
El diseño español atraviesa momentos de euforia. La rigurosa Federación Francesa de la Costura (FFC) contempla con detenimiento a nuestros diseñadores. Un hecho que no acontecía desde los tiempos de los maestros de la aguja, Balenciaga y Pertegaz. París se ha rendido al talento sobresaliente de Josep Font y José Castro. Font reinó el pasado enero en la pasarela parisina y Castro ha hecho historia engrosando las filas de la FFC. El joven diseñador gallego fascina en la ciudad de las luces con sus innovadoras propuestas de impecable factura. Dotadas de un estilo hipermoderno y oscuro, sus prendas combinan tejidos lujosos con tela vaquera. Todo ello en un atractivo equilibrio que ha seducido a una institución que permanecía anclada en la más arcaica de las tradiciones.
Se respiran aires de cambio en París. Valentino ha dicho adiós a la moda y los miembros de la Federación Francesa de la Costura quieren sangre nueva en la pasarela. Así se lo hicieron saber a Josep Font mediante una sorprendente invitación para participar en la Semana de la Alta Costura. Un privilegio al que, no obstante, tardó en contestar cerca de un mes. El diseñador catalán no estaba seguro de poseer los medios materiales y humanos necesarios para abordar tan elevado desafío. Es obvio que su taller no es el de John Galliano ni dispone de los cuantiosos presupuestos que manejan las grandes firmas. ¿Más… por qué renunciar al sueño? El creador está familiarizado con los entresijos de la Prêt-à-Porter francesa, en la que ha desfilado algunas temporadas. Y aunque tamaño salto parecía a priori desproporcionado, arrostró en equipo todas las dificultades.
La puesta a punto de la colección se llevó a cabo en apenas seis meses. El diseñador trabajó laboriosamente y con mimo en la elaboración y perfeccionamiento de los 16 trajes que, detalle a detalle, se tornaron en suntuosas obras de arte a la espera del gran día.
El desfile se celebró el 24 de enero en un ambiente íntimo y mágico, muy acorde con la personalidad de Josep Font. La puesta en escena en el interior de una antigua dependencia del Louvre fue un gran acierto. La elegante estancia de altos techos rematados en una enorme claraboya, ideada por el arquitecto Gustav Eiffel, contribuyó a la belleza del acto. Asimismo, la voz sugerente de la cantante francesa Ethel embelesó a los asistentes y recreó el imaginario onírico firma del diseñador. Un rico universo habitado por hadas de cuentos imposibles, ninfas camufladas en troncos de árboles y trapecistas de circos viejos. Las modelos lucieron reinas de mundos irreales. Ataviada con un toque decimonónico y afrancesado, la mujer de Josep Font no renunció al chic goyesco patrio acostumbrado.
El diseñador empleó en sus creaciones tejidos enriquecidos con bordados, cabujones, lazos y pasamanerías; y los encajes desacralizados y los finísimos tules evocaron, una vez más, las aguas del Mediterráneo a merced del viento. Las ninfas de Font se vieron favorecidas por los colores de la madre naturaleza. La paleta de colores de la pasarela fue profusa en verdes, marrones, tonos arena, rojos y fucsias. Una alquimia de tonalidades que enfatiza la feminidad haciendo honor al grandilocuente título de la colección: “Sobre la belleza”. Muchas felicidades.
:: El triunfo de José Castro en París
Josep Font y José Castro recogen el testigo de los maestros españoles Balenciaga y Pertegaz. Amantes ambos de una belleza rigurosa a cuya consecución dedicaron una vida. El fulgurante triunfo en París de Cristóbal Balenciaga le convirtió en el modisto español más deseado y admirado del mundo. La exclusividad de sus diseños y la distinción de su clientela le valieron el calificativo del “diseñador más caro del mundo”. Estrellas del cine como Marlene Dietrich o Ingrid Bergman, elegantes mujeres como Gloria Guiness y Mona Bismarck o las casas reales de Bélgica y España solicitaban sus prendas. Es el “primer arquitecto de la moda” y como afirmó Dior “el maestro de todos nosotros”. Su estela es todavía hoy inabarcable y se extiende hacia el presente-futuro de la moda. Sus impecables trajes entallados, las faldas lápiz, los abrigos cuadrados, las mangas japonesas, las blusas abullonadas, los vestidos globo y las líneas saco son una fuente inagotable de inspiración.
Manuel Pertegaz, por su parte, es otro de los grandes nombres de la moda que ha dado España. Deudor de las raíces clásicas de Balenciaga, su estilo algo más sobrio le ha popularizado en medio mundo. Así, el maestro ha paseado su talento por las pasarelas de París, Nueva York, Londres, Santiago de Chile, Canadá, Suiza o México. Ciudad esta última en donde fue inmortalizado en compañía de Pierre Cardin y Valentino. Su nombre alcanzó tal entidad ya hace décadas que a la muerte de Christian Dior (1957) se barajó la posibilidad de que se situara al frente de la lujosa casa francesa. Pero nunca deseó abandonar España y denegó la sucesión en favor de Yves Saint Laurent. En la actualidad, Manuel Pertegaz sigue en activo y es, junto a Santa Eulalia, uno de los pocos talleres de alta costura que permanecen en Barcelona. Ambos, vestigios de una época dorada de la moda.




















