El fotógrafo Alfonso Sánchez García, ‘Alfonso’, fue uno de los fotógrafos españoles clave de la primera mitad del siglo XX. Pero sobre todo fue un periodista gráfico, un testigo privilegiado de los acontecimientos y los momentos más significativos de la sociedad de su época.
Su trabajo como fotoperiodista y retratista, investigado durante más de diez años por el historiador Publio López Mondéjar, ha permitido reconstruir uno de los periodos más intensos de la historia de España, condensados ahora en la exposición Alfonso, medio siglo de historia de España. La muestra albergada en el Centro Leonés de Arte hasta el cinco de octubre, es una colección única que aporta nuevos datos sobre la realidad política, social y cultural del Madrid y la España de esa época. Y brinda una buena ocasión para revisar algunos documentos visuales que son considerados imprescindibles para la reproducción de nuestro pasado histórico más próximo.
La exposición, una coproducción específica de Caja Madrid y Lunwerg Editores, supone el estudio definitivo de la trayectoria de este gran maestro del fotoperiodismo español, una figura fundamental, que con su cámara captó los momentos más importantes de España, desde los inicios del siglo XX hasta el año 1953.
Es una colección única que aporta nuevos datos sobre la realidad política, social y cultural del Madrid y la España de esa época
Sin embargo hay que destacar que la obra con más interés es la realizada entre 1904 y 1939. Así lo señaló, Luis García, Director de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura, en la presentación de la muestra: “Como aclara Publio Mondéjar, la obra de Alfonso que se refleja en la exposición, correspondiente al periodo comprendido entre 1939 y 1953, se considera como una etapa menos interesante, consecuencia de la postergación a la que fue sometido su laboratorio. La obra más potente y más fuerte es la que realiza desde 1904 hasta el año 1939, que es cuando acaba la guerra civil española. Es su obra más importante. Porque a partir de ese periodo entra en desgracia, le quitan el carné de fotoperiodista y le apartan de lo que realmente vivía y sentía”.
Este paseo por el recuerdo, integrado por 88 fotografías —seleccionadas entre las 350 que forman el catálogo publicado por Lumwerg Editores— desvela, a través de temáticas muy variadas, el complejo entramado de la España convulsa y trágica, que el fotógrafo atrapó con su cámara: acontecimientos históricos, políticos y sociales, como la proclamación de la República y la Guerra Civil; escenas cotidianas pobladas de rostros anónimos —conductores, tostadores de café, mieleros, músicos— y retratos de los más célebres intelectuales de la época.
Imágenes para no olvidar
Entre una de las mejores y menos conocidas imágenes tomadas por ‘Alfonso’ figura la jornada de la proclamación de la República, captada el 14 de abril de 1931 en la madrileña Puerta del Sol . Hay recogidos otros momentos históricos importantes como la fotografía que muestra el primer despacho oficial entre Alfonso XIII y el general Miguel Primo de Rivera, fechada en septiembre de 1923.
Estremecedora y trágica es la imagen del Cuartel de la Montaña, tras la toma por las fuerzas leales a la República, el 20 de julio de 1936. Una fotografía histórica que capta de una manera secuencial la realidad, y sirve para no olvidar la sinrazón de la guerra.
Y una imagen que se ha visto mil veces es el mitin callejero de Pablo Iglesias, en 1915. En ella se reflejan los primeros pasos del movimiento obrero. Las izquierdas —socialistas, comunistas y anarquistas—, se han situado.
La vendedora de pavos en la plazuela de Santa Cruz, tomada en diciembre de 1925, que ilustra el díptico de la exposición es una de las joyas de esta colección que registra la sociedad del momento.
Son documentos imprescindibles para reconstruir los cincuenta años más vehementes de la política, la sociedad y la cultura española del pasado siglo, a veces contados por los propios personajes que lo habitaron: Valle Inclán, los hermanos Machado, Benito Pérez Galdós, Federico García Lorca, Manuel Azaña, Ramón y Cajal, Gregorio Marañón. Intelectuales, políticos e investigadores a los que el fotógrafo tomó el pulso de la época y en los que registró la historia. Recordar esta parte de nuestro pasado puede servir, según Luis García, para afrontar el futuro con mayor bagaje y para saber quiénes somos, dónde estamos y de dónde venimos. “Hay que tener en cuenta que en este recorrido se reflejan dos recuperaciones de la monarquía, dos repúblicas, una guerra civil y también una dictadura. Todo ese mundo fascinante, en el que los españoles hemos cambiado la concepción y por así decirlo hemos pasado de una estructura monárquica y con unas tradiciones ancestrales a una modernización del país, a un cambio, una ruptura, a que exista el sufragio universal, a que todo el mundo sea libre y tenga un voto y a ver cómo se abren las puertas de un país que es España. Todo ese proceso aparece captado con una gran maestría por Alfonso”.
Lo cotidiano, otra mirada
La realidad social fue otro de los puntos de mira del reconocido fotógrafo. Muestra la realidad tal como es, no hay artificio. La vida cotidiana es captada con cercanía, naturalidad y plasmada con sólida factura: los encuadres, la composición, son de una gran calidad. Valgan como ejemplos las imágenes que obtuvo de tantos rostros anónimos del Madrid de aquellos años de penuria. Fotografías que muestran la muerte en la calle, a través de un depósito o una comitiva fúnebre; la pobreza del pueblo que busca entre las basuras.
