![]() Por [1] Carlos Echeverría Jesús. Cuando Afganistán y Pakistán ven incrementarse de forma exponencial los ataques terroristas de autoría yihadista salafista, y cuando estos se extienden también en términos operativos a frentes geográficamente próximos como Irán y en términos ideológicos a otros más lejanos como el Magreb, es el momento de explorar si esta amenaza se está viendo alimentada en su dimensión propagandística, fundamental como sabemos para su dinamización, para intentar interpretar el presente y para tratar de prever el futuro. :: Proselitismo en Al Andalus (Península ibérica) «El Yihad es una obligación para la nación islámica desde hace seis siglos, desde que se produjo la caída de la primera ciudad de Al Andalus» Aunque Alemania haya conseguido celebrar sus elecciones generales en septiembre sin que la amenaza del terrorismo yihadista salafista haya cumplido su objetivo de ensangrentar dicho proceso, ello no quiere decir que esta potencia europea haya escapado a la misma. La amenaza sigue pendiendo sobre los ciudadanos y los intereses alemanes dentro y fuera del país tal y como los inquietantes mensajes terroristas que circulan por Internet recuerdan a cada momento. Dicha presión psicológica coincide con la que en una latitud más meridional del Viejo Continente, en concreto en España, sufrimos en los últimos días en términos de presentación cada vez más sofisticada, con tintes incluso culturalistas cargados de nostalgia, de la amenaza contra los usurpadores cristianos de “Al Andalus” llamando a la recuperación de un “paraíso” que otrora perteneció al Islam, y durante varios siglos, y que a él debería inexcusablemente de volver tras haber sido usurpado por los cristianos. A imagen y semejanza de “As Sahab”, el canal de comunicación de Al Qaida central, Al Qaida en las Tierras del Magreb Islámico (AQMI) ha creado el suyo propio con esta evocadora denominación y el nombre de Al Andalus que en adelante aparecerá en todo documento oficial de la red terrorista. La llamada de AQMI a recuperar Al Andalus es también una llamada a evitar las lacras de la sociedad musulmana de entonces que les llevó a perderla: aquellos musulmanes, según el florido mensaje de la red terrorista magrebí, “se hicieron vagos, se alejaron del Yihad y se dividieron”. Esta es, para ellos, una buena definición de lo que está pasando hoy en el Magreb en términos de activismo terrorista, una situación cargada de lacras —divisiones, abandonos, perezas— que AQMI llama a superar a través de una intensificación del proselitismo, del adoctrinamiento, de la propaganda, que desarrollará a través de este órgano calificado pomposamente de ‘Instituto’ a través del cual piensa difundir sus acciones unificando su estrategia de comunicación y emulando a lo que desde 2001 hace As Sahab. Inquietante es leer en el comunicado de AQMI lo siguiente: «“El Yihad es una obligación para la nación islámica desde hace seis siglos, desde que se produjo la caída de la primera ciudad de Al Andalus. No lo es desde la ocupación de Palestina por los judíos, o la ocupación de Irak, Afganistán y Somalia por los cruzados, sino desde la caída de Al Andalus. El Yihad es una obligación desde entonces (1492), cuando Granada cayó» Aunque AQMI está aún conformada esencialmente por el fuerte tronco argelino del antiguo Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC), la red global gusta de cultivar la aproximación a los otros yihadismos salafistas magrebíes. Lo hace con especial atención a Marruecos, con frontera terrestre con España y donde el Islam y el islamismo crecen de forma imparable, y lo hace también con Libia donde los devaneos de algunos yihadistas del Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL) preocupan y mucho a los dirigentes de la red. La práctica religiosa en Marruecos se ha disparado en los últimos tiempos: el número de mezquitas asciende a las 47.967, el de imames a 42.000, el de marroquíes que en 2008 peregrinaron a La Meca a 170.000 —un 55% más que en 2007— y el de alumnos de escuelas coránicas 500.000 frente a los 300.000 de 200 Así, el comunicado de AQMI que anuncia la creación del Instituto de Comunicación recuerda a los musulmanes en general “y en particular al pueblo de Marruecos, el cual tiene su historia estrechamente vinculada a Al Andalus, la hipótesis del Yihad y cómo cada musulmán debe luchar por Dios hasta restaurar cada pedazo de la tierra islámica usurpada”. Ello se le dice precisamente a un pueblo, el marroquí, en el que según un reciente informe del Centro Marroquí de Estudios e Investigación Contemporánea elaborado por expertos ligados al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) la práctica religiosa se ha disparado en los últimos tiempos: el número de mezquitas