
Rosemary Rodríguez. La diseñadora española, que llegó a Francia a los tres años es española de nacimiento y de raíces, paseo su diseños para hombre con la firma Thierry Mugler y fue una de las colecciones de hombre más aplaudida en la pasada pasarela de Paris. El mundo de la equitación —por las abundantes botas de montar o por el efecto cincha de algún cinturón sobre una camisa blanca— pero también el mundo de la aviación y, desde luego, el del típico club inglés de la alta sociedad, inspiraron la colección. Rosemary Rodríguez quiso darle ante todo un corte arquitectónico, según explicó poco después del desfile esta ex colaboradora de Gianfranco Ferre, que en 2004 tomó las riendas de Paco Rabanne, y que también trabajó junto a Thierry Mugler en la pasada década de los 90.
Un dandy y un poco bandido, atractivo, desde luego, dominó la pasarela de Thierry Mugler en Paris, cuya imagen trabaja la modista española Rosemary Rodríguez
“Hasta ahora hacía sólo mujer y desde hace dos temporadas descubro en Thierry Mugler que en el hombre hay que cuidar todavía más los detalles” y el corte, añadió. La arquitectura es aquí fundamental, y los detalles han de cuidarse al máximo, recalcó la modista, española de nacimiento y de raíces, que llegó a Francia a los tres años. En su taller, esta artista que además se siente internacional, creó trajes de chaqueta impecablemente clásicos, grises y negros, pero también de llamativo terciopelo color sangre.

Pantalones pitillo, ajustados, pero sin exagerar; cazadoras de cuero beige, tres cuartos de color marrón; chaquetas verde oliva y gruesos jerséis de punto negros y grises fueron otras propuestas claves en la colección masculina de Thierry Mugler. Ocasionalmente, el terciopelo de una americana se tiñe de celeste, y en algunos casos el cuero de un pantalón es cobrizo o plateado; se luce entonces con una americana esmoquin enteramente bordada de lentejuelas. Rojo, negro y blanco conformarán un triángulo especial, cuando la chaqueta o la cazadora sean rojas, las botas negras y el pantalón, de montar o no, blanco. Pieles en capas voluminosas o en gorros invernales, polos de cuello alto gris mate, y abrigos, pantalones y cazadoras de cuero, son otras características del invierno que se avecina con Thierry Mugler. En el terreno del accesorio no hubo bolso alguno, pero sí collarines plateados, apenas visible junto al cuello de la camisa, una pulsera de dimensiones considerables en la muñeca, o un sombrero con una pluma, todo dependerá del efecto buscado.
Rsamary Rodríguez explicaba haber buscado “un lado misterioso” en sus conjuntos “demasiado” perfectos, y por ello haber incrustado detalles bordados inspirados en el mundo de los insectos, en particular el escarabajo y las hormigas. Con el deseo de calmar, finalmente, tanta inquietud voluntariamente despertada, el broche final del espectáculo fue un largo albornoz con leve capa, abrochado en la cintura. Lo portaba con los pies descalzos y a pecho descubierto un profesor de artes marciales, según comentó la modista, que quiso con él dar a su desfile el toque zen y tranquilo, llenarlo de “buenas vibraciones”.




















