Traductor de Lacan, políglota, catedrático de Ética, viajero, escritor, conferenciante, poeta, cantor, cantaor… Al profesor Miguel Marinas le apasionan la lengua y la tradición oral. “Sin escucha no hay relato”, sentencia en uno de sus libros. Sin embargo, cada vez más, vivimos en una sociedad donde, ostensiblemente, ya casi no se escucha nada. Una sociedad que parece haber perdido el hilo de su propio relato.
Como todos los veranos, Miguel Marinas pasa parte del mes de julio con su padre, que a sus espléndidos 98 años sigue siendo reconocido y recordado por todo el gremio de maestros que durante generaciones estudió en La Normal, donde Antolín trabajó hasta su jubilación.
Aquí en León, en la casa paterna, el profesor Marinas ultima siempre algún nuevo libro, o estudio o conferencia. Y no le falta ocasión para echarse un cante risueño durante sus paseos por la ciudad. Conversamos en una placita al caer la tarde, a la sombra de la Catedral. ¡Cómo está el mundo!
Su campo de trabajo se extiende desde el análisis de los valores y códigos de la sociedad contemporánea a las relaciones entre ética, política y psicoanálisis. Recientemente ha sacado a la luz dos nuevas muestras de su energía polifacética, el libro El síntoma comunitario: entre polis y mercado (Ed. Machado Libros), y una nueva traducción de dos de los trabajos más intensos y míticos de Roland Barthes, semiólogo francés que revolucionó la forma de leer: El placer del texto, escrito en 1972, y La lección inaugural de 1977 (Siglo XXI Editores).
Marinas acaba de sacar a la luz dos nuevas muestras de su energía polifacética, el libro El síntoma comunitario: entre polis y mercado (Ed. Machado Libros), y una nueva traducción de dos de los trabajos más intensos y míticos de Roland Barthes: El placer del texto, escrito en 1972, y La lección inaugural de 1977
Hablamos de lenguaje, de traducciones, de sus viajes por Europa y América Latina impartiendo cursos, clases y conferencias. De las diferencias que se observan en cuanto a maneras de vivir.
“Me interesa mucho América Latina, como dicen ellos. Gracias a los viajes he ido aprendiendo a ver esto nuestro como en un espejo. Allí hay una riqueza humana potente, de proyección humana y de valores de solidaridad, de espontaneidad y de cariño, pero al mismo tiempo hay una profunda sumisión, subordinación, un clasismo mucho más feroz que el de aquí, más visible todavía… Sin embargo, en medio de ese complejo, he descubierto por ejemplo el asunto de la lengua y del idioma, y he descubierto que el centro del español no está en España, sino que está en Latinoamérica”.
Marinas sostiene, en ese sentido, “que el español es multicéntrico, y que, claro, por demografía, en cada uno de los núcleos latinoamericanos hay mucha gente que habla otro español distinto del de aquí, muchísimo más rico…”. Apunta el profesor ejemplos sobre la equivalencia de las palabras, por ejemplo, cuando aquí dices: “me paro”, significa que no avanzas. Pero allí, si te paras, es que te pones erguido.
“Son matices, vas tirando de ellos y hacen una patria común que puede ser la lengua…. —y a mí ese tipo de expresiones me parecen muy delicadas ¿eh?—, quiero decir que sientes la vitalidad de una forma de discurrir y de nombrar que tiene múltiples centros”.
“El español o castellano es un idioma que se defiende solo. Otra cosa es si existen injusticias en la reglamentación educativa o administrativa del uso de los idiomas”
Recuerda que sobre eso de que el centro del español no está en España, cayó en la cuenta después de oír a unos filólogos que hablaban de que en Andalucía la lengua estaba más evolucionada que en otros sitios, “por el principio de economía, como los ’seseos’ y las músicas, como los ‘cantitos’ de las hablas en América”.
