
40º Aniversario. Este es un pequeño paso para un hombre, y un gran salto para la Humanidad. Fue una verdad que como todas las verdades resultó expansiva. Contribuyó a galvanizar, a acerar, la fe ciega de la humanidad en sus posibilidades, en su sueño colonizador, aventurero, dominante y expansivo. Apuntaló la parte más fatua de nuestra especie, el lado arrogante, depredador y desafiante del animal de dos patas con una pinza de precisión en las terminaciones del tren superior (las manos) entre el dedo índice y pulgar.
Cuando Neli Armstrong y Buzz Aldrin pusieron su pies sobre la Luna lo hicieron en nombre de la Humanidad, que ahora lo recuerda y lo festeja
La pinza de precisión que nos distingue de los homínidos del Plioceno, la que nos hace distintos y nos permite fabricar máquina herramienta y usarla con maestría, ha sido las que nos ha llevado hasta nuestro satélite literario, la Luna, un satélite muy consentido, y pletórico de potestades sobre nuestra vida, sobre nuestro amor y desamor, que organiza pleamares y bajamares, que nos zambulle desde tan lejos, a 300.000 kilómetros. Si el Sol nos mece durante el día, la Luna lo hace durante la noche. Está para velar nuestro sueño y, más casquivana que el Sol, también para alterarlo.
:: Multiplicador de arrogancia
Disparó la arrogancia del hombre sobre su destino. Si podíamos posarnos en su suelo es que podíamos dominarla, colonizarla y usarla en nuestro propio provecho. En lugar de celebrar la humildad, la inmensidad del espacio inabarcable, celebramos la soberbia de su dominación. ¿Por qué lo hicimos? Por ignorancia. Ignorancia que ahora nos parece imperdonable. Intelectual y científicamente deleznable. Entre la ciencia como humildad y la ciencia como dominación, hay un trecho que la humanidad se resiste a abandonar. ¿El hombre pertenece a una especie que pueda considerarse ejemplar? ¿Es todo lo que podemos esperar de la humanidad, de nuestra especie?
Ahora, aturdidos, incapaces de autorregulación y autoorganización, amedrentados por la acumulación de ignorancia, de errores y soberbia nos hacemos de cruces sobre el impacto del cambio climático en nuestro entorno y en nuestros propios organismos. Ni dominamos la Tierra, ni somos unos gestores eficientes del espacio que ocupamos y no parece tampoco que nuestra presencie importe o incomode a las grandes fuerzas físicas que se manifestan en el Sistema Solar, en nuestra galaxia y en lo que solo parcialmente conocemos. La Tierra, como planeta, ha sobrevivido a numerosos episodios climáticos y no es seguro que nuestra especie pueda hacerlo. Estamos celebrando el 40 aniversario de la llegada del hombre a la Luna bajo la impronta de un redescubrimiento: la humildad.
:: La Luna y el poder
A la Luna fue el hombre. No fueron los Estados Unidos. Los rusos habían depositado en un alunizaje lento un diminuto satélite de 82 kilos de peso que se abrió en cuatro rodajas y dejó testimonio gráfico y documental del satélite de la noche. Fueron los rusos, casi a escondidas, los que impropiamente pretendían apropiarse de la Luna. Lo hicieron a hurtadillas dentro de una guerra secreta de gran trascendencia, el dominio del planeta Tierra. Quien dominara el satélite dominaría el planeta, nuestro planeta, la Tierra.
Cuando Neli Armstrong y Buzz Aldrin pusieron su pies sobre la Luna, por el contrario, lo hicieron en nombre de la Humanidad, que ahora lo recuerda y lo festeja. La gran diferencia entre un hito, el ruso, muy relevante tecnológicamente, y el useño, igualmente relevante, es que los rusos lo hacían en nombre de la humanidad, pero lo celebraba el glorioso Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Soviéticas, el único capaz y autorizado para dirigirla. La NASA, que también lo hacía en nombre de la Humanidad, aunque la bandera que ondeara fuera la de Estados Unidos, permitió al resto del mundo apropiarse de dicho hito. La diferencia se reveló dramática y se demostró, a la postre, que decisiva para elucidar la suerte de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).
La extinta URSS lo hizo a escondidas y Estados Unidos con luz y taquígrafos. Todo era disímil. Las diferencias marcaron un antes y un después. La URSS quedó en minoría y todo lo que sucedió después, previsible, se convirtió en una decadencia extrema y continuada del imperio estúpido, el soviético, hasta su extinción fulgurante en pocos días. El imperio soviético era, como pudo comprobarse años después, poco más que un gigantesco absceso purulento.
Los dos imperios estaban en condiciones de emular los hitos tecnológicos del otro, solo Estados Unidos lo hizo en nombre de la Libertad, de la Humanidad, con luz y taquígrafos, renunciando a hacerlo en nombre de un poder ejecutivo central y oscuro.
