LA AVENTURA DE VIVIR
GRANDES TALENTOS Y VIDAS REBELDES
Crepusculares
Peatóm | Víctor M. Díez | 19·07·2008 | 06:07

Amar y odiar la vida, verla a través de un cristal oscuro. Los excesos, la falta de adaptación a los géneros, a los raíles, a las normas de una sociedad que se jacta de su perfección y de su moral a prueba de balas. Perdedores, gente que camina por el lado salvaje de la vida, poetas malditos, cantantes de voz rota, músicos extravagantes, actores y actrices tan frágiles como su inmenso talento, escritores que mueren ebrios en las bañeras… Ni uno sólo de ellos hizo de su derrota profesión de fe. Ellos fueron víctimas de sí mismos, sí, quizás de su debilidad ante la falta de comprensión.

Si se agarraron a una botella o se clavaban agujas, o se zamparon todo el bote de pastillas, fue porque no soportaban la vulgaridad que los rodeaba, que nos rodea

En el callejón oscuro de estas ‘vidas rebeldes’ se esconden algunos de los talentos más genuinos de nuestra cultura. Y nadie crea que la autodestrucción y el malditismo fue el leit motiv de ninguno de ellos. Si se agarraron a una botella o se clavaban agujas, o se zamparon todo el bote de pastillas, creo más bien que fue porque no soportaban la vulgaridad que los rodeaba, que nos rodea. Nadie piense en vidas ejemplares, pero la obra de los personajes que les voy a mostrar, en este pequeño escenario de guiñol, roza la sublimidad de un mundo que se oscurece en nuestra civilización crepuscular.

El cine

Se me ocurrió escribir este artículo pensando que debía ir a ver la enésima parte de Batman ¿Batman? No me interesa nada ese héroe: el caballero negro, icono gay en sí mismo, ni en su relación con el bueno de Robin. Pero había oído hablar de la interpretación del Joker por parte de un actor especial: el australiano Heath Ledger, el rubio de Brokeback Mountain. Y eso, antes de que apareciera muerto en su habitación de Nueva York. Unas cosas me llevaron a otras.

La idea de lo crepuscular tiene algo que ver con la reinvención y con la idea de ver los tiempos gloriosos desde una verdad mucho más interesante

Recordé el rodaje de The Misfits (Vidas rebeldes) y cómo en aquella película trágica se mezclaban la ficción y la vida. La mano de Arthur Miller en el guión y el ojo de John Huston filmando el final de aquellas vidas. Un cruce de caminos, cazando caballos en el desierto de Nevada (Siempre hay nieve dormida, bajo otra nieve/ allá en Nevada, escribió Luis Cernuda). Recuerdo una fotografía de la Mágnum. Todos alrededor de una escalera, en blanco y negro: Marilyn Monroe, que se suicidaría meses después; Clark Gable, ya aquejado del cáncer que le llevaría a la tumba en semanas; Montgomery Clift, del que también sería su última interpretación antes de morir.

Lo crepuscular es un término acuñado a partir del western. Sí, había sido el género por excelencia. Un cine de aventuras que creaba ídolos, mitos fundacionales en el país de las barras y las estrellas. Los títulos son muchos y están en las mentes de todos. John Ford es prácticamente el inventor del asunto y otro John, Wayne, el icono por excelencia. La idea de lo crepuscular tiene algo que ver con la reinvención y con la idea de ver los tiempos gloriosos desde una verdad mucho más interesante. Los héroes son perdedores, los ambientes tienen un lirismo humano, no de héroe griego, y la profundidad psicológica de los personajes suele ser mucho más profunda. En los últimos tiempos, para quienes no conozcan muy bien la historia del cine, el ejemplo sería y es la magnífica Sin perdón de Clint Eastwood.

Pero el verdadero representante es un diletante llamado Sam Peckinpah. Guionista, actor y director de cine y televisión. Desde Grupo Salvaje, pasando por La Balada de Cable Hogue o Pat Garret and Billy The Kid, con Bob Dylan, Peckinpah puso las bases de aquello que se llamó el lirismo de la violencia del western crepuscular. Su cine se tachó de surrealista, misógino, absurdo y siempre contó con el desprecio absoluto de todos los críticos de Hollywood. Me encanta siempre. En otros registros como Perros de paja o La Huida siguió esos preceptos de montaje bizarro y de profundidad psicológica de sus personajes. No es extraño que Dustin Hoffman o Steve McQueen fueran sus protagonistas respectivos. La interpretación del primero en Cowboy de Medianoche, junto a Jon Voight, podría ser del propio Peckinpah. Su adicción a la cocaína y el alcohol me parecen irrelevantes, sólo una forma de conseguir morirse. Una como otra cualquiera que, a mi modo de ver, ni le pone ni le quita talento.

La música

Podríamos seguir con más historias de cine, pero quería hablarles de música. Concretamente de cantantes. En estas semanas de julio los donostiarras tendrán la suerte de ver algunos crepusculares en directo. Hablo de modernos cabareteros, de leyendas vivas. De aquellos que mantienen vivo el espíritu del Berlín de entreguerras, pre-nazi, de la bohemia parisina de los años veinte, de los sesenta en Londres, de los ochenta neoyorkinos. Pequeñas Babilonias, sí. Hubo muchos: de los Rolling a la Velvet Underground, de Kurt Weill a Billie Holliday, de Charlie Parker a Charles Mingus o Miles Davis (como se ve, no todos son cantantes en esta lista).

