de terminar el rodaje de Retorno a Hansala, un drama centrado en las familias de los muertos en el Estrecho. Lo suyo es la marginación y la falta de integración en un mundo cada vez más supeditado al dinero.
Tu relación con el cine se inicia de forma casual; ¿cuáles fueron las influencias recibidas para dedicarte a este arte y no, por ejemplo, a la música, campo en el que desarrollaste cierta inquietud a través de las Chochonis?
En principio me gustaba escribir. Cuando acabé los estudios y buscaba algo que hacer en la vida contacté con gente que estaba estudiando Imagen y Sonido y tuve relación con un mundo que nunca me había planteado abordar. Despertado mi interés hacia este medio, en 1983 viajé a Nueva York con la intención de estudiar cine y ahí nació el proyecto de las Chochonis, por lo cual ambas iniciativas llevan travesías paralelas.
¿Qué importancia tuvo Joaquim Jordá, realizador maldito donde los haya, en tu actitud frente al cine, especialmente en lo que a temas reivindicativos se refiere?
Cuando volví de Nueva York cuatro años después no tenía ni idea de lo que era la industria cinematográfica en España y una amiga me recomendó conocer a un tipo que había estado en la escuela de Cuba. El encuentro con él fue una total empatía; nos quedamos pegados. Empezamos una amistad muy especial gracias a la cual trabajé a su lado como ayudante de dirección en El encargo del cazador. Joaquim tenía una visión del mundo muy radical, no hacía la más mínima concesión a nada ni a nadie y a causa de ello resultaba incómodo a todos los niveles.
¿Has tenido alguna vez determinado consejo a favor o en contra del mensaje que conviene proyectar según el gobierno que ocupe el poder?
Ahora mismo existe la censura económica. Se permite un tipo de productos en los que es obligatorio poseer grandes nombres o tratar géneros rentables en taquilla; es decir, si tienes a Javier Bardem como protagonista importa poco que la película esté concebida para denunciar un tema complicado. Si todo se halla envuelto bajo un aspecto comercial, la historia carece de aspectos censurables. Un ejemplo es Che, el Argentino, que dirigida por Steven Soderbergh y protagonizada por Benicio del Toro, traspasa cualquier vigilancia sobre el aspecto revolucionario del protagonista.

¿Se observan diferencias reales entre una ideología y otra a la hora de poner en fase de creación una obra?
No veo identificado el posible problema con ideologías. Conozco gente abiertamente de izquierdas, comunistas de entonces, que en estos momentos te echan abajo un proyecto políticamente acorde a sus ideas por el hecho de no resultar comercial. Estamos, simple y llanamente, ante una censura de mercado.
Centrados en tu obra, debutas con Sublet (Realquiler), un film producido nada menos que por Fernando Trueba y Emilio Martínez Lázaro… así, a las primeras de cambio...
En realidad llegué aquí y no conocía a nadie. Me encontré con Trueba de casualidad, a través de un músico de Aute, y le dije que tenía un guión, por el cual mostró interés en leer. A partir de ahí empezó la historia.
Tu idea inicial ya respondía a la exposición de las trabas halladas por alguien fuera de su habitual ecosistema, en esta ocasión la cocina del infierno. ¿Has encontrado alguna vez barreras de este tipo en los diferentes mundos en los que has vivido?
Evidentemente. Recién aterrizada en Londres me encontré como una españolita que no dominaba la lengua ni manejaba los códigos. Sin embargo, el hecho de estar en un lugar extraño te lleva a sacar toda la fortaleza interior y aspectos recónditos que creías que no estaban ahí porque no los habías necesitado.
Háblanos de Sexo oral, un proyecto en principio extraño dentro de la filmografía nacional.
Tras terminar Sublet, que fue un fracaso —ya que aquí casi todo en esto del cine es un fracaso—, pedí consejo a Fernando (Trueba) y me aconsejó montar mi propia productora porque el panorama estaba bastante mal (como siempre). Hundida en un mar de incertidumbre tras este consejo, ya que no tenía donde caerme muerta, una noche tuve un sueño en el que todo el mundo hablaba de sexo, el cual comenté a Martínez Lázaro. Fue muy divertido realizarlo y lo editamos con dos VHS, a dedo. Una experiencia realmente bonita y de la que guardo un gran recuerdo.
En Alma gitana vuelves a la falta de integración como leitmotiv, en este caso centrada en el problema de convivencia entre payos y gitanos…
En realidad fue un encargo. Tuve una serie de conflictos con los productores que casi me hacen abandonar ya que mi idea iba por un lado y la de ellos por otro. La historia era bastante simple y típica aunque su gracia residía en que los gitanos lo son de verdad; y digo esto porque cuando me incorporé a su puesta en marcha recibí la proposición de Penélope Cruz y Joaquín Cortés como intérpretes principales, para mí algo incomprensible tratándose de dar credibilidad al mundo gitano.
La comedia Insomnio respondía más a corrientes propias de nuestro cine que a reivindicaciones sociales que parecían tus principales búsquedas. ¿Por qué?
Yo no quería hacer eso. Para mí es algo personal. Habla de la maternidad y de cómo esa faceta transforma a una mujer; también de los roles desempeñados por los hombres en una educación que no baraja ningún ingrediente femenino.

