Elipsis: LA AVENTURA DE VIVIR

50º ANIVERSARIO

Negociación con ETA. Preguntas y respuestas

Peatóm | 8·08·2009 | 06:00 |
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Atentado de ETA en Madrid

Por GEES. ¿Qué gobierno empezó a negociar con ETA?
No. Las primeras las lleva a cabo UCD en el marco de la desaparición definitiva de ETA político-militar. Los primeros datan de 1976, cuando se reúnen en Ginebra los representantes del gobierno con “Erreka” y “Txaflis”, los que vimos formaban con “Pertur” el aparato político de ETA(pm). Posteriormente, el gobierno tuvo como intermediario al periodista José María Portell, al que ETA mató en junio de 1978. Los contactos siguieron entre 1979 y 1981, con diferentes interlocutores. Entre medias, ETA sigue matando.  Por fin, en 1981, a través de Mario Onaindía y Juan María Bandrés, se produce la disolución de ETA (pm). Días después del 23-F, ETA (pm) declara una tregua, que dura hasta agosto; antes, entre 1976 y 1977, había habido también un alto en sus crímenes —horrorosos en esa época— coincidiendo con la ley de reforma política. En 1981 el Estado acepta la reinserción de los poli-milis, que se hace con discreción y generosidad, quizá demasiada. Algunos miembros se pasan a ETA (m), pero la mayoría van a parar a Euskadiko Ezkerra. El proceso de reinserción será heredado en 1982 por el gobierno del PSOE. De todas formas, el caso de UCD es especial, al tratarse de un proceso de reinserción social que afectó al grueso de ETA (pm), y que tenía su origen en cierta voluntad por parte de los poli-milis de abandonar las armas.

El origen está en el Pacto de Lizarra que sucriben ETA, PNV, EA e IU para forzar la secesión vasca y la anexión de Navarra

Después de 1981, ¿Qué hay de los contactos de Felipe González, Jose María Aznar y Rodríguez Zapatero?
Los tres se producen en circunstancias históricas distintas, tienen su origen en acontecimientos que no tienen nada que ver, se desarrollaron de manera muy distinta, y tuvieron consecuencias muy diferentes.

—¿Qué podríamos decir a los que aún dicen que “todos los gobiernos de la democracia han intentado el diálogo con ETA para solucionar el problema del terrorismo?
Que la afirmación es falsa. Ni en su origen, ni en su desarrollo, ni en su finalización y consecuencias, los contactos de González, Aznar y Zapatero con ETA son iguales. De hecho, en lo fundamental no tuvieron nada que ver y son contrarios los unos de los otros. Generalmente, esto lo afirman quienes tienen algo que ocultar. En cuanto a su origen, los tres casos son distintos. ¿Qué podemos decir de las diferencias en cuanto a su génesis? En el caso de los contactos de Felipe González, ya hemos visto anteriormente que a los pocos meses de llegar el PSOE al poder, se abrían ya algunas vías. En 1983, ya se producen contactos con Herri Batasuna, en los que también participa el PNV, a través de José María Benegas. En abril mismo año se producen también conversaciones de miembros de Interior con miembros de ETA, algunas ya en Argel. Existía aún cierta comprensión por considerar que ETA era de la familia izquierdista, y estaba cercano el recuerdo de la desaparición de ETA (pm) en 1981. Todo esto cristalizará en 1984, cuando José Barrionuevo habla ya públicamente de iniciar contactos “técnicos” con ETA: es cuando lanza su “Alternativa para la paz”. Se producen los primeros contactos, en 1984, entre Rodríguez Galindo y “Txomin” en Andorra. Al mismo tiempo, miembros del CESID se entrevistan con etarras en París, y por esas fechas se abre la vía de Martín Patiño, con pocos resultados. Desde el comienzo, el PSOE buscó establecer contactos con la banda terrorista, y los inició a los pocos meses de llegar al poder. Más tarde, todos cristalizarían en Argel, aunque en éste caso, parece que fue ETA la que se ofreció, a través del PNV, al Gobierno. En cualquier caso, el gobierno de González comenzó a tender puentes poco después de llegar al poder en 1982.