Un aspecto interesante, que le ha ayudado a pensar en torno a “toda esa polémica, que puede ser un poco enfermiza, entre si español o castellano, o incluso lo de la cuestión del ‘manifiesto’ en defensa del español… que yo creo que es un idioma que se defiende solo. Otra cosa es si existen injusticias en la reglamentación educativa o administrativa del uso de los idiomas. Pero todos los ciudadanos de España tenemos la obligación de defender todos los idiomas españoles, que son el euskera, el catalán, el gallego y el castellano (y el andalú, y el valenciano…). Todas las variantes. Todas. Y no sólo por el principio de que hay que defender toda forma de vida”.
Unamuno y las cuatro lenguas españolas
Recuerda una cosa que leyó de chaval, “en la que Unamuno decía: “Nadie puede considerarse intelectual en España si no sabe hablar las cuatro lenguas españolas”. Lo decía Unamuno, que era un sobrao ¿eh? Otra cosa es que te plantees si tu lengua es una lengua de expresión, de vivencia, o es una lengua de intercambio internacional. Y ahí, el español o castellano —que en América también dicen castellano y no pasa nada ¿eh?— está más potente, en el sentido de que es una lengua mundial, demográfica, creciente…”. Y guiña un ojo Marinas cuando augura que “después de Obama hasta vamos a tener un presidente de los nuestros, un Martínez, o un Chaves…”.
Los idiomas son formas de vida, son literatura, son formas de hablar, de cantar, de soñar, de querer… y no se pueden perder
Pero al margen del español como idioma de intercambio, está lo que Marinas denomina “el idioma de experiencia”, y desde esa óptica el profesor reivindica la defensa “de todos los idiomas españoles, no sólo por compensar que en el franquismo éramos todos muy burros, sino porque merece la pena desarrollarlos en sí mismos, porque los idiomas son formas de vida, son literatura, son formas de hablar, de cantar, de soñar, de querer… y no se pueden perder”.
Su libro Los nombres del Quijote. Una alegoría de la ética moderna, fue finalista del Premio Nacional de Ensayo 2005. ¿Estamos aquijotados?, le pregunto. El profesor ironiza un poco.
Unamuno decía: “Nadie puede considerarse intelectual en España si no sabe hablar las cuatro lenguas españolas”
“Eso va ligado a… “yo soy español, español, español…” y hasta la camiseta roja. Ahora la Plaza de Colón es la Plaza Roja, te quedas escalofriado de que se llame así. No sé, hay una parte casticista que, por no sé qué procedimiento, lleva a convertir algo que es mucho más fluido y variado en un emblema. Y a eso se llama también “el español”. Entonces, cuando se dice “defensa del español”, quizá no se tiene en cuenta la pluralidad de situaciones vitales en las que eso se da. Insisto, respetando el que si efectivamente hay situaciones en las que alguna de las lenguas del Estado español no es defendida —en cuanto a posibilidades escolares, por ejemplo—, está bien que se denuncie y que se ponga remedio. ¡Pero decir “defensa del español”! A mí se me hace muy desmesurado, muy desmesurado”.
Traductor de Lacan y de Barthes
Miguel Marinas es traductor de filosofía, psicología, sociología, psicoanálisis… “Soy uno de los que pasan por ser traductores de Lacan, sí”, dice modesto. “He traducido a Montaigne. Con Carlos Thiebaut hicimos una versión trilingüe de su Diario de un viaje a Italia, que es un relato de experiencia maravilloso, de Michel de Montaigne que recorre Europa después de la Guerra de las Religiones, a finales del siglo XVI, y se tira unos cuantos años a caballo, con un grupo de gente, por los balnearios de Europa, pero al mismo tiempo lleva consigo el libro de los Ensayos, para que el Vaticano, el Santo Oficio, se lo apruebe… y se entrevista con judíos, con intelectuales de la cáscara amarga… y es una experiencia maravillosa, con un trabajo del idioma muy potente”.