asciende a las 47.967, el de imames a 42.000, el de marroquíes que en 2008 peregrinaron a La Meca a 170.000 —un 55% más que en 2007— y el de alumnos de escuelas coránicas 500.000 frente a los 300.000 de 2007. :: Gadafi y el GICL En cuanto a Libia, las maniobras del régimen de Muammar El Gaddafi con los islamistas radicales encarcelados, que provocan inquietud en círculos yihadistas han conducido a la liberación de hasta 88 miembros del GICL el pasado 15 de octubre. Hay que recordar que otros 104 yihadistas también encarcelados se habían beneficiado anteriormente de medidas de gracia similares pues la negociación entre el régimen y estos tiene una antigüedad de dos años y en ellas se les ofrece, como hacen las autoridades saudíes en sus famosos programas de rehabilitación de terroristas, trabajo, alojamiento y servicios sociales para facilitarles el comienzo de una nueva vida que algunos de ellos no estarán a buen seguro dispuestos a seguir. Según algunas fuentes, hasta una treintena de individuos procedentes de Alemania han llegado en el último año a Pakistán para recibir entrenamiento y combatir tanto en Pakistán como en Afganistán o bien para volver para luchar en suelo alemán. Con 3.800 efectivos sobre el terreno en Afganistán, y representando el tercer contingente militar internacional en número de miembros por detrás de los EEUU y del Reino Unido, Alemania se ha convertido en un objetivo prioritario para los Talibán y para Al Qaida y se ha avivado y mucho el proselitismo radical antialemán incluso entre círculos islamistas radicalizados en dicho país. La denominada Unión del Yihad Islámico ha emitido muchas de estas amenazas por la red y una página especialmente redactada en turco y dirigida a la nutridísima comunidad de este origen asentada en suelo alemán —la conocida como Sehadet Zamani—; esta organización procede en realidad de un grupo terrorista uzbeko nutrido en la actualidad por elementos árabes, turcos, chechenos y de otros orígenes. :: Ciudadanos extranjeros en Waziristán (Pakistán) Así, cuando las fuerzas de seguridad y los militares de Pakistán lanzan operaciones antiterroristas en algunas zonas de su territorio, como Waziristán del Norte, nadie se sorprende si súbditos extranjeros son detenidos en sus redadas. Tal fue el caso de doce extranjeros detenidos en agosto en dicha región donde hoy se localizan buen número de los actuales campos de entrenamiento terrorista, campos móviles que evocan a los del Magreb y del Sahel y que nada tienen que ver ya con los sólidamente asentados en Afganistán hasta hace una década y regentados por Al Qaida. No obstante aunque los santuarios no son ya tan cómodos como los de antaño sí siguen siendo eso, santuarios perfectamente aprovechados por los terroristas y que se extienden también a la vecina Waziristán del Sur, donde el Ejército paquistaní desarrolla actualmente una intensa campaña. La financiación de estos campos se la garantiza a los Talibán y a Al Qaida el jugoso negocio de imponer porcentajes al cultivo del opio, a su transformación en heroína y a su transporte fuera de Afganistán por Pakistán, por Irán o por las repúblicas centroasiáticas, porcentajes que son cobrados en lugares como Quetta, la capital del Baluchistán paquistaní y ciudad bien conectada con la afgana Kandahar. La proliferación de extranjeros como activistas terroristas actuando en Afganistán y Pakistán no sólo afecta a súbditos europeos y magrebíes sino también a islamistas radicales de la Federación Rusa, como chechenos y daguestanos, y, por supuesto, a ciudadanos de Estados de Asia Central con los uzbekos a la cabeza. De hecho, el veterano Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU) parece haber sufrido en los últimos tiempos incluso la muerte de su líder —Tahir Yuldashev, quien habría sido alcanzado en agosto por el ataque de un misil estadounidense— y su sustitución por un tártaro étnico llamado Abdur Rahman, pero sigue actuando con energía. Rejuvenecido el mando, el MIU estaría adquiriendo cada vez más visibilidad transfronteriza, tal y como lo corroboran la operación de la policía de Tayikistán que el 18 de octubre mataba a cuatro de sus miembros en Isfara, una localidad del Valle de Fergana situada cerca de las fronteras de Uzbekistán y de Kirguizistán, o la captura por fuerzas estadounidenses, en Afganistán el 11 de octubre, de 15 de sus miembros en la provincia septentrional de Kunduz donde está desplegado el grueso de las fuerzas alemanas. Por otro lado, el pasado 17 de julio las fuerzas de seguridad de Kirguizistán detenían a 18 personas acusadas de coordinar una red de apoyo logístico para los Talibán afganos formada por ciudadanos de Uzbekistán, Kirguizistán y Kazajstán. También Bélgica y Francia han dado visibilidad