Podrían pasar entre cinco y diez años antes de que la gasolina verde llegue a las gasolineras o a los aviones de combate, pero estas recientes investigaciones han superado ya bastantes obstáculos críticos en el camino que llevará estos biocombustibles al mercado.
“Probablemente el consumidor no sabrá que le están llenando el tanque con biocombustible”, señala Huber. “En el futuro, posiblemente su composición química será muy similar a la de la gasolina y el diesel actuales. El desafío para los ingenieros químicos es producir eficazmente combustibles líquidos a partir de biomasa que puedan aprovechar la infraestructura actual”. Ésta es una buena alternativa, ante la inminente crisis de los combustibles tradicionales.