—¿Y en cuanto al origen de los contactos de Aznar con ETA en 1998?
El origen está en el Pacto de Lizarra que sucriben ETA, PNV, EA e IU para forzar la secesión vasca y la anexión de Navarra. El pacto incluye una hoja de ruta que implica la ruptura con el orden constitucional-democrático y la puesta en marcha de mecanismos destinados a forzar la independencia. Para que el frente nacionalista lograra sus objetivos, tenía que ofrecer al Estado el fin de la violencia como contraprestación.

El Pacto de Estella incluye una hoja de ruta que implica la ruptura con el orden constitucional-democrático y la puesta en marcha de mecanismos destinados a forzar la independencia

—Entonces, ¿jugó algún papel el gobierno de Aznar en la génesis de la tregua?
Ninguno. Fue fruto del Pacto de Estella. Pese a que en verano de 1998 —conforme PNV y ETA avanzaban en la negociación—, había rumores insistentes de tregua, la declaración de ETA cogió al gobierno por sorpresa. De hecho, Aznar se encontraba en una aldea perdida en la selva amazónica, lo que dificultó las comunicaciones en las horas posteriores al anuncio de septiembre. La tregua la gestaron al alimón PNV y ETA, según sus intereses secesionistas. El gobierno se la encontró, fue escéptico al respecto. Era una trampa, porque ETA supeditaba el fin de la violencia al avance conjunto de los nacionalistas hacia la independencia, y el gobierno poco podía hacer fuera de ceder al chantaje. En su comunicado de septiembre de 1998, lo que exige ETA a Aznar era el respeto a ese proceso secesionista.

—Vayamos a 2006: ¿cómo se gesta la tregua y la negociación de Zapatero con ETA?
Los orígenes hay que buscarlos entre 2000 y 2001. Entonces se producen dos hechos fundamentales. El primero, la defenestración de Nicolás Redondo como líder de los socialistas vascos. El segundo, el nombramiento en verano de 2000 de Zapatero como secretario general del PSOE. Por esas fechas los sectores del PSE partidarios de llegar a acuerdos con los nacionalistas comienzan los primeros contactos con Batasuna, que son cada vez más intensos. Los acuerdos llegarán en el año 2005, con Zapatero ya en el Gobierno.

Cuando el gobierno de Zapatero hace público que dialogará con ETA, lleva de hecho dialogando años…

—O sea que el alto el fuego de marzo de 2006 no es el inicio de los contactos, sino su continuación
Efectivamente. De hecho, la declaración institucional de Zapatero en junio de 2006 había sido ya pactada con ETA. Los enviados de Zapatero habían fijado entonces con las banda una hoja de ruta para el País Vasco, que incluía la reforma del estatuto y la progresiva atracción de Navarra. Cuando el gobierno de Zapatero hace público que dialogará con ETA, lleva de hecho dialogando años…

—No hay, entonces, paralelismo alguno respecto al origen de la tregua de 1998 y la de 2006
Ninguno. La tregua de 1998 la negocian PNV y ETA, y se la ofrecen al gobierno, que no ha tenido nada que ver con ella; la de 2006 la negocian el PSOE y ETA, punto por punto, durante los meses anteriores. El gobierno de Aznar conoce la oferta de ETA al mismo tiempo que el resto de los españoles, y su primera declaración, desde Lima, es auténticamente espontánea; en el caso de Zapatero, su declaración institucional de marzo de 2006 es una impostura, porque los socialistas habían participado en el diseño del alto el fuego. Además, la tregua de 1998 fue provocada por la aparición del Espíritu de Ermua y por los golpes policiales sufridos por ETA en los dos años anteriores. El nacionalismo tuvo que unirse para superar una etapa de debilidad. Por el contrario, en 2004 ETA se encontraba al borde de la derrota, y un nacionalismo incapaz de acudir en su ayuda. La negociación no era en absoluto necesaria.

—Entonces, en cuanto al origen, hay más parecido entre los contactos de Argel y los de Zapatero que entre éstos y los de Aznar: en su génesis participa el Gobierno.
Sí. Tanto con González como con Zapatero, son los socialistas los que buscan una vía de aproximación a ETA. Sin embargo, hay dos diferencias entre ambos casos que hacen que no sean muy comparables. La primera, que los gobiernos de González jamás pusieron sobre la mesa una propuesta de reforma política, algo que sí hizo Zapatero. Sólo se discutía de cómo llegar a acuerdos, gestionar treguas o elegir interlocutores, algo metodológico. La segunda diferencia es que los socialistas en tiempos de González jamás llegaron a un grado tal de compenetración y acuerdo con los terroristas como el de la era Zapatero. En el año 2005, las relaciones llegaron a ser de confianza; entre 1986 y 1989, de franca desconfianza.