“Yo blasfemaba de las traducciones de Barthes de la editorial Siglo XXI, porque eran malas y muy abruptas, y la vida misma se encargó de vengarse de mí, ya que al final me encargaron la revisión de El placer del texto y de La lección
Lacan, un escritor “supuestamente hermético”, le parece “poderoso, muy interesante, con una obra muy completa”. Sobre Roland Barthes hizo Marinas su tesis doctoral. “Yo blasfemaba de las traducciones de la editorial Siglo XXI, porque eran malas y muy abruptas, y la vida misma se encargó de vengarse de mí, ya que al final me encargaron que hiciera la revisión de El placer del texto y de La lección. Y ahí me vi, corrigiendo a supuestos maestros de las letras mejicanas y argentinas que lo habían traducido antes”.
Le gusta la experiencia de la traducción, porque “por una parte es enfrentarse a una de las cosas más preciadas que tenemos, las lenguas o los idiomas, y a la escritura, con lo frágil y lo rico que es eso, que siempre está abierto, que siempre te pide decir lo mejor… Y al mismo tiempo la traducción es un intermediario de las culturas, es decir, un consolidador de la vida de la gente”.
La traducción es una práctica que te hace muy tolerante, muy respetuoso. Aprendes que no hay ninguna forma de lengua, de idioma, que merezca la pena tirar, someter, o castigar
Ha impartido clases en la Escuela de Traducción Literaria de Bruselas, una experiencia estupenda, “con gente que son traductores profesionales, que saben muchísmo… y es maravilloso sentir cómo te fajas allí, con ellos, para ver, para matizar… Creo que la traducción es una práctica que te hace muy tolerante, muy respetuoso. Aprendes que no hay ninguna forma de lengua, de idioma, que merezca la pena tirar, someter, o castigar…. Creo que no. Hay que defenderlas todas. Hay que defender todas las lenguas de España”.

Versos en la red, años y pérdidas
Miguel Marinas acaba de dar a la blogosfera un poemario, en forma de libroblog: Razón de duelo (Colección Traviesas de Poesía). Con versos en los que otro poeta, Tomás Sánchez Santiago, encuentra a veces el ritmo lejano del viejo profesor Agustín García Calvo, otro gran defensor del lenguaje y a su vez magnífico poeta.
“El duelo es un tema interesante. En este libro se juntan varias cosas: primero, que a mí se me juntan años y pérdidas, y entonces, en un momento determinado, parece como que necesitas nombrarlas. Y se me ocurre hacerlo así, con esa manera apretada y breve que tiene un poema, donde quedan las cosas reverberando más que explícitamente dichas”.
Ésa es su pregunta, qué pasa en una sociedad en la que las pérdidas, los duelos, las derrotas, el deterioro, el dolor, la enfermedad, la muerte… están prohibidos
El duelo, las formas del duelo en la sociedad actual, ha sido otro de los temas estudiados por Miguel Marinas, desde muchos puntos de vista. “Es una cuestión que tiene que ver con cómo está atada la cultura ahora mismo, que prohibe las pérdidas…”. —¡Arden las pérdidas!, exclama Marinas de pronto, citando el título del libro de Antonio Gamoneda que sirve de colofón a su poemario—. Y sigue: “…una cultura que prohíbe las derrotas, y prohíbe el envejecimiento y la muerte. Prohíbe nombrarlo, prohíbe que existan. Y esos son procesos que antes tenían circulación fácil en comunidades o sociedades más supuestamente preindustriales, donde las pérdidas se exhibían públicamente”.
“Cuando se hace el duelo, como decía el mejicano aquella película, Danzón: pues ya se murió, ya lo lloraste, ya lo enterraste, pues ya… (y hace un gesto con las manos, plis, plas:) …se acabó. Pero si no haces el duelo, ¿qué pasa?”
Ésa es su pregunta, qué pasa en una sociedad en la que las pérdidas, los duelos, el deterioro, el dolor, la enfermedad, la muerte… están prohibidos. “Pasa que todo eso se contiene, y enseguida hay que poner parches, porque hay una parte obscena, impresentable, según este canon de sociedad en la que todos tenemos que ser bellos, perfectos, sanos, eternamente jóvenes, entusiastas… ¿Para qué? ¿Para luego consumir biografías de otros?”.
