Elipsis: LA AVENTURA DE VIVIR

Federico Jiménez Losantos

La mañana de la COPE, necesidad estratégica para la Iglesia

Peatóm | 11·04·2009 | 06:00 |
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Ceguera voluntaria

Por Oscar Elía Mañú. GEES. A estas alturas de la historia, sólo los más despistados de entre los despistados, o quienes participan activamente de ella, pueden calificar la política de la izquierda en el poder de laica o laicista. No es laicista, en la medida en que no se trata de separar una Iglesia y un Estado que llevan separados mucho tiempo, sin problema alguno. No es laicista, tampoco, en la medida en que el desprecio y la crítica constante al cristianismo van acompañadas de la apología islámica y la disculpa del islamismo. Quienes la defienden son bien conocidos, y ni siquiera el Gobierno esconde su nostalgia de 1936. La lectura de los editoriales y columnas de El País, las declaraciones de los ministros, los contenidos de los programas de entretenimiento en TVE o La Sexta y las series de televisión en Antena 3 muestran advenimiento de una nueva sociedad española en la que el cristianismo desaparezca de todas las manifestaciones públicas, empezando por la política y acabando por la enseñanza o la sanidad.

Unos y otros abandonan a una nación que se resiste a dejar de ser cristiana, pero que soporta día a día el aluvión relativista de sus élites intelectuales y políticas

¿Con qué fuerzas cuenta la Iglesia para detener un clima cristófobo que, una vez más, se cierne sobre ella? Que sepamos, la monarquía -cuyo sentido último apela directamente a la tradición, a la patria y a Dios mismo- se muestra pasiva ante una ofensiva de la que ella será víctima tarde o temprano; si Dios deja de tener sentido para los españoles, mucho antes dejará de tenerlo la dinastía de los Borbones. Lo que no impide que éstos asistan impávidos a la destrucción de los principios sobre los que su propio reinado se asienta.

No está en mejor situación la derecha política. En general, se ha entregado ya a los peores dogmas relativistas y antihumanistas. Los dirigentes actuales del Partido Popular apelan a la crisis económica para no hablar de moral, hacen exhibición pública de comportamientos laicistas, eluden entrar en temas poco rentables. Para ellos, el cristianismo es una peste política. Cada día, cada hora, buscan hacer ostensible su descreimiento, dar muestras de postmodernismo, disfrazado de facebook o de centrismo moderado. Y con ella, la derecha intelectual y mediática no está en mejores condiciones: el relativismo, el escepticismo y la frivolidad moral se ha asentado entre intelectuales, periodistas y tertulianos, entre los que el despiste en torno al carácter inhumano del aborto o la eutanasia cunde cada día más.

Unos y otros abandonan a una nación que se resiste a dejar de ser cristiana, pero que soporta día a día el aluvión relativista de sus élites intelectuales y políticas. El panorama es desértico, y sólo los ilusos pueden creer que las intervenciones del PP en el Congreso, los discursos reales o las tertulias en televisión hacen frente a la cristofobia: por omisión, lo que hacen es acelerarla. Sólo La Mañana y La Linterna de COPE han sido capaces de atraer una respuesta cívica e intelectual al proceso de descristianización masiva de España, de aglutinar una respuesta eficaz en defensa de la Iglesia, tanto en lo cívico como en lo intelectual; nada más normal, pues, que el hecho de que los impulsores de la política cristofóbica se muestren crispados ante la COPE, y que los que callan cobardemente asistan en silencio al espectáculo. Porque lo cierto es que Jiménez Losantos, con su posición intelectual y su éxito mediático, es uno de los mayores obstáculos al proceso de descristianización de la sociedad española, y por lo tanto uno de los objetivos tanto para parte de la derecha como para casi toda la izquierda.

