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El neopunk, el regreso de la antimoda edulcorada
Mónica Garrido | 23·08·2008 | 06:03

El movimiento punk que enaltecía un presente sin futuro surgió con brío en Inglaterra. Las Islas Británicas fueron el escenario en el que aparecieron grupos como Sex Pistols, The Clash o The Exploited, abanderados de un estilo callejero que aspiraba a encarnar la antimoda. Un objetivo fallido porque el neopunk es hoy tendencia tras un largo viaje desde la irreverencia salvaje de los setenta hasta el conformismo materialista de los jóvenes del siglo XXI.

Firmas como Marni, Sonia Rykiel, Barbara Bui o Jhon Richmond sofistican el estilo punk. Una sofisticación que sus incondicionales tachan de adulteración o afectación. Los pantalones y chaquetas de cuero negro con tachuelas, las camisetas de algodón con mensajes desdeñosos, las hebillas, las cremalleras y los imperdibles están en boga. Sin embargo, estas pinceladas de estilo poco se asemejan al ideario estético punk original que hoy sólo algunos sobrevivientes recalcitrantes mantienen más allá de la vorágine de las tendencias.

Porque el punk siempre regresa. Ya en los 90 llevó al éxito a diseñadores como Versace y el propio Gaultier. Y hoy está de vuelta una vez más. Un punk edulcorado, falsamente embellecido, ideado para el consumo masivo de los adolescentes

Los punks de los setenta exhibían sus cuerpos descarnados perforados, afeitados y tatuados, envueltos en fetichista cuero negro, lurex brillante, estampados escoceses y de leopardo, camisetas desgarradas, ropa militar y prendas íntimas de encaje procedentes de sex-shops. Calzaban botas Doctor Martens y lucían salvajes cabelleras de indio iroqués teñidas de colores. Las crestas adornaban sus pálidos rostros ojerosos. Reverenciaban lo feo y lo ridículo. Amaban la provocación. Así, las cadenas de inodoro, los tampones, los collares de perro y las calaveras se transfiguraron en dadaístas ornamentos. El movimiento punk desdeñó con furia la cultura hippy precedente. Reemplazó el lema “paz y amor” por “violencia y sexo”.

La genial diseñadora Vivienne Westwood convirtió el punk en moda en los setenta. En el 74 inauguró su boutique Sex en Londres y sus camisetas con leyendas pornográficas, pantalones de cuero y ropa de goma se tornaron tendencia. Cuando el estilo se propagó perdiendo identidad, muchos jóvenes sucumbieron al gusto neorromántico —enaguas, mallas de ballet, tacones altos y cinturones de látex— inspirado también por Vivienne Westwood. La creadora inglesa abandonó la tendencia punk antes de que se banalizara.

El movimiento punk desdeñó con furia la cultura hippy precedente. Reemplazó el lema “paz y amor” por “violencia y sexo”

Otra de sus musas fue la cantante alemana Nina Hagen. La explosiva artista proporcionó algunas pinceladas de color al punk negro monocromo. En 1978 alcanzó un éxito planetario con su primer álbum de rock y sus fabulosos y llamativos atuendos inspiraron al creador Jean Paul Gaultier. Porque el punk siempre regresa. Ya en los 90 llevó al éxito a diseñadores como Versace y el propio Gaultier. Y hoy está de vuelta una vez más. Un punk edulcorado, falsamente embellecido, ideado para el consumo masivo de los adolescentes.


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