reciente a la lucha antiterrorista dirigida contra redes de reclutamiento con conexiones en estos lejanos países de Asia: tres belgas y un francés detenidos a su regreso de campos de entrenamiento paquistaníes en 2008 comparecen en estos días ante los tribunales en sus países, están acusados de recibir entrenamiento en Waziristán en el manejo de explosivos aunque sólo uno de ellos lo ha reconocido, y se sospecha que otros tres miembros de la célula se encuentran aún en Pakistán o Afganistán. Algo más atrás en el tiempo conviene recordar que la elaboración ideológica y propagandística de los ataques contra occidentales dentro y fuera de Afganistán se debe a los hermanos Mullah y Mansur Dadullah, los dos líderes que más han teorizado sobre la necesidad de llevar el campo de batalla también fuera de Afganistán. Mullah moría en mayo de 2007 y fue reemplazado por su hermano quien ha aparecido en múltiples vídeos de propaganda —ambos controlaban la agencia de noticias yihadista Umar Studio— destacándose entre ellos el que anunciaba en junio de 2007 el envío de suicidas a países occidentales. :: Movimiento Talibán de Pakistán Más recientemente, en noviembre de 2008, un vídeo hecho público por la cadena Al Arabiya mostraba a un líder Talibán afgano llamado Faruk que reivindicaba el asesinato de diez soldados franceses, en una emboscada en la provincia de Kabul el 18 de agosto de ese año, y anunciaba ataques en París si los franceses no abandonaban Afganistán. Ello se produjo un mes antes de la confusa aparición de explosivos en unos grandes almacenes parisinos. Más importante aún y de más actualidad ante la inminencia del comienzo del juicio es el intento de atentado suicida contra el metro de Barcelona, abortado en enero de 2008, y que vincula a los sospechosos con el Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP o Movimiento Talibán de Pakistán) liderado hasta su muerte el pasado agosto por Baitullah Mehsud. Por otro lado la agencia holandesa de inteligencia, el Algemene Inlichtingen-en Veiligheidsdienst (Servicio General de Inteligencia y de Seguridad, más conocido por sus siglas AIVD), concluía recientemente que frente al optimismo estadounidense debido a la eliminación durante el presente año y con aviones no tripulados de varios dirigentes de Al Qaida, la red no sólo no está más débil sino que ha sido capaz de irse recuperando de los mismos gracias a su alianza con otros grupos y a la rápida sustitución de los cuadros que caen. :: Redes de reclutamiento europeas Las redes de reclutamiento en suelo europeo facilitan todo a los candidatos, desde dinero hasta orientación en cuanto al viaje, billetes y cartas de recomendación para los líderes yihadistas en destino. Hemos dejado para el final nuestra referencia al Reino Unido precisamente por haber sido y en buena medida ser aún el país en el que el reclutamiento yihadista ha venido siendo más intenso. Tras experiencias de años anteriores como el establecimiento en Scotland Yard, en 2002, de la Unidad de Contacto con los Musulmanes (MCU), formada por agentes policiales musulmanes y no musulmanes, o el desalojo en febrero de 2005 de la mezquita londinense de Finsbury Park del conocido ideólogo yihadista salafista Abu Hamza Al Masri, que la controlaba junto con sus secuaces desde mediados de los noventa habiendo hecho de ella una gran escuela de proselitismo terrorista —el registro policial de sus instalaciones permitió intervenir armas, manuales y vestimentas militares y hasta tres equipos completos de protección contra guerra NBQ (nuclear, biológica y química)—, y su sustitución por dirigentes de la Asociación Musulmana Británica (MAB, en sus siglas en inglés), distintas experiencias positivas pueden ser inventariadas. El MCU ha mantenido contactos con imames y otros líderes salafistas para tratar de identificar a fieles radicalizados y la intervención propiciada en la susodicha mezquita de Finsbury Park ha permitido que esta haya dejado de ser el faro iluminador del terrorismo global que antes fue, pero es evidente que aún queda mucho por hacer en términos de atajar la propaganda radical. Los nuevos administradores de Finsbury Park hacen una condena selectiva de la violencia y chocan de vez en cuando con las autoridades y con sectores británicos de opinión al tratar de determinadas cuestiones candentes en el debate social y, en general, no está de más recordar las afirmaciones hechas en 2008 por la Ministra de Interior británica, Jacqui Smith, en las que se refería a los grupos que aún cuando condenan a Al Qaida promueven a la vez valores que son incompatibles con los del Reino Unido: “Ellos puede que no promuevan la violencia, pero pueden crear un clima de temor y de desconfianza en el que la violencia puede desarrollarse”. Esta