Ahí podría estar la cuestión, en lo difícil que resulta vivir la propia biografía en una sociedad como la nuestra.
“Nunca, como en esta sociedad de ahora, costó tanto pensar en aceptar la vida como limitada. Porque la promesa de la sociedad de consumo es que, mientras estamos enganchados al consumo, somos infinitos”
“Claro, exactamente. Vivimos de prestado, sí. Y por esa idea me puse a escribir qué significa esto de las pérdidas o las muertes próximas, y por extensión qué significa esa especie de pensamiento melancólico de cómo en esta sociedad —y seguramente cuando vengo a León lo veo más porque me contrasto con un espejo del que yo fui— lo que se instituye, lo que se establece, al poco tiempo se ritualiza y luego se convierte en algo que se repite, y se solidifica, se queda ahí, se hace de piedra. Y mientras, continuamente hay una fuerza contraria que sería la que consiste en desear, en inventar, en proyectar… que no se resigna a eso”.
Y esa fuerza que consiste en desear, en inventar, asume también que la vida se acaba, y que nos ponemos feos, y que nos deterioramos. “Nunca, como en esta sociedad de ahora, costó tanto pensar en aceptar la vida como limitada. Porque la promesa de la sociedad de consumo es que, mientras estamos enganchados al consumo, somos infinitos. Es la bomba ¿no? Pero pasa en cada experiencia, por muy banal que sea. Eso de ver gente gritando: ¡Yo soy español, oe, oe!, que claro, se te abren las carnes, es simpático, porque se pasa bien un rato, ¡para una vez que ganamos la eurocopa! Pero por otra parte… ¿no hay otra manera de vivir más que enchufado a ese sentimiento de pertenencia a una masa, que te da la eternidad, la sensación de que el tiempo no pasa?”.
Para Marinas, y dentro de la consigna: Otro mundo es posible, otra vida es posible, hay algo también importante, que tiene que ver con la esencia humana, y es “reivindicar otras formas de aceptación del ritmo de la vida, a pesar de que ahora sea muy complicado, acelerado o complejo…”.

:: Entre el psicoanálisis y la poesía
José Miguel Marinas Herrera nació en Vitoria en 1948, de padres leoneses, y en León transcurrió toda su infancia y juventud, en el Barrio de Santa Ana. Estudió en Oviedo, y desde hace años es catedrático de Ética y Filosofía Política en la Universidad Complutense de Madrid.
Además de los libros citados arriba, ha publicado Diario del Viaje a Italia de Michel de Montaigne (1995), Historia: casuística y mística (1998), La fábula del bazar. Orígenes de la cultura del consumo (2001), Lacan en español. Breviario de lectura (2003), La razón biográfica. Ética y política de la identidad (2004), La ciudad y la esfinge. Contexto ético del psicoanálisis (2004), Los nombres del Quijote. Una alegoría de la ética moderna (2005) y La escucha en la historia oral (2007), entre otras obras y ensayos.
Formó parte del consejo de redacción de revistas de pensamiento crítico, como La Balsa de la Medusa o El rapto de Europa; es miembro del comité de Logos/Ananké, Revista de Psicoanálisis y Psicopatología (París) y Figures de la Psychanalyse (París), corresponsal de NewsLetter. Hannah Arendt (Berlín) y miembro del consejo editorial de Intersubjetivo-Intrasubjetivo (Madrid), entre otras publicaciones.
En los años 80 y 90 publicó poemas en las revistas Los Cuadernos Leoneses de Poesía y El Signo del Gorrión, y en el libro Todos de Etiqueta —una antología de poetas inéditos realizada por Tomás Salvador González, a finales de los 80, para la colección Barrio de Maravillas de la Junta de Castilla y León—.
Además de Razón de duelo, un libro que acaba de publicar en la red, en la Colección Traviesas de Poesía, el profesor Marinas tiene dos poemarios anteriores, parcialmente publicados en antologías y revistas, De Transhumantes a Transeúntes (1980) y Ejido de las ciudades (1989).
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