
Traey Edwards recorre plácidamente los pasillos de uno de los centros comerciales de Milwaukee, cuando conoce a Jeffrey Dahmer, un empleado de una fábrica de caramelos que le invita a tomar una copa en su apartamento. El hombre, de 32 años, no sabe que este momento va a cambiar su vida y va a conseguir atrapar a uno de los asesinos en serie más famosos de la historia, ‘el carnicero de Milwaukee’.
Edwars consigue escapar de las garras de Dahmer y su testimonio ante la policía permite comenzar la investigación que acabará con la detención y encarcelamiento de un asesino en serie cuyo perfil psicológico cumple con todas las variantes del hombre carente de todo aquello que hace tolerable llevar una existencia normal.
El joven Jeffrey es tímido, no tiene amigos y sufre constantes y pesadas bromas de sus compañeros de clase
Su actitud negativa le impide tener amigos, relaciones, trabajos, intereses, ocupaciones, dinero, esperanzas o simplemente un lugar dónde vivir. Jeffrey Dahmer nace el 21 de mayo de 1960. Es el único vástago de un matrimonio con problemas; Lionel y Joyce. Un investigador químico y una neurótica ama de casa cuya unión termina en un tortuoso divorcio.
El joven Jeffrey es tímido, no tiene amigos y sufre constantes y pesadas bromas de sus compañeros de clase. Desde muy pequeño se interesa por la anatomía animal. Caza pequeños insectos y los conserva en formol.
Su familia cambia de vivienda hasta seis veces antes de establecerse en 1968 en Ohio. Jeffrey pasa la mayor parte de su infancia escondido en un cobertizo de madera en una colina cazando animales como ardillas o mapaches, para pasar a otras piezas más grandes. Transporta los cuerpos hasta el bosque donde los deja pudrirse. Luego sumerge los restos en lejía para limpiar y blanquear sus huesos.
El aislamiento del pequeño Jeffrey aumenta cuando su madre queda postrada en una cama tras la ingesta de tranquilizantes y somníferos. A los once años ya hablaba de manera monocorde. Se convierte en un solitario. Comienza a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los animales que cazaba. A los dieciséis años acude borracho y drogado al instituto.
Al año siguiente, su padre abandona el hogar familiar. El chico se venga recogiendo en la carretera a un autoestopista, a quien lleva a su casa para asesinarle, luego mete el cuerpo en un saco de basura y lo arroja por un barranco.
Comienza a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los animales que cazaba. A los dieciséis años acude borracho y drogado al instituto.
Después de esto, entra en una crisis depresiva y su padre lo envía a la universidad. Allí también es rechazado por su continuo estado de embriaguez, y en diciembre de 1978 su padre le obliga a alistarse en el ejército, pero sus continuas borracheras no cesan. Al licenciarse va a vivir con su abuela, con quien muestra una incipiente reinserción. Comienza a ir a la iglesia, a leer la Biblia e incluso reduce su dosis de alcohol y encuentra trabajo en una fábrica.
Su nueva forma de comportarse dura poco tiempo. Comienza a masturbarse insistentemente e incluso roba un maniquí que le hace las veces de compañero sexual. Es en esta época cuando comienza a frecuentar las saunas de Milwaukee, donde se daban cita algunos homosexuales para tener relaciones anónimas e impersonales, pero le resulta difícil excitarse mientras sus parejas permanecen despiertas. Opta por drogar con somníferos a sus eventuales compañeros antes de mantener una relación sexual. Después de esto, ninguno de sus amantes quiere volver a saber más de él. Es entonces cuando se da cuenta de que la mejor fórmula para satisfacer sus instintos sexuales será buscar cadáveres.
Una noche, tras asistir al funeral de un joven de 18 años, decide acudir al cementerio para desenterrar el cuerpo, pero las bajas temperaturas han congelado la tierra y no lo consigue.
En septiembre de 1986 es arrestado por exhibicionismo indecente. Le realizan su primer análisis psicológico cuyo diagnostico es claro; posee una personalidad peligrosa.

Un año después mata por segunda vez. Esta vez se trata de un joven negro al que ofrece una bebida dopada. Dahmer despierta al día siguiente encima de un cuerpo ensangrentado, pero afirma no recordar nada de lo que acorrió aquella noche. Lo que sí revive es cómo tras levantarse mete el cadáver en el armario y sale a comprar una gran maleta para trasladar el cuerpo a casa de su abuela. Allí cuenta que lo guarda en el sótano y lo desmiembra, envolviendo la cabeza en una manta y guardándola en una estantería para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.
Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre que tiene ocasión. Como cualquier asesino en serie que se precie sigue siempre el mismo modus operandi: primero el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego ofrece a sus víctimas una bebida con somnífero y finalmente los estrangula. Después de matar a su víctima se queda abrazando el cadáver, pensando en cómo conservar la cabeza, un trofeo que más tarde pasa a formar parte de un altar, adornado con los huesos, en su habitación.
Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en serie. Empezó matando cautelosamente, asustado por sus crímenes. Luego, el ritmo aumenta y se convierte en una máquina de matar más efectiva. Con el tiempo se vuelve arrogante y despreocupado, convencido de que no puede ser apresado por ningún ser mortal, creyendo tener máximo poder y autoridad sobre los demás.
El 30 de enero de 1989 es declarado culpable de atentado contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar a cumplir la condena de un año de cárcel, mata a otro joven, guarda el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor satisfacción sexual lo mutila y le pinta el cráneo con aerosol.

En marzo de 1990 se traslada a un deteriorado apartamento. Adquiere una larga mesa y dos grifos de plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí toma fotos de sus amantes muertos. Luego, congela los órganos, come parte de la carne y hierve el resto en una enorme olla antes de verterlos en un gran contenedor de basura lleno de ácido.
Normalmente, raja los cuerpos desde el cuello hasta la ingle frotando las vísceras para procurarse un mayor placer sexual, pero llega un momento en que este placer no es suficiente. Es entonces cuando piensa en crear una especie de ‘zombis’ o muertos en vida que pueda conservar sin que se deterioren, agujereando sus cráneos e inyectándoles un líquido.
A veces se baña en compañía de los cadáveres. En la nevera guarda corazones; en el congelador, cabezas; en un fichero, cráneos y en la cama, un cuerpo descompuesto. Así lo describen los policías que registraron su casa horrorizados tras arrestarlo el 23 de julio después de la denuncia de Tracey Edwars.
El juicio comienza el 27 de enero de 1992. Desde el principio queda claro que le impulsaba un trastorno mental, a pesar de que él hacía todo lo posible por disimular su trastorno.
Después del veredicto habla por primera vez ante el tribunal diciendo “Señor juez, todo ha terminado. Me siento muy mal por lo que hice a esas pobres familia y comprendo su merecido odio. Asumo toda la culpa por lo que hice. He hecho daño a mi madre, a mi padre y a mi madrastra, pero les quiero mucho”.
El Carnicero de Milwaukee es sentenciado a 900 años por 17 asesinatos, pero muere en la cárcel en 1994 asesinado a golpes por un recluso. Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelean por la posesión de su cerebro. Llegan incluso a enfrentarse ante los tribunales. La madre desea vendérselo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo quiere enterrarlo lejos de todo el mundo y de su memoria.
También los parientes de sus víctimas, representados por un abogado, consiguen hacer negocio con los utensilios utilizados por el asesino para trocear y desangrar. Su nevera se subasta públicamente, al igual que todo tipo de cuchillos, sierras, picadoras y taladros.
Un grupo de ciudadanos de Milwaukee compra el lote completo con intención de crear un ‘museo de los horrores’ para la atracción de los turistas, pero al final destruyen el macabro legado del ‘carnicero’.
El trabajo forma parte de la tesis doctoral del investigador japonés Yuichi Nakazawa realizada en la Universidad de Nuevo México bajo la dirección del profesor Lawrence Straus.
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