experiencia acumulada, unida a los múltiples atentados e intentos de atentados sufridos en el Reino Unido en esta década y a las redes transnacionales —piénsese en las identificadas en suelo británico con conexiones en Pakistán y Afganistán—, llevaba a la aprobación en marzo de 2009 de la nueva estrategia antiterrorista británica que identifica como amenaza no sólo a los terroristas sino también a los grupos “que defienden la discriminación, socavan la democracia y son ambiguos hacia el terrorismo”. :: El proselitismo en los EEUU: más allá de lo anecdótico La creciente participación de ciudadanos estadounidenses en empresas terroristas yihadistas es, a pesar de su modestia hasta hoy, un dato preocupante. Ello hace aún más urgente el atajar el fenómeno de los “luchadores extranjeros” (”foreign fighters”) desplegados por doquier en los escenarios de combate contra el yihadismo salafista abiertos en Afganistán, Pakistán e Irak y que beben aún de la experiencia que supuso la victoria de los “muyahidin” (guerreros sagrados) que vencieron a los soviéticos en Afganistán en la década de los ochenta. Esta realidad no sólo sigue existiendo, como hemos visto en el epígrafe anterior, sino que se retroaliementa continuamente constituyendo una verdadera amenaza difícil de atajar. En opinión de la profesora Mary Habeck, de la Universidad John Hopkins, hoy hay muchas más personas vinculadas a Al Qaida que antes del 11-S porque el número de yihadistas en general ha crecido, y ello es así porque la estrategia de los terroristas tras aquellos macroatentados ha combinado eficazmente las operaciones de información y propaganda con las acciones violentas propiamente, y todo ello en un horizonte que estos visualizan un por lo menos 200 años de guerra. Esas operaciones de información y de propaganda han conseguido atraer también a ciudadanos estadounidenses como veremos a continuación, y ello a pesar de la centralidad que en la misma hay de considerar a los EEUU como el Gran Satán a destruir. Así, en suelo estadounidense el último trimestre ha sido rico en muestras de la penetración yihadista, y ello a pesar del blindaje de seguridad que caracteriza al país desde los macroatentados de septiembre de 2001. El 10 de julio un juez federal condenada a Mohammed Abdullah Warsame, ciudadano estadounidense de origen somalí, a ocho años de prisión por conspiración, habiéndose demostrado su apoyo material a Al Qaida y su presencia en campos de entrenamiento en Afganistán en el año 2000; pero lo que su caso nos permite evocar es, ante todo, la realidad de algunos ciudadanos estadounidenses de origen somalí hoy implicados en actividades terroristas en Somalia, incluyéndose la existencia de al menos tres terroristas estadounidenses muertos en el país africano, uno de ellos como suicida. El 28 de julio Salah Osman Ahmed, un estadounidense de origen somalí de Minnesota, se declaraba culpable de apoyo al terrorismo al haber viajado en diciembre de 2007 a Somalia con la intención de combatir contra los soldados etíopes en las filas de Al Shabab. El mismo 28 de julio agentes del FBI detenían en Carolina del Norte a siete personas, seis de ellas ciudadanos estadounidenses, acusadas de planear ataques en el exterior del país. También en julio, Bryant Neal Viñas (alias Bashir El Ameriki), cuyos padres proceden de Perú y Argentina y es residente en Long Island, Nueva York, era acusado formalmente de haber viajado en 2008 a Pakistán para entrenarse en un campo de Al Qaida, en el que encontró al menos a otro neoyorkino, y de haber disparado cohetes contra una base estadounidense en Afganistán. De sus interrogatorios se ha extraído información útil sobre la susodicha célula de seis miembros reclutados en Bélgica y Francia. Tantos casos acumulados en un mes y detenciones anteriores provocaban inquietud insistiéndose en los medios en fenómenos recientes como el somalí o el afgano-paquistaní que están dando visibilidad a estos “quintacolumnistas”. Más recientemente, en septiembre, cuando aún se escuchaban los ecos del mensaje en audio emitido en Internet después del aniversario del 11-S en el que Osama Bin Laden amenazaba al pueblo estadounidense, el FBI detenía a Najibullah Zazi, estadounidense de origen afgano que vive desde niño en los EEUU y que viajó a Pakistán en 2008 donde aprendió de elementos de Al Qaida a fabricar bombas caseras. Era detenido junto con su padre en Denver y una tercera persona era arrestada en Nueva York precisamente bajo la acusación de preparar ataques con bombas en Nueva York. Como vemos, la fijación simbólica por la ciudad estadounidense no se agota y la energía destinada a penetrar los muros de seguridad del gran enemigo tampoco. |
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