
Análisis. El Banco Central Europeo, como todo lo que rodea a la Unión Europea es un enigma dentro de un misterio. Sus decisiones son mistéricas y nadie puede hacer previsiones sobre su comportamiento, puesto que las personas que toman las decisiones responden a sus propios intereses y a lo filos hilos que los uncen a los poderes ejecutivos del país de origen. Es un juego entre bambalinas que no tiene películas, literatura o series de referencia, como contrapeso y que, por lo tanto, permanece oculto a la opinión pública europea y, dicho sea con rigor, es un poder que tiene más peligro que el brea ardiendo untada al cuerpo.
Imaginar que lo ciudadanos europeos, con 2000 años de historia a las espaldas, podríamos compartir un proyecto de vida en común si compartíamos una moneda de 7,5 gramos de peso, nunca fue una utopía. Desde el principio fue una idea bastarda y degradante
Nos enteramos por boca de José Manuel Páramo, Consejero del Banco Central Europeo, responsable de definir los tipos de interés junto a su colega Jürgen Stark en el Comité de Liquidez, que desde diciembre “se presta dinero a las entidades financieras de forma ilimitada a un tipo de interés fijo. Por una razón: “Si un banco es solvente no debe ser convertido en insolvente por un problema de liquidez”. Lo más llamativo es que José Manuel Páramo declara a continuación, que tales prácticas las han aprendido de la banca de inversión, de “Bear Stearns, Lehman Brothers…” Sin comentarios.
Al tiempo, José Manuel Páramo, atónito, reconoce, “No era imaginable que la banca de inversión, con muy pocas excepciones, desapareciese. ¿Quién se hubiera atrevido a vaticinar su extinción o que las agencias hipotecarias americanas tuvieran que ser nacionalizadas?” La sinceridad, el candor, y acaso la necedad, es portentosa.
:: La opacidad
El eurosistema, integrado por el Banco Central Europeo y los Bancos Centrales de cada país con dos misiones, solo dos y excluyentes de cualquier otra: mantener el poder adquisitivo del euro y sujetar por debajo el 2% la inflación en la eurozona
En otra parte, con el mismo candor, candor en la contradicción, José Manuel Páramo se lamenta de que los bancos, son poco transparentes, que sus conduits son inextricables, en los que caben, falsedades y oquedades, -ese es el chisme entre los entendidos y eso lo decimos nosotros-, y que son igualmente opacos los hedge funds y los private equity que tienen, a su vez, un enorme peso en el sistema financiero. Reclama, lo que parece lógico, unas mejores prácticas de revelación y de publicación de la información. La pregunta que se está usted haciendo es la que nos hacemos todos. ¿Con tanta opacidad como es posible descifrar qué entidad es solvente y cuál ‘no’ para ser merecedora de crédito ilimitado?
:: ¿El euro, paraguas o lastre?
¿El eurosistema cumple sus objetivos? Ni los cumple ni los cumplió nunca. La depreciación del euro respecto al precio de la vivienda es de las que hacen época, nada menos que un 107% en España en siete años
Trescientos veinte nueve (329) millones de personas vivimos a la sombra del euro, gobernado por lo que se conoce como el eurosistema, integrado por el Banco Central Europeo y los Bancos Centrales de cada país con dos misiones, solo dos y excluyentes de cualquier otra: mantener el poder adquisitivo del euro y sujetar por debajo el 2% la inflación en la eurozona. ¿El eurosistema cumple sus objetivos? Ni los cumple ni los cumplió nunca. La depreciación del euro respecto al precio de la vivienda es de las que hacen época, nada menos que un 107% en España en siete años.
También es cierto que el BCE no se siente responsable de su fracaso. José Manuel Páramo se lamenta que en estos momentos “ya son 7 de 16 se ajusta al Pacto de Estabilidad Presupuestaria y que en dichas condiciones es muy difícil hacer bien su trabajo.
El BCE, lógicamente, no tiene receta alguna para tiempos excepcionales, pero si limitaciones estructurales para operar por sus estrictas normas estatuarias. El BCE es un eurosistema coordinado con los distintos Bancos Centrales, con competencias descafeinadas. Los ciudadanos que habitamos bajo el influjo del euro nos enfrentamos a la paradoja siguiente: El BCE no llega a ser un Banco Central emisor con competencias soberanas y los distintos Bancos Centrales Nacionales han perdido las suyas.
El euro se creo, exclusivamente, porque hubo mucho experto y teórico que sostenía que la estandarización monetaria era por sí misma, un factor de prosperidad y se creo, hay que decirlo, porque se imaginó que su propia existencia material generaría mayor adhesión de los ciudadanos con la Unión Europea. Las dos hipótesis se han revelado falsas. Nunca la Unión Europea ha recibido más varapalos en todos su proyectos, tratados y leyes, que con el euro circulando. Los ciudadanos han dicho ‘no’ de manera sistemática ha casi todo.
El Proyecto Europeo ha sido sostenido por una clase política, ayuna de apoyo popular y con escondite incluido, a saber, mucha opacidad. Trasponiendo directivas a escondidas, ratificando tratados en plenos parlamentarios celebrados a hurtadillas y haciendo evolucionar las instituciones europeas en tenidas de jefes de estado que se extendían hasta altas horas de la madrugada, entre cafés muy cargados y toda suerte de estimulantes y paraanfetamínicos.
:: Sentar la cabeza
Imaginar que lo ciudadanos europeos, con 2000 años de historia a las espaldas compartiríamos un proyecto de vida en común si compartíamos una moneda de 7,5 gramos de peso, nunca fue una utopía. Desde el principio fue un trasunto bastardo. Un acto de degradación
En horas lúgubres con la economía hecha mixtos bueno sería que unos y otros, políticos, expertos y ciudadanos, nos hiciéramos algún bien, por lo menos uno, sentando la cabeza. La estandarización monetaria que es sinónimo de control político insulso, con fines hacendísticos, es el típico ogro de la razón, un asunto material de minúscula importancia objetiva, elevado por ignorancia a santo grial. Imaginar que lo ciudadanos europeos, con 2000 años de historia a las espaldas, podríamos compartir un proyecto de vida en común si compartíamos una moneda de 7,5 gramos de peso, nunca fue una utopía. Desde el principio fue una idea bastarda y degradante. La mejor recomendación que se me ocurre es querernos un poco más y tratarnos con mayor cuidado. Con mayor respeto hacia el acervo cultural del que somos titulares y que se merece nuestras mejores acciones y actitudes. Desmontar el euro, retornando al ECU, nos permitirá reforzar la Unión en todo lo que de verdad importa y es relevante.
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