—¿Había entonces sintonía política entre ambos? Esa sintonía no existía en 1986 y 1998…
Hasta tal punto que en las reuniones JosuTernera llevaba bajo el brazo un ejemplar del libro “Los últimos españoles sin patria”, del representante del PSOE, Jesús Eguiguren. En el libro, el veterano político vasco señala la necesidad de una refundación social y jurídica del País Vasco, un nuevo pacto capaz de superar la constitución y acoger algunas reivindicaciones nacionalistas. Por el contrario, el contacto de Aznar y los contactos de González con ETA son de falta de sintonía. A diferencia de Zapatero, ni Aznar ni González negociaron políticamente con la banda, ni llegaron a los acuerdos a los que él sí llegó. La actitud de Zapatero fue absolutamente contraria a la de Aznar, y también a la de González en los años ochenta.

—Sin embargo, el Gobierno y El País, su órgano oficioso hablarán de la existencia de un cambio en ETA y Batasuna, plasmado en la llamada declaración de Anoeta ¿en qué consiste ésta?

La Declaración de Anoeta fue presentada en San Sebastián el 14 de noviembre de 2004. No es más que la actualización a las circunstancias políticas de 2004 de los dos textos básicos de ETA en materia de negociación: la Alternativa KAS de 1976 y la Alternativa Democrática de 1995. Los dos presupuestos fundamentales, la autodeterminación y la absorción de Navarra, permanecen inalterables, aunque el lenguaje utilizado permita al gobierno decir que no es así. ETA jamás ha renunciado a ellos. Eso sí, lo que dice Batasuna/ETA allí, y el gobierno ha ocultado, es que el gran cambio histórico de los últimos años es la elección de Zapatero como presidente del gobierno, y el hecho de que éste considere que el modelo constitucional está agotado. Así es como entiende ETA el cambio del 14M, que es celebrado por Batasuna como un éxito propio y el inicio de una época de negociación que podría dar sus resultados. Así, pues, el alto el fuego de 2006 fue consensuado por ETA y el Gobierno, a diferencia del de 1998, consensuado por ETA y PNV frente al Gobierno. Al mismo tiempo, el alto el fuego de 2006 se llega después de lograr acuerdos políticos con ETA, a diferencia de la tregua de 1989, que pese a estar más o menos pactada, no lo es en términos de acuerdo político.

—¿Qué hay del desarrollo de los contactos?
En el caso de Argel, éstos se desarrollan en varias fases. La primera entre noviembre de 1986 y febrero de 1998. En esta fase, los enviados del Gobierno piden a ETA que declare una tregua para después iniciar un diálogo público con la banda. Por el contrario, los etarras exigen que el Gobierno haga públicos y oficiales los contactos para después declarar la tregua. Los etarras buscan aparecer como interlocutores oficiales, lo que el gobierno trata de impedir. Es un diálogo de besugos, un “no, tú primero”, que acaba en fracaso. Una segunda tanda de encuentros se produce en los primeros meses de 1989. Entre medias, hay atentados y muertos, más de cuarenta personas. Entre enero y abril, se produce el mismo diálogo; ambos se exigen gestos, ETA pide excarcelación de presos y el gobierno llega a proponer mediadores internacionales. Pero la cosa se agota en consideraciones metodológicas, no hay más.

—¿Hubo alto el fuego?
No, sólo durante un tiempo. ETA ofrece tregua varias veces, pero no la materializa. De hecho, para lograr una situación de fuerza, comete alguno de los atentados más espantosos de su historia —la matanza de Hipercor en junio de 1987 y la de la Casa Cuartel de Zaragoza en noviembre de ese año—, pone más de veinte bombas y secuestra a Emiliano Revilla, en octubre de 1988. En enero de 1989 concede una tregua de dos semanas, que amplia después a dos meses —mientras se desarrollan los contactos—. Posteriormente, en marzo, proclama otros dos meses. Lo que caracteriza a las negociaciones de Argel que se efectuaron pese a que ETA cometía horrendos atentados.