¿Qué ocurrió con la serie de Tele 5 Ellas son así?
Pues principalmente que la quitaron. La audiencia no respondió a las expectativas de la cadena pero al final realizamos 13 capítulos y otros de media hora fruto de un apaño que ahora no acierto a recordar.
Cuéntanos tus pinitos delante de la cámara, como por ejemplo en Te doy mis ojos.
En el fondo tengo una vena muy de actriz, me encanta. Creo que es mucho más fácil que las guerras de poner en marcha una película desde el otro lado de la imagen visionada, pero aun así resulta fascinante.
Las experiencias Hay motivo y El mundo a cada rato, ¿cómo llegaron hasta ti?
Tras muchos años de gobierno del PP había una especie de angustia y de alguna manera, como madre, quería solventar el futuro de mi hija, por lo que contacté con una gente que pretendía dar su impresión sobre el caso. Yo me apunto a un bombardeo y así nacieron ambas contribuciones.
¿Responde El calentito a tu inicial afición y dedicación a la música?
Para mí hacer esta película significa representar una época apasionante que sólo en algunos países y en determinados momentos se produce. En esos días, entre la muerte de Franco y el principio de los 80, vivimos un sueño en el que todos pensábamos que podíamos cambiar el mundo… ¡hasta mi madre soñaba! Por eso este film me produce una ilusión especial pese a lo tópico de su enunciado ya que representa un mensaje libertario gracias al cual todo el mundo cree que puede hacer lo que quiere y lo intenta.

Vuelta al drama y la falta de solidaridad con Retorno a Hansala
En esta película se habla de la vida; es una ‘road movie’ sobre los vivos que dejan muertos, desde Algeciras hasta el Atlas, una humanización sobre algo que vemos en televisión y que no analizamos por la facilidad que representa no hacerlo. Hay algo que mueve al ser humano a emprender cometidos que, por estar lejos de los nuestros, no resultan menos dignos de tener en consideración.
Pregunta tópica y difícil de contestar, ¿cómo ves el panorama del cine español y por qué la gente pasa de él?
No es verdad que el público pase del cine español en particular. La crisis del medio es general y hay que estructurar los nuevos mecanismos para acceder a él. Quizá en España el tema puede inclinarse hacia un terreno más desfavorable por el poco respeto que se tiene a sus artistas, a quienes no se consideran profesionales de un oficio.
Almodóvar, ¿beneficia o perjudica a nuestra cinematografía?
Por supuesto que beneficia, es el director más conocido en todo el mundo. Él no necesita apoyos porque ha construido una empresa muy grande e importante. Al igual que Saura y Trueba, traspasa unas fronteras que muy pocos, sean de la nacionalidad que fuesen, llegan a conquistar. En este sentido, cualquier opinión en contra es vertida desde la más absoluta de las ignorancias.
¿Tu futuro pasa por una idea determinada o por sobrevivir dentro del mundanal ruido de una crisis que al cine viene afectando antes que a cualquier otro negocio?
Considero que soy una privilegiada por hacer esto pese a ser tan duro. Tengo mucha suerte de estar aquí con siete películas a la espalda, lo cual no es nada fácil en este ámbito. Pese a considerarme una independiente y radical, pienso que cada película que hago va a ser comercial.
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