![]() Análisis. El secreto está en la masa y por eso el liderazgo europeo se apresta a meter las manos en la masa (la deuda). Es la masa, estúpido, se dicen unos a otros. El secreto está en la masa de la deuda. El liderazgo europeo, desbordado, asustado, se dispone a repetir lo que con tanto énfasis han condenado, los hábitos del sistema financiero privado (es la paradoja del guardián). Esto es, estructurar la deuda, empaquetarla y endosásrsela los unos a los otros. Los Bancos Centrales Europeos, en adelante, y por una buena temporada, se dedicarán a emular las prácticas que quieren prohibir al sistema financiero privado. ¡Glorioso! El Sistema Monetario Europeo se fundamenta en el rigor de la cuentas públicas, auditadas por un sistema estadístico transparente. Y el rigor, sus primeros detractores, fueron sus principales impulsores, Francia y Alemania. Los primeros infractores, en fase temprana del euro, fueron Alemania, Francia e Italia La paradoja da mucho juego. El policía acude a las mismas prácticas que el delincuente para apresarle. En este caso la Banca Pública Oficial no pretende apresar a nadie, pretende escamotear el problema. Estructurar la deuda de los países miembros y generar un mercado circular en el que participarían el Banco Central Europeo, los Bancos Centrales de cada país miembro y el Banco de Inversiones Europeo, para hacer circular la deuda pública hasta donde el cuerpo aguante. Es la receta y la consigna. Y a esto, naturalmente, lo llaman solidaridad. El enredo, la martingala (marrullería superlativa), se trabará con la palabra mágica: solidaridad. En eso están los líderes europeos, en organizar una martingala. Es un intento postrer de salvar los muebles. Dentro del euro, con los instrumentos jurídicos y financieros disponibles, solo existe un remedio: hacer correr los agujeros del cinturón, contener el aliento y rezar. Y para que la táctica del cinturón funcione, deberá ser complementada con la martingala de la deuda. ¿Funcionará la receta? Funcionará el tiempo que dure el encantamiento. El liderazgo europeo, el que existe, no está dando la talla. Está sin reflejos, la realidad les sobrepasa y las respectivas cuadras de expertos, pontifican sobre lo que conocen y lo que conocen les empuja a repetir lo que han visto: la martingala. :: Europa tiene un problema de credibilidad Los problemas estructurales de la Unión Europea está aflorando a toda velocidad, como era lógico, en un tiempo de gran adversidad. El Sistema Monetario Europeo se fundamenta en el rigor de la cuentas públicas, auditadas por un sistema estadístico transparente. Y el rigor, sus primeros detractores, fueron sus principales impulsores, Francia y Alemania. Los primeros infractores, en fase temprana del euro, fueron Alemania, Francia e Italia. Doblaron el déficit público pactado, se excedieron en su deuda, los tres por encima del 60% del PIB, y lo hicieron en los cuatro primeros años de vida del euro (2000-2004) mucho antes de que la gran crisis se produjera. Haciendo valer, y era previsible, su peso demográfico, político y económico para esquivar las sanciones que les eran de aplicación, inspiradas, precisamente, por ellos mismos. Acomodaron tanto como pudieron sus cuentas. Siguen fuera del Pacto de Estabilidad y ahora, en momentos de extrema adversidad, son los 27 miembros de la Unión Europea, y todos los miembros de la eurozona, los que sufren del mismo mal, añadiendo palitronques a la rueda del euro, a la rueda del Sistema Monetario Europeo. :: No existe instrumento legal La Unión Europea, a pesar de su pródigo acervo jurídico entre directivas, reglamentos y tratados, no contempla el rescate financiero de ningún país miembro y, a mayores, lo prohíbe. Lo que pueda hacerse, y lo que se está tramando, se realizará desde las afueras del acervo jurídico y financiero de la Unión. Queda el recurso de acudir al Fondo Monetario Internacional o constituir un Fondo Monetario Europeo con reglas similares al primero. Práctica que se ha usado con Hungría, Rumanía y Letonia. En cualquier caso, el tamaño de sus respectivos problemas (Hungría, Letonia y Rumanía) hizo posible la mencionada intervención. La receta, sin embargo, no es viable para el caso que nos ocupa. El problema, su tamaño, ha cambiado de escala. Los países miembros de la eurozona están siendo afectados por el mismo mal: dificultades para colocar su deuda porque los inversores consideran más productiva y segura la inversión en deuda de países más prometedores en Asia o países emergentes. :: ¿Es la martingala una solución? No lo es. Es una torpeza y una engañabobos que no funcionará más allá del tiempo que dure el encantamiento, que será corto. Necesitamos nuevos instrumentos monetarios y financieros. La reacción de la cumbre de los 27 puso sobre la mesa lo que es bien conocido de todos: buenas palabras y palabras de aliento de los unos hacia los otros. Y como saben que el instrumento de las palabras de aliento no constituye, por sí mismo, un remedio, se pasaron la consigna, en secreto, de oreja en oreja: martingala (empaquetar deuda pública y repartirsela, para sepultarla, por los bancos centrales de los países miembros). No estamos en buenas manos. |
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