—¿Se habló de política?
No. El gobierno nunca se comprometió a nada con ETA, aunque es verdad que las conversaciones se rompieron en una fase tan temprana, que ni siquiera fue posible plantearlo. Pero desde luego, Felipe González no negoció políticamente con ETA.

—¿Y en 1998? ¿C-omo se desarrollaron los encuentros?
El encuentro, más bien, porque de hecho sólo hubo uno. Se celebra en Vevey (Suiza) el 20 de mayo de 1999. Dura unas tres horas, en las que se discute sobre el procedimiento de negociación. Las posturas son irreconciliables, y se ve desde el comienzo. ETA quiere saber si el Gobierno está dispuesto a respetar los pactos alcanzados por los nacionalistas en Lizarra; el Gobierno a lo que ha ido es a testar si ETA está realmente dispuesta a rendirse, o si lo que busca es negociar la derrota del Estado. Bien es cierto que el gobierno, que ha acuñado lo de la “tregua-trampa”, va a confirmar sus sospechas, y lo hace. En esta ocasión, a diferencia de Argel hay contacto, pero no negociación, porque las posturas son irreconciliables y ambos salen de la reunión con las cosas claras.

El Gobierno de Zetaparo ya ha pactado con ETA políticamente una hoja de ruta que establezca cambios estatutarios en el País Vasco y Navarra. En marzo de 2006 queda concretarlo

—Vayamos a los contactos de 2006 ¿se negocia sobre la negociación como en 1986-1989 o no se negocia sobre nada, como en 1998?
De nuevo encontramos diferencias esenciales en este punto. El Gobierno ya ha pactado con ETA políticamente una hoja de ruta que establezca cambios estatutarios en el País Vasco y Navarra. En marzo de 2006 queda concretarlo. Se hace durante ese verano, en el centro Henri Dunant, en Suiza. Pero la oposición social es fortísima, una auténtica revolución cívica. Son millones de españoles los que se lanzan a la calle contra unos tratos que ya van avanzados. Se producen las grandes manifestaciones en Madrid, el 10 de junio y el 25 de noviembre, y en Pamplona el 17 de febrero de 2007, que se suman a las multitudinarias de febrero de 2006 y junio y enero de 2005.

—¿Fracasó por esto?
Sin duda. La reacción social es inaudita. Víctimas de ETA, asociaciones cívicas vascas, intelectuales… De haber salido bien, la negociación habría supuesto un tsunami institucional en el País Vasco, Navarra y España entera. Incluso el electorado socialista se dividió profundamente, dudando de los planes de Zapatero. Así que éste no tuvo más remedio que echarse para atrás y no cumplir lo pactado con ETA. El PSOE le da largas, trata de alargar la tregua, pero ETA se da cuenta de que ha sido traicionada, y el 18 de agosto habla en su comunicado de bloqueo. Eso ocurre en verano, pero aún quedan seis meses para el atentado de la T4 que mata a dos personas, y más aún para el final del alto el fuego de ETA, en junio de 2007… En otoño, las cosas van mal, y se lleva a cabo un nuevo impulso: llamar al PNV a participar en la negociación. Son las famosas reuniones en Loyola de septiembre y noviembre de 2006, entre PSOE-PNV y ETA/Batasuna. Ahí se llega incluso a pactar un borrador de acuerdo, que debía ser secreto hasta su aprobación definitiva.

—¿Qué dice el documento?
El reconocimiento del Estado de la realidad llamada “Euskal Herria”, con el reconocimiento a su derecho a decidir su futuro, y la creación de un órgano común vasco-navarro como paso previo a una mayor intergración de Navarra en el País Vasco. Es decir, la voladura estatutaria y constitucional amparada por el Gobierno. Pero ETA quiere mayor rapidez y contundencia en el proceso, a lo que el PSOE se niega. Al final, se rompe el acuerdo.

En el caso del año 2006, el ministro de Interior Pérez Rubalcaba encargó los famosos “informes de verificación” a la Guardia Civil y la Policía Nacional , que se demostraron falsos

—¿Cuál es el comportamiento del Estado mientras duran las correspondientes treguas? ¿Da el Estado treguas a ETA?
En el caso de las reuniones en Argel entre 1986 y 1989, las dos partes actúan instrumentalmente, y por la acción terrorista y la acción policial tratan de forzar al otro a ceder. Es significativa la detención de José Antonio Urrutikoetxea “Josu Ternera”, en enero de 1989, que era el encargado de vigilar al interlocutor etarra Eugenio Etxebeste “Antxon”, que sustituía a “Txomin”, muerto en accidente en mitad de la negociación. En el caso de 1998, la “tregua trampa”, ETA dejó de matar, pero mantuvo intactos el resto de frentes. La kale borroka y el avituallamiento. Por su parte, el Gobierno nunca se declaró en tregua: en la reunión de 1999, ETA se quejará de esta actitud del gobierno. Se llegó al extremo de la detención de Javier Arizkuren Ruiz “Kantauri”, uno de los interlocutores de ETA, dos meses antes del encuentro, y de Belén González Peñalva “Carmen”, después. En el caso del año 2006, el ministro de Interior Pérez Rubalcaba encargó los famosos “informes de verificación” a la Guardia Civil y la Policía Nacional , que se demostraron falsos: alguien, entre la entrega de los originales y su publicitación, los manipuló. ETA siguió rearmándose, activando la kale borroka y extorsionando a empresarios. Desgraciadamente, a diferencia de 1986-1989 y 1998-1999, el Gobierno lo ocultó y minusvaloró. Por otra parte, el gobierno de Zapatero puso al Estado de derecho al servicio de los contactos con la banda. Justicia e Interior frenaron su actuación; el caso más sangrante era el de Conde Pumpido. El caso del bar Faisán, además, puede constituir un gravísimo delito de colaboración con banda armada, al ser avisados los etarras de una redada de la policía contra su aparato de extorsión. Sindicatos policiales y agentes han denunciado el clima de relajamiento en la lucha contra ETA emanado desde el Ministerio de interior.

—De nuevo el caso de la negociación de Zapatero es distinto a la de Aznar y González en lo relativo a la actuación de los instrumentos del Estado.
Desde luego. Ninguno de los dos anteriores puso en suspenso el Estado de derecho para favorecer el diálogo, aunque en el caso de los contactos de Argel sí hubo cierta instrumentalización. Desde luego, ninguno llegó al extremo al que llegó Zapatero, de suspenso en la ofensiva contra ETA. Además, Zapatero hizo algo que ni González ni mucho menos Aznar llegaron jamás a pensar: llevar la negociación e Europa, buscar el reconocimiento internacional de ETA como interlocutor político. Así pues, en Argel hubo un proceso de negociación no político dividido en dos etapas, con ETA matando y el Estado —más o menos— defendiéndose. En el caso de Aznar ni hubo proceso ni hubo tregua alguna del Estado, que incluso detuvo a los interlocutores de la banda. En el caso de Zapatero, ETA actuó, pero el Estado fue frenado por el Gobierno.

El caso del bar Faisán, además, puede constituir un gravísimo delito de colaboración con banda armada, al ser avisados los etarras de una redada de la policía contra su aparato de extorsión

—¿Cómo fue el fin de los contactos y las consecuencias? ¿Fueron de nuevo diferentes?
Sí. En el caso de las negociaciones de Argel, hemos visto que venían precedidas de contactos previos. Después de la ruptura en 1989, los socialistas continuaron tendiendo puentes hacia ETA. Rafael Vera manda emisarios a hablar con Eugenio Etxebeste a Santo Domingo, donde estaba deportado, donde negocian casi durante todo 1990; en 1991 se aborda a diputados de Herri Batasuna en Madrid, en busca de un puente, y Luis Roldán trata de llegar a un acuerdo con Patxi Zabaleta para lograr el apoyo de HB a un gobierno del PSN. En 2007, la historia se repetiría. En 1992 le llega el turno a la “vía Azkoiti”, etarra supuestamente partidario del abandono de las armas. En 1993, José María Benegas lo intenta a través de Elkarri y Jonan Fernández, y Rafael Vera —después condenado por el GAL— hace lo propio con Díez Usabiaga, de LAB. El aluvión de ofertas que llegan del gobierno —que da ya muestras de desorganización y corrupción—sorprende a ETA, que incluso se quejará del caos de ofertas. Para acabar liándolo, aún habrá otro intento en 1995, a través de Pérez Esquivel. Incluso con el PP en el poder, en 1996, el anterior equipo de interior buscará reactivar los diálogos…

