
Burgos. El primer gran festival pop español es recordado por el titular con el que un pequeño periódico burgalés recibió a los asistentes que se desplazaron desde diferentes ciudades españolas para presenciar tan novedoso concierto. ‘La invasión de la cochambre’, abría la edición de La Voz de Castilla de aquel sábado cinco de julio de 1975. En portada, junto a tan memorable frase, aparecían sendas imágenes de jóvenes, ataviados con macutos, para remachar tan enjundiosa afirmación.
‘La invasión de la cochambre’, abría la edición de La Voz de Castilla de aquel sábado cinco de julio de 1975. En portada, junto a tan memorable frase, aparecían sendas imágenes de jóvenes, ataviados con macutos, para remachar tan enjundiosa afirmación.
El VII Festival Internacional de Fotografía, Explorafoto, dedicado en esta edición a la relación entre el rock y la fotografía, ha querido recuperar las imágenes de lo que allí ocurrió. No pasó más que grupos de jóvenes llegados de toda España vibraron al ritmo de las diecisiete formaciones de rock más importantes de esos años, que se subieron al escenario levantado en el coso de la Plaza de Toros de Burgos. Allí tocaron la Compañía Eléctrica Darma, Gualberto, Burning, Granada, Storm, Eduardo Bort, Orquesta Mirasol, Iceberg y Triana, entre otros.

Fotografía de Pep Rigol
En la sala de exposiciones de La Salina de la Diputación de Salamanca se colgarán a partir del próximo jueves, 9 de octubre, cerca de un centenar de fotografías, se proyectarán las únicas imágenes del evento y se podrán leer algunas de las crónicas que aparecieron, tanto en la prensa local, como en las revistas especializadas de la época.
Como reflejan las más de setenta instantáneas de los fotógrafos burgaleses Federico Vélez (Fede) y Eliseo Villafranca, las realizadas por el bilbaíno José Madrid Santurtún y las del catalán Pep Rigol, aquellos veinteañeros se limitaron a cantar y bailar al ritmo que marcó cada una de las formaciones que actuaron en la Plaza de Toros de Burgos, desde las doce de la mañana del sábado, hasta pasadas las tres de la madrugada del domingo. No se produjeron ni incidentes ni desórdenes públicos. Además, muchos espectadores llegaron agotados, como el grupo que viajó en siete autobuses desde Sevilla. Invirtieron 17 horas en realizar el trayecto, ilusionados por poder asistir y participar en lo que iba a ser la versión hispana de lo acontecido en la Isla de Wight, o en Wootstock al final de los sesenta. Televisión Española, las emisoras de radio y las revistas musicales de la época, como Disco Express, Ozono, Star y Popular 1, se encargaron de calentar el ambiente, dedicando generosos reportajes al evento.
:: Bañadores y mantas
¿Por qué una ciudad adusta y conservadora, que presumía de ostentar el título de Cabeza de Castilla, acogió un evento de este tipo en los últimos coletazos del franquismo?
Sin embargo, todo quedó en un amago, no hubo una segunda edición. Grupos como Triana, la Compañía Eléctrica Drarma, o la Orquesta Mirasol, dejaron su impronta y encