
Una de las generaciones literarias más celebradas del pasado siglo, The Beat Generatión, es deudora del bebop, un estilo innovador de jazz que comienza a tener resonancia al mismo tiempo que sus obras de referencia. Nos encontramos a caballo entre la década de los cincuenta y los sesenta, en la segunda posguerra norteamericana. Momento en el que Estados Unidos vive una gran revolución económica y social que le lleva a la cultura del consumismo, coincidiendo esta situación con su papel hegemónico en la política mundial. La cultura de la primera televisión y el sofá ha comenzado, y este grupo de escritores, acompañado de músicos de la talla de Dizzy Gillespie, Charlie Parker y Miles Davis, se oponen al conformismo reinante en la sociedad y tratan de luchar contra él empleando para ello el arte.
El apelativo beat tiene su origen en la propia jerga de los músicos de jazz, que lo empleaban para definir al pobre o exhausto. Hace ahora sesenta años que Jack Kerouac se sirvió de él para denominar a su grupo de amigos y la filosofía moral que defendían, añadiendo un nuevo significado a la palabra, sugiriendo la relación de beat con beatífico o beatitud. Con este término aluden a los primigenios orígenes de sus ideales, en los que se encontraba ya la atracción por la naturaleza de la conciencia y un intento de comprensión del pensamiento oriental y sus prácticas de meditación. A raíz de su aparición en prensa, el término fue utilizado sin ningún tipo de discriminación, empleándolo como fracaso o ritmo, dependiendo del grado de empatía del interlocutor con la filosofía de este grupo de jóvenes escritores, a los que ya se conocía como beatniks.
Comoquiera que se entienda el término, la Generación Beat designa a un grupo de jóvenes literatos, tanto prosistas como poetas, que comienzan a escribir a finales de los años cuarenta y tienen su auge en la siguiente década. El grupo inicial estaba formado por Jack Kerouac, John Clellon Holmes, Neal Cassady, William Burroughs, Herbert Huncke y Allen Ginsberg, compartiendo Kerouac y Ginsberg el liderazgo ideológico. Más tarde se unirán a ellos Carl Salomón, Philip Lamantia, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti y Peter Orlovsky. El séptimo arte sirvió también como lienzo para estos artistas, que en 1959 rodaron su única película, un experimento creativo titulado Pull my Daisy.
Liberación espiritual, libertad de expresión
Los Beatniks abogan por hacer del arte la exaltación de la manifestación de las texturas propias de los estados mentales. Su meta es la liberación espiritual, la libertad de expresión, la lucha contra el stablishment. De este modo, se postulan como abanderados de la liberación sexual, de la defensa de la homosexualidad, del apoyo a la raza negra y a la mujer: los estratos más marginados de la sociedad occidental de la época. En la base de su ideología está el enfrentarse a un estilo de vida que encuentran excluyente y basado en valores comerciales, plagado de ideales puritanos y tradicionalistas y con una gran carga de conformismo. Pretendían mostrarse despojados de falsas moralidades y retrógrados principios y rechazaban tajantemente cualquier postura política. Se trata, en definitiva, de combatir el American Way of Life.
En aras de enarbolar la contra-sociedad, los beatniks hicieron uso de sustancias psicotrópicas como búsqueda del verdadero conocimiento. Entre sus drogas favoritas se encontraban la heroína y la benzedrina, comúnmente utilizadas por los músicos de bebop de la época, pues esperaban que la inspiración les llegase del mismo modo que a los artistas que más admiraban.
El bebop se convirtió en algo más que una afición común entre este grupo de estetas; les proporcionó un modo de entender la vida y el arte. Los beatniks emplearon las premisas del bebop en la elaboración de sus obras, tanto en verso como en prosa, logrando con ello un nuevo estilo al que se le nominó como bop prosody. Se trataba de liberar a la inconsciencia, de lograr plasmarla en papel; por lo que sus frases, especialmente en su poética, son fruto de la espontaneidad y casi nunca son corregidas posteriormente. Se trataba de adoptar parte de la filosofía oriental, en este caso el budismo, del que el propio Ginsberg rescata la sentencia: El primer pensamiento es el buen pensamiento.
Allen Ginsberg encarna en su propia vida la ideología de toda la generación. Polémico allá donde se encontrase, viajó por todo el mundo convirtiéndose en un mito de la juventud de su tiempo, sobre todo en Europa.
Los Beatniks abogan por hacer del arte la exaltación de la manifestación de las texturas propias de los estados mentales. Su meta es la liberación espiritual, la libertad de expresión, la lucha contra el stablishment.
Llegó a ser expulsado de países como Checoslovaquia o Polonia debido a su defensa de temas como el consumo de drogas o la homosexualidad. Su obra más relevante es el poema publicado en 1956 bajo el título de Howl (Aullido), que se convirtió en himno de toda una generación de jóvenes a ambos lados del Atlántico. El poema, como el resto de su obra, mantiene una gran semejanza con la cadencia del bebop, utilizando un ritmo sincopado que el mismo poeta aseguraba que adecuaba a su respiración. Ginsberg estuvo siempre en sintonía con su tiempo, fue un importante integrante de la escena hippy en los años sesenta; y en los setenta tuvo contacto con el mundo punk, llegando a colaborar con The Clash. También cultivó una estrecha amistad con el poeta del folk Bob Dylan, inspirándole en sus letras e, incluso, colaborando en algunos de sus videoclips.
Si Ginsberg fue el poeta por excelencia de la Generación Beat, Jack Kerouac habrá de ser el prosista titular de la misma. Su obra On the Road (En la carretera), publicada en 1957, será acogida como un manifiesto universal contra lo establecido, convirtiéndose en una especie de decálogo del hombre bohemio de la época. El libro, del que se dice que fue escrito en tan sólo tres días y bajos los efectos de la benzedrina, narra, en forma de autobiografía, los viajes que Kerouac realizó a través de los Estados Unidos y México, desfilando por sus páginas todo el elenco de escritores de su generación.
No se puede olvidar aquí a otro de los integrantes de esta generación; se trata de William Burroughs, conocido sobre todo por sus primeras obras Yonki y Marica. Burroughs relata en sus obras, de manera autobiográfica, su relación con las drogas y con otros hombres. A pesar de su reconocida homosexualidad, se dice que mantuvo relaciones con Ginsberg, llegó a casarse en 1945. Años más tarde, el propio Burroughs acabará con la vida de su mujer al errar un disparo tratando de emular al mismísimo Guillermo Tell. William Burroughs será, de igual modo que Ginsber y Kerouac, un icono de su generación, dedicándose en sus últimos años a la pintura y la música.
La Generación Beat, quizás algo olvidada en nuestros días, es indispensable para comprender la evolución de la literatura contemporánea y el pensamiento occidental. Paradójicamente, la propia generación fue absorbida por el sistema comercial que tanto aborrecía y contra el que luchaba. Muchas de sus obras son referente del arte de mediados del siglo XX y su lucha contra el American Way of Life sigue estando vigente en nuestros días en un mundo bohemio que les debe más de lo que les reconoce.
Por méritos propios, dejemos que sea el mismísimo Ginsberg el que se despida: Sorpréndete pensando.
Suníes y chiíes. Los dos brazos de Alá
"La Historia, —apunta Flavia Cartoni en el texto que prologa esta edición— puede leerse como un ‘j'accuse' contra todas las desigualdades sociales y políticas del mundo"
La narrativa de Crosthwaite retrata el lado humano y cotidiano de la vida en las grandes ciudades de la frontera (Tijuana y San Diego) y mostrar a sus habitantes como individuos con profundas raíces familiares y culturales en la región
‘Un mortal sin pirueta’, primera recopilación de cuentos que publica el escritor y crítico literario, especialista en literatura hispanoamericana
Farsa histórica sobre el vínculo de padres e hijos en tiempos difíciles, el autor catalán muestra toda su inteligente literatura en una divertida e insólita trama de espías
La exposición ‘Caballeros y caballerías’, en Medina del Campo, recupera al personaje, 500 años después de la publicación del Amadís de Gaula
La autora, que vendió más de 750.000 ejemplares de la trilogía de Idhún, ha visto su obra traducida a varios idiomas
Edición, prólogo, traducción y notas de Ángel Pariente
Selma Ancira ha completado la trilogía de material autobiográfico de Tolstoi con un volumen de su correspondencia traducido por primera vez al castellano




