—Menudo caos…
Sí, el propio de un gobierno en descomposición, como lo es el de los últimos años de Felipe González. En el caso de Aznar, la cosa está más clara. Ni hubo contactos antes ni los hubo después. ETA tampoco los pidió. De hecho, a partir del año 2000 se desencadena la mayor ofensiva del Estado contra ETA de toda la historia, con reformas legales que afectaron a todo el entramado etarra, desde los presos a los medios de comunicación, la kale borroka o la propaganda.

—¿Y Zapatero?

Tras el atentado de la T4, aún hay más encuentros, en el que se busca sondear la posibilidad de abrir un nuevo diálogo. Son hacia febrero o marzo de 2007, y quizá después. En perspectiva, las elecciones de abril, y la posibilidad de un gobierno de coalición entre el PSOE y la coalición de NaBai da esperanzas a un pacto futuro sobre Navarra, que fracasa. Después, los rumores de contactos ocultos continuarán, hasta las elecciones de junio de 2009, en las que el PSE arrebata al PNV el Gobierno vasco. A diferencia de Aznar, y al igual que González, Zapatero siguió conversando con ETA después de que rompiera, con el crimen del 31 de diciembre, el alto el fuego.

—En conclusión, y recapitulando parecidos y diferencias, en cuanto al origen…
EL PSOE buscó contactos con ETA desde 1982, Aznar jamás los buscó, y Zapatero no sólo los buscó, sino que profundizó en ellos hasta la negociación política

—En cuanto al desarrollo…

Las negociaciones de Argel fueron un diálogo de besugos, en el que las dos partes quieren que sea el otro el que dé el paso público; en la tregua de 1998 sólo hubo un contacto que acabó casi como el rosario de la aurora, sin posibilidad de nada; en 2006 se alcanzaron acuerdos políticos de fondo, que la presión social impidió se cumplieran

—Y en cuanto al final y las consecuencias…
Tras Argel, el PSOE siguió buscando acuerdos con ETA, a veces varias a la vez, desordenadamente; El encuentro de Aznar con ETA de 1999 fue el único y el último; Zapatero siguió negociando con ETA tras el fin de la tregua

—Para clarificar las cosas, ¿sería conveniente distinguir entre contactos, conversaciones y negociaciones?

Sin duda. En tiempos de Aznar hubo contactos, pero no conversaciones ni negociaciones; en tiempos de González hubo contactos y conversaciones, pero no negociaciones; en tiempos de Zapatero hubo contactos, conversaciones y negociaciones. En cualquier caso, la historia nos ha mostrado que los contactos, más aún las conversaciones y también las negociaciones, son un error que no hay que repetir. A los terroristas, ni agua. Sólo la cárcel.

—¿No “merece la pena intentarlo”, como se ha dicho?
No. Si algo ha mostrado el paso del tiempo es que el diálogo con ETA es inútil. En primer lugar, cuando intuye que se va a negociar, ETA acumula muertos sobre la mesa, porque cree que así tendrá más cartas que jugar. Cada vez que el Estado tiene tentaciones de sentarse con ETA, transmite debilidad. Negociar es invitar a ETA a intensificar su actuación. En segundo lugar, negociar con ETA es darle cierto reconocimiento. Lo logró en Argel en 1986-1989, lo logró en 1998 y no sólo logró reconocimiento nacional sino internacional en 2006. De cada negociación, ETA sale más fortalecida en cuanto a su legitimación pública. En tercer lugar, negociar con ETA es un insulto a la memoria de las víctimas, que lo son precisamente por defender un sistema político incompatible con la banda. Incluso en 1998, con un gobierno que mimaba a las víctimas, éstas se mostraron muy inquietas. De 2006 mejor ni lo recordamos…Además, es la democracia la que pierde fuerza, se envilece al negociar con los terroristas que la combaten. No hay más que ver la fuerza política que cogió el entorno político de ETA en el año 2007…

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