:: Grandes misiones de la Nasa
Nueve nuevos astronautas llegaron a la NASA. Su misión consistía en realizar con éxito el primer aterrizaje del hombre en la Luna. Este plan, más conocido como Proyecto Géminis, fue bautizado con este nombre por el signo del zodíaco que representa a dos gemelos. Esto fue así porque se pretendía enviar al espacio a dos hombres al mismo tiempo. Los nueve astronautas tenían un peligroso y ambicioso programa que completar. Bajo el más absoluto secreto, Ed White se entrenó para llevar a cabo el primer paseo espacial de la NASA. Mientras tanto, sus compañeros, dirigidos por los veteranos del Mercury, acoplaron dos naves espaciales separadas por escasos centímetros. Ambas eran capaces de viajar a una velocidad superior a los 28.000 kilómetros por hora. Algunos de los astronautas más famosos de todos los tiempos, entre los que se encontraban Jim Lovell, Buzz Aldrin y Neil Armstrong, se dieron cita en el Proyecto Géminis. Desafortunadamente, algunos de los más experimentados fallecieron.
Géminis 3. John Young y Gus Grissom fueron los encargados de pilotear la primera nave espacial americana capaz de transportar a dos hombres al espacio. Hasta entonces habían estado probando el cohete con mayor potencia, debido a que muchas naves habían explotado en la plataforma de lanzamiento con anterioridad. Nadie sabía con certeza si estos dos hombres conseguirían sobrevivir. Sin embargo, ni Grissom, como veterano de guerra, ni tampoco John Young, sabían lo que era el miedo. De hecho, llevaron a cabo una misión perfecta (23 de marzo de 1965) que significó el primer paso de la NASA hacia la conquista de la Luna.
Géminis 4. Con total confidencialidad, la NASA comenzó a entrenar a Ed White para que efectuara la primera actividad espacial fuera de un vehículo. A 28.000 kilómetros por hora, Ed abandonó la seguridad de su nave (3 de junio de 1965) para flotar libre en el espacio. Este hecho supuso un nuevo paso más.
Géminis 6 y 7. En una de las misiones de la NASA más complejas de todos los tiempos, dos naves espaciales intentaron unirse en el vacío infinito del espacio. Para ello, tuvieron que situarse a escasos centímetros la una de la otra, mientras viajaban a una velocidad superior a la de una bala. La NASA sabía que para conseguir despegar de la Luna, la sonda lunar tendría que encontrase con la nave nodriza. Los proyectos Géminis 6 y 7 demostraron que la NASA estaba capacitada para acoplar dos naves.
Géminis 9. Misión tras misión, la NASA se acercaba cada vez más a la Luna. Sin embargo, cuando estaba a punto de conseguirlo, sufrió uno de sus mayores contratiempos. Gene Cernan estuvo a punto de morir durante su primer paseo espacial. La nave no contaba ni con agarraderas ni con ningún tipo de punto de apoyo para los pies, por lo que el astronauta era incapaz de introducirse nuevamente en la cápsula. Después de varios intentos, Cernan se encontraba completamente exhausto y ciego debido a la condensación generada por la utilización del casco. Su compañero de tripulación estuvo a punto de decidir cortar el cable que lo mantenía unido a la nave. Cuando finalmente el astronauta logró entrar en la cápsula, ni él ni su compañero podían cerrar la puerta. Estos hechos recuerdan lo peligroso que puede resultar la aventura espacial.
Géminis 12. La misión Géminis se da por concluida y Buzz Aldrin le concede un excelente final con uno de los mejores paseos espaciales jamás realizados. La NASA ya se encuentra preparada para el gran reto. Se aproxima la hora de lanzar al Apollo en dirección a la Luna.
:: La llegada del hombre a la Luna
A escasos años de la fecha límite establecida por Kennedy, la primera misión tripulada del cohete Saturno V, que muchos consideraron suicida, transportó a tres astronautas a tan sólo unos escasos kilómetros de la Luna. Para apoyar a la tripulación del Apollo 8, se contaba con la colaboración de los tres hombres que habían sido seleccionados en el primer intento de aterrizaje lunar: Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins. Tan sólo dos misiones después, la NASA ya estaba preparada para emprender el reto, aunque nadie sabía con certeza que ocurriría una vez que llegaran allí. En aquel momento surgían multitud de interrogantes: ¿desaparecerá el modulo lunar entre el polvo espacial?, ¿será la tripulación atacada por bacterias lunares?, ¿conseguirán despegar de la superficie lunar una vez que hayan completado la misión?
Apolo 8. El primer viaje tripulado del formidable Saturno V se considera la misión más atrevida de la NASA. A su mando se encontraban tres astronautas a punto de adentrarse más de 400.000 kilómetros en el espacio rumbo a la Luna. Aunque fueron muchos los que calificaron la misión de suicida, Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders consiguieron orbitar el satélite sin problemas, devolviéndole la ilusión al proyecto.
Apolo 9 y 10. En estas misiones se llevaron a cabo las pruebas de vuelo necesarias para el aterrizaje lunar. El objetivo consistía en poner a prueba el módulo lunar, ya fuera de la Tierra o a escasos kilómetros de la Luna.
Apolo 11. Esta misión se preparó para aterrizar en la Luna con Buzz Aldrin y Neil Armstrong (20 de julio de 1969).
Apolo 13. Una explosión abordo de la nave obligó a la tripulación a evacuar la unidad de mando, refugiándose en el módulo lunar para intentar un peligroso viaje de regreso a la Tierra.
Apolo 14-17. Comenzaron las misiones de tipo “J” con las que se trató de pasar de las expediciones convencionales conformadas por dos horas de paseo espacial, a los viajes de exploración de siete horas de duración.
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