Pero quería hablar de cantantes vivos ¿Alguno ha muerto? Hace unos días cantó en San Sebastián el irreductible Tom Waits

Pero quería hablar de cantantes vivos ¿Alguno ha muerto? Hace unos días cantó en San Sebastián el irreductible Tom Waits. Como el presentador de un circo (o el maestro de ceremonias de la película Cabaret, de Bob Fosse), este californiano de voz rasgada y actitudes de clown invita a su mundo de canallas, perdedores y lirismo alcohólico. “Puedes pagarme un trago y te diré qué he visto”, invita en uno de sus poemas canción. Textos, música interpretación ( es un habitual en el cine independiente de Jarmush o en películas de Coppola), cuando sale al escenario nos arrastra a su mundo, nos muestra una poética completa. Rain Dogs, somos perros de lluvia para el de Ponoma, esos perros que se pierden después de un aguacero, pierden el rastro. ¡Que comience el espectáculo! “Y Springteen en el camerino…”, cuentan que se gritaba en el concierto. Quizás fuera cierto porque, sólo unos días después, el autor de Born in the USA estaría cantando en la misma palestra. Nos encantaría verlos, si no hubiese sido por los ciento y pico de euros.

“Y Springteen en el camerino…”, cuentan que se gritaba en el concierto. Quizás fuera cierto porque, sólo unos días después, el autor de Born in the USA estaría cantando en la misma palestra

¿Quién da más? Para completar un trío cabal, en la misma ciudad de la costa norte, el próximo día 23 actúa Paolo Conte, una alternativa europea a estas voces del otro lado del océano. El italiano que comenzó como compositor de éxitos para cantantes de la época de San Remo, como Adriano Celentano, decidió un día tomar las riendas de su voz ronca y rítmica… Una delicia de letra y música en el juke-boss de su imaginación. Un melange desarmonizado por la vitalidad y la tristeza, que trae el tango, el jazz y algunos ritmos populares en su aire sereno. Sus letras han dado que hablar hasta el punto de que en 1991 recibió el premio Eugenio Montale, habitualmente reservado para poetas. “Creo que han sido excesivamente benévolos”, llegaría a declarar “no hay que confundir una canción con un poema, obedecen a procesos distintos”. Conte, un discreto abogado de provincias nacido antes de la II guerra mundial recuerda la música de jazz como el sonido de la libertad. Nacido en 1937 recuerda como Mussolini había prohibido la música americana, pero cómo su madre interpretaba piezas de Duke Ellington al piano. Dice estar harto de que los periodistas le llamen el Waits mediterráneo y lo atribuye a la pereza mental de quienes cuentan las cosas.

La escritura

La idea primera de lo crepuscular tiene algo que ver con reinventar. Dar nueva vida a un género, a una estética, enarbolar alguna forma de vanguardia en el sentido de comenzar algo nuevo. Pero nada hay nuevo. Lo viejo y lo nuevo se funden y refunden en un continuum. Por tanto el que estuvo el primero en un lugar, quizás se quedó el último la noche anterior. La tradición que alguien subvierte ha de ser volcada desde la asunción y conocimiento absolutos de la misma. Quizás se pueda decir que el más vanguardista es el más tradicionalista y no mentir. Momento crepuscular es aquél impás, un instante histórico en que, como diría Marx, no habiendo nacido lo nuevo, lo viejo ha muerto ya.

Momento crepuscular es aquél impás, un instante histórico en que, como diría Marx, no habiendo nacido lo nuevo, lo viejo ha muerto ya

Un ejemplo extraordinario de este instante de brillante oscuridad es el poeta francés Arthur Rimbaud. Se puede decir que es la figura que instaura la modernidad. Más allá del titular de un muchacho de 17 o 18 años que nunca más volvió a escribir. Les exhorto a volver a los textos, es maravilloso. Tiene algo de libro revelado, la poesía de Rimbaud. Algo de conciencia de occidente. Ese muchacho imberbe escribió cosas, hablando como hablábamos de tradición y vanguardia, como: “Si esos tiempos volvieran, tiempos que pasaron./ Porque acabó el Hombre, representó ya todos sus papeles./ A plena luz, cansado de destruir ídolos,/ resucitará libre de todos sus Dioses,/ y, como pertenece al cielo, escrutará los cielos”. Así, ni más ni menos. No faltan los detectives que hurgan aquí y allá, buscan motivos, lanzan hipótesis para explicar algo tan sencillo como lo inexplicable. Habla Rimbaud en su defensa: “No podemos saberlo. Estamos apalastados/ por un manto de ignorancia y de angostas quimeras./ Parodias de hombres caídos de la vulva de sus madres,/ nuestra pálida razón nos esconde el infinito”.

Les exhorto a volver a los textos, es maravilloso. Tiene algo de libro revelado, la poesía de Rimbaud. Algo de conciencia de occidente

Más en consonancia con los personajes de teatrillo que presenté anteriormente, está ese brujo llamado Bukowski, Charles Bukowski. Su escritura encaja mejor en el estereotipo del malditismo. De ese vivir Bajo el volcán. Como otros miembros de su generación. Allen Gibsberg el suave o Jack Kerouac, el salvaje En el camino. De estos también hemos tenido aquí, en España me refiero. Como Leopoldo María Panero que, a pesar de su deterioro mental y de voz (de escritura), puede acercarnos a algunos abismos de ida y vuelta interesantes.

Bueno lo cierto es que todo esto parece una carta abierta a un futuro absurdo. ¿Permiten en este periódico dar rienda suelta, escribir por escribir? Parece que sí. Quizás también sean crepusculares en algún sentido. No hace falta ni aclarar que todo lo afirmado aquí es rebatible de la A a la Z. Sólo es un paseo, una invitación. Brindemos.


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