
Con 18 años Pedro Alonso López es detenido por varios delitos relacionados con el robo de coches. Es un ladrón de vehículos muy hábil y admirado por los aprendices más jóvenes del negocio. Es encarcelado y sentenciado a siete años de prisión. Nada más ser encerrado es violado por otros cuatro internos del penal. Pero éste no es, ni mucho menos, el peor de los abusos sufridos por Pedro.
Nace en Tolmia, un pequeño pueblo colombiano. Es el séptimo de los 13 hijos de una prostituta de agrio carácter y mano dura con su prole. A los ocho años la matriarca descubre a Pedro manteniendo relaciones sexuales con una de sus hermanas menores. Su madre le obliga a abandonar la casa y él jura que nunca volverá a pisar el único lugar que ha podido llamar hogar.
Tras varios días vagando por las calles, solo y hambriento, un hombre le ofrece cobijo. Pedro acompaña al desconocido a lo que, imaginaba, sería su nuevo y confortable hogar. El destino es muy diferente; una casa abandonada donde el viejo le sodomiza antes de echarle.
Es el séptimo de los 13 hijos de una prostituta de agrio carácter y mano dura con su prole
Después de este escabroso capítulo, Pedro duerme en las aceras y edificios abandonados y únicamente de noche sale de su escondite en búsqueda de comida en los cubos de basura y vertederos locales. Un año más tarde comienza a viajar por el país para terminar en la ciudad de Bogotá.
Vagabundea y recoge basura hasta que conoce a un americano que, sintiendo pena por su aspecto desvalido, le da cobijo. El hombre decide acogerle en su casa. Lleva una vida normal hasta que con doce años un maestro abusa sexualmente de él, recordándole así cuál era su pasado. Roba dinero en la escuela y huye de su casa. Pedro vuelve al único lugar seguro que conoce, las calles de Colombia. Allí es donde aprende el oficio de ladrón de coches que le llevará por primera vez a la cárcel.
El odio se traduce en asesinatos
Dos días después de ingresar en prisión es violado por cuatro presos. En el siguiente ataque, Pedro se jura a sí mismo que nadie volverá a tocarle de nuevo. Construye un cuchillo con los utensilios de la prisión y dos semanas más tarde cumple su venganza y asesina a cada uno de los cuatro hombres que han abusado de él. Las autoridades juzgan el caso como defensa propia y le agregan una condena adicional de dos años.
A su salida de prisión en 1978, Pedro viaja a Perú. Durante este tiempo comienza su carrera de asesino en serie. Tal y como él mismo reconocería más tarde, ataca de forma violenta y asesina, por lo menos, a 100 muchachas jóvenes de tribus locales.
“Perdí mi inocencia a la edad de ocho años”
El único incidente documentado en esta época ocurre en el Norte del país donde es capturado por un grupo de ‘Ayacuchos’ mientras intenta secuestrar a una muchacha de tan sólo nueve años. Los indios le despojan de sus ropas, pertenencias y le torturan durante varias horas antes de decidir enterrarle vivo. Pero la suerte está de su lado. Un misionero americano interviene en el ajusticiamiento y convence a sus captores de que el asesinato es un acto impío. La tribu sigue las recomendaciones del sacerdote y entrega a su prisionero a las autoridades peruanas, las cuales no quieren perder el tiempo en investigar la denuncia y deportan a Pedro a Ecuador.
En su estancia en Ecuador, Pedro realiza varios viajes. En sus escapadas incluso llega a Colombia. Coincidiendo con su periplo por la región andina comienzan a producirse numerosos casos de jóvenes desaparecidas que las autoridades achacan a la trata de blancas y la demanda exterior de esclavas sexuales.
A menudo busca sus blancos con “una mirada segura de inocencia”
En abril de 1980, una riada inunda la ciudad de Ambato, capital de la provincia del Tungurahua. El lodo y el agua dejan al descubierto los cuerpos de cuatro muchachas. Días después de la inundación una mujer de la localidad, Carvina Poveda, se dirige a realizar sus compras a un supermercado local con su hija Marie, de 12 años, cuando un hombre desconocido intenta raptar a la joven. Carvina pide ayuda para detener al hombre que trata de huir del supermercado con su hija en brazos. Los empleados de la tienda capturan a Pedro antes de que pudiera escapar y lo retienen hasta que llega la policía.
Confesiones
Una vez en la comisaría, Pedro se niega a cooperar con las autoridades y permanece en silencio durante todo el interrogatorio. La llegada del padre Córdoba Gudino —que compartió celda con él- cambia su actitud. Al día siguiente, ya ha revelado actos tan repulsivos al sacerdote que éste pide abandonar la celda.
Pedro confiesa que ha asesinado por lo menos a 110 muchachas en Ecuador, 100 en Colombia, y “muchas más de 100″ en Perú. “A mí me caen bien las muchachas de Ecuador,” explica, “son más dóciles, confiadas e inocentes; no son como las muchachas colombianas que sospechan de extraños.”
“A mí me caen bien las muchachas de Ecuador,” explica, “son más dóciles, confiadas e inocentes; no son como las muchachas colombianas que sospechan de extraños.”
En el transcurso de sus confesiones, Pedro justifica sus crímenes como una respuesta a la cruda realidad que le ha tocado vivir, desde su desdichada infancia hasta su adolescencia difícil y solitaria. “Perdí mi inocencia a la edad de ocho años” asegura, “así que decidí hacer lo mismo a tantas muchachas jóvenes como pudiera”.
Cuando se le pregunta cómo selecciona a sus víctimas, Pedro detalla que a menudo escoge sus blancos con “una mirada segura de inocencia”. Siempre busca sus víctimas a la luz del día, porque no quiere que la oscuridad esconda sus verdaderas intenciones.
Pedro explica que primero las violaba para después estrangularlas mirándolas fijamente sus ojos
Cuando se le pregunta qué hacía con estas víctimas, Pedro explica que primero las violaba para después estrangularlas mirándolas fijamente sus ojos. Quería sentir el placer sexual más profundo antes que su vida se marchitara. Asegura que el horror continuaba aún después de su muerte.
La policía se muestra inicialmente escéptica ante las espantosas confesiones. Pedro se da cuenta de que los investigadores dudan de su palabra y se ofrece a llevar a los agentes a los lugares donde él mismo había enterrado los cadáveres.
En Ambato descubren los cadáveres de 53 muchachas, de edades comprendidas entre ocho y doce años. Durante todo el día Pedro les conduce a 28 nuevos emplazamientos en los que no se descubren nuevos cuerpos. Pedro sigue insistiendo en la cantidad de 110 cadáveres como resultado de sus crímenes.
En Ambato descubren los cadáveres de 53 muchachas, de edades comprendidas entre ocho y doce años
En 1980, Pedro Alonso López es declarado culpable del delito de asesinato múltiple y es sentenciado a pasar el resto de su vida en prisión.
“Sus actos pertenecen al perfil,” asegura Robert Ressler, investigador criminalista del FBI, sobre Pedro Alonso López. “Los asesinos múltiples muy a menudo deben sus actos a obsesiones de algún género relacionadas con sus madres. Una relación de odio. Estas madres, habitualmente no serán candidatas a madre del año. El hilo común parece ser el elemento sexual. Madres que tienen muchos compañeros del sexo y el hijo es sabedor de ello. Por supuesto, los niños de prostitutas son los más probables prototipos si se les expone a este tipo de conducta, agresiva y desentendida por parte de la madre”.
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