Retratos de la sociedad madrileña más desfavorecida, obreros y desheredados, que combina con la mirada a otros sectores más afortunados de la estructura social; figuras del deporte, los toros, la cultura y el mundo del espectáculo. Entre ellos Joselito y Juan Belmonte, las grandes figuras taurinas de ese tiempo, el escritor Gómez de la Serna o la cantante Raquel Meyer.
Piezas extrañas
La fotografía ‘Zeppelín sobrevolando la Gran Vía madrileña’, tomada en 1930, está considerada como una pieza excepcional. En palabras de Luis García “es una joya a nivel compositivo —en ella se enfrentan dos líneas horizontales con las verticales de la calle— y una pieza extraña dentro de esta colección por su contenido plástico. Alfonso tiene muchísimas piezas que son clave, no ya solo por el hecho histórico, contextual o documental de la sociedad, sino por el contenido artístico”.
Otra pieza extraña que aparece en esta exposición es la que se titula ‘Mi mujer’. Destaca del resto de la obra porque es una fotografía artística. Una pieza pictorialista influenciada por la pintura holandesa de interiores. Y Alfonso no es un pictórico, pero sí desarrollo en un momento de crisis algunas obras en las que imitaba la pintura de la época. Curiosamente con esta fotografía obtuvo premios a nivel internacional. Ese peso tradicional de la cultura aparece en muchas de sus piezas.
Más de una década de investigación
El fotohistoriador Publio López Mondéjar, comisario de la muestra, ha invertido más de una década en investigar las imágenes que dan forma a esta exposición y al libro que le ha dedicado al fotógrafo Lunwerg Editores; fotografías custodiadas en distintos archivos y colecciones, tanto públicas como privadas. Ha consultado miles de negativos y documentos originales absolutamente desconocidos hasta hoy, que se guardan en el Fondo Alfonso del Archivo General de la Administración; cientos de copias de época de los archivos de los medios en los que colaboró Alfonso en sus años de reportero, especialmente el de las revistas de Prensa Gráfica, incautado por el Estado en 1939; diversas colecciones públicas y privadas, así como el importantísimo legado de documentos y fotografías originales conservados por los descendientes del fotógrafo.
La firma
La firma Alfonso apareció por primera vez en la prensa, en 1904, cuando el célebre periodista Julio Burell le invitó a dirigir la sección de fotografía del diario El Gráfico.Por aquel entonces Alfonso Sánchez García tenía 24 años. Desde ese momento, su celebridad no hizo más que crecer, tras sus reportajes de la revolución portuguesa (1909), las campañas de Marruecos (1909-192l), la ejecución del capitán Sánchez (1913), la Huelga General (1917), el vuelo del Plus Ultra (1926), las sublevaciones de Jaca y Cuatro Vientos (1930) o la proclamación de la República (1931).
Cuando en 1923, el general Primo de Rivera dejó en suspenso la Constitución, todas las publicaciones gráficas se disputaban su trabajo, pese a su conocida vinculación con La Libertad, El Sol, y otros diarios republicanos y democráticos de la época.
“Uno de los grandes problemas que se encontró el comisario de la muestra Publio Mondéjar fue que el sello Alfonso implica que muchas de sus obras son por ejemplo de su hijo Alfonsito Sánchez Portela”
Tenía un lugar de privilegio en la jerarquía laboral del periodismo gráfico madrileño, gracias a su talento para el reportaje, a su natural instinto y penetración, su sorprendente ubicuidad, y una afición por su oficio que le distinguió del resto de sus colegas. Pero su prestigio como reportero no empañó nunca su gran popularidad como retratista, que convirtió su estudio de la calle de Fuencarral en rebotica y punto de cita de periodistas, escritores, políticos, toreros y gentes de la farándula. De entonces son algunos de sus mejores y más olvidados retratos, como los del maestro Federico Chueca, un tímido y juvenil Valle-Inclán, José Nakens, La Fornarina, Cansinos-Asséns, Felipe Trigo o el general Burguete.
:: Saga de reporteros
El legado de Alfonso no se quedó en sus fotografías, sino en la prestigiosa saga de reporteros gráficos que dejó encarnada en sus propios hijos Alfonso, Luis y Pepe Sánchez Portela. El mayor conocido entre sus compañeros de oficio como ‘Alfonsito’, fue el que siguió la saga con mayor entusiasmo y finalmente acabó heredando el estudio de su padre. Un hecho que causó ciertos equívocos sobre la paternidad de las fotografías que al fin se aclararon, tras el minucioso análisis que Publio López Mondéjar hizo del archivo familiar formado por más de 200.000 negativos. “Uno de los grandes problemas que se encontró el comisario de la muestra Publio Mondéjar fue que el sello Alfonso implica que muchas de sus obras son por ejemplo de su hijo Alfonsito Sánchez Portela”. “En los mejores momentos de su estudio fotográfico Alfonso contó además de sus propios hijos como asistentes, con unas setenta personas trabajando en el revelado, positivado, el secado y el planchado. Se hacían numerosos reportajes. Era como una gran firma”.
‘Alfonso, medio siglo de historia de España’
Centro Leonés de Arte. Del 7 de agosto al 5 de octubre
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