El paso del tiempo ha demostrado que su presencia al frente de La Mañana es una necesidad estratégica de la Iglesia en un momento en el que ésta sufre la mayor ofensiva en decenas de años

El paso del tiempo ha demostrado que su presencia al frente de La Mañana es una necesidad estratégica de la Iglesia en un momento en el que ésta sufre la mayor ofensiva en decenas de años. Si el turolense sale de la Cadena COPE, habrá caído la principal línea de resistencia frente a la cristofobia, la única que ha sido capaz no sólo de aguantarla, sino de hacerla retroceder en los últimos años, enfureciendo a quienes aún hoy añoran, sin disimulo, las razzias de 1936. Razón por la cual éstos observan con alborozo la división de fuerzas que para la España cristiana supondría la salida de Vidal y Jiménez Losantos de la COPE.

En plena época de secularización masiva, de apartheid intelectual del cristianismo, La Mañana ha sido el lugar en el que se compatibilizaban el pensamiento político liberal con el humanismo cristiano, que no siempre han casado de manera armonisosa. Ha sido en la COPE, y en Libertad Digital, donde se ha forjado una particular alianza entre lo cristiano y lo liberal, que ha reforzado, con mucho, la posición de la Iglesia en la sociedad española. Desde 2004, la política de cambio de régimen de Rodríguez Zapatero ha tenido en el rechazo de los valores liberal-parlamentarios y el rechazo al cristianismo dos pilares fundamentales: en la COPE, la defensa de ambos ha ido estrechamente unida. A la postre, en 2009 la defensa del liberalismo es, al mismo tiempo, la defensa del cristianismo. Identificación, por lo demás, de enorme alcance estratégico para los intereses de la Iglesia., que vuelve a estar de nuevo en entredicho.

Quienes han admitido sin más el dogma de los insultos de Jiménez Losantos debieran observar el campo contrario y actuar en consecuencia. ¿Crispa más Jiménez Losantos que Iñaki Gabilondo?¿Bajo qué criterio?

Quienes han admitido sin más el dogma de los insultos de Jiménez Losantos debieran observar el campo contrario y actuar en consecuencia. ¿Crispa más Jiménez Losantos que Iñaki Gabilondo?¿Bajo qué criterio? No desde luego desde quienes defienden el derecho a la vida, la sociedad liberal o el derecho de Israel a defenderse, que cada noche reciben calificativos siniestros del periodista vasco. Un insulto pronunciado con solemnidad y seriedad no es menos insulto que el proferido con agudeza y malicia, y cuando se hace en nombre de la democracia no hace sino arrojar al contrario fuera de la legitimidad política. Y la lista de agraviados por la SER, por Tele 5 o La Sexta no es menor que la de agraviados por la COPE. ¿Insulta más Jiménez Losantos a Iñaki Gabilondo que viceversa?¿Falta más al respeto el locutor de COPE a Rodríguez Zapatero o Ruiz Gallardón que los de Público o Cuatro a Esperanza Aguirre, Benedicto XVI o José María Aznar?

La diferencia también salta a la vista, y es que el implacable presentador de La Mañana no clama por la censura de sus rivales, ni exige la expulsión de Gabilondo de Cuatro; ¿Es el comportamiento de éste más edificante cuando pide día y noche la defenestración pública de un competidor y el cierre de un medio de comunicación? ¿Es esta actitud mejor o peor que una determinada actitud ante el micrófono del que, además, todos participan?¿desde cuando son en democracia más respetables las llamadas a la censura que la radio agresiva pero dentro de la ley de La Mañana?¿Puede la Iglesia, en el momento actual, satisfacer las ansias censoras de una izquierda que está dispuesta a perseguirla hasta el interior de las sacristías?

Paradójicamente, La Mañana de Jiménez Losantos es, además, el principal medio de extensión cristiana en España. Esta lejos de ser una suerte de cristianización. Pero el locutor ha sido —con mucho— quien más y mejor ha acercado a nuevas generaciones principios básicos pero inviolables del humanismo cristiano, empezando por la distinción entre el Bien y el Mal y el carácter inviolable de la conciencia, que tanto indignan a la izquierda censora. Hoy en día, no son las homilías en los templos, ni la línea COPE, ni el semanario Alba los que desintoxican a generaciones enteras de los dogmas progresistas sobre el cristianismo, sino las columnas y monólogos de Jiménez Losantos o los editoriales y los libros de César Vidal. Que son los que, en el fondo, están arrebatando a parte de la juventud del influjo antropológico de la izquierda para acercarlos a la Iglesia.

El locutor de COPE ni es santo ni podrá serlo nunca; pero ha hecho por la Iglesia más que muchos de sus fieles. Buena parte de la sociedad ha conocido por Jiménez Losantos las mentiras de la leyenda negra

El locutor de COPE ni es santo ni podrá serlo nunca; pero ha hecho por la Iglesia más que muchos de sus fieles. Buena parte de la sociedad ha conocido por Jiménez Losantos las mentiras de la leyenda negra, la persecución religiosa y los crímenes horrendos cometidos por el Frente Popular -del que sus críticos se declaran admiradores y herederos-, el carácter esencial y existencialmente cristiano de la nación española o la superioridad moral y cívica del cristianismo sobre otras culturas y religiones. Ha sido la COPE la que ha dado voz y refugio a quienes han combatido en defensa de los valores, la ética y la moral cristiana, y ha sido la fortaleza mediática de La Mañana la que ha hecho tambalearse mitos y dogmas sobre el cristianismo que, por lo demás, siguen ganando la batalla cultural en la sociedad española. Sin el proyecto que Jiménez Losantos encabeza en la COPE, el rescate del cristianismo de las manipulaciones históricas será más difícil para la Iglesia.

Por último, el cristianismo del siglo XXI no será el cristianismo del XX, como la política de este siglo se parecerá cada vez menos a la del pasado. En España, el fenómeno más llamativo de los últimos años ha sido ajeno a lo que se viene llamando poderes tradicionales; ajeno a los partidos políticos, ajeno a la Iglesia, ajeno a la prensa tradicional. Lo que caracteriza a la derecha social española actual es la aparición de una sociedad civil que, a través de organizaciones, fundaciones, colectivos cívicos, think tanks, portales y diarios de Internet, da forma nueva a la política y a la sociedad. Un caos electrónico de imposible control, y de más difícil coordinación. Se caracteriza por su movilidad, su agilidad, su actividad y su activismo. Y por escapar -hasta ahora- a cualquier control, censura o concesión política.

La Mañana de COPE ha constituído la primera línea de defensa del cristianismo, cuando instituciones, intelectuales y políticos habían rendido ya bandera

La Mañana de COPE ha sido el pivote sobre el que ha girado esta nueva sociedad civil liberal-conservadora, con la virtud de que ha sido ligada con éxito y naturalidad al mensaje cristiano de la emisora. Desde el año 2004, la radio de la Iglesia ha sido el lugar común de encuentro de una pintoresca sociedad, que, eso sí, ha encontrado un punto en común en la doctrina cristiana más genuina. Las protestas contra la ley del matrimonio homosexual, el aborto o la eutanasia, han recorrido de lado a lado esta nueva sociedad, unificando en unos principios básicos -los del humanismo cristiano- a liberales, libertarios, conservadores o neoconservadores. La fuerza de los últimos ocho años -que la izquierda ha denominado crispación- en la calle ha venido de. La Iglesia actual, por sí sola, no hubiese podido ejercer la presión que

La Mañana de COPE ha constituído la primera línea de defensa del cristianismo, cuando instituciones, intelectuales y políticos habían rendido ya bandera. Ha proporcionado a la Iglesia una vía directa de conjunción con la derecha liberal, fundiendo la defensa de ambos en un mismo intento. Ha hecho arraigar entre toda una generación una visión de España cristiana, tradicional y sujeta a valores, como nadie hasta ahora, dentro o fuera de la Iglesia, ha conseguido hacer. Y ha puesto, en fin, a la Iglesia en sintonía con una sociedad liberal/conservadora que, por su propia naturaleza, podría vivir de espaldas a los intereses del Vaticano, pero que ha participado codo con codo con la Iglesia católica en la defensa de sus intereses. Sólo uno de estos puntos justificaría el trabajo de Jiménez Losantos como valor central para la radio de la Iglesia española. Todos juntos indican que estamos, antes que nada, ante una necesidad estratégica de primer nivel, que parece haber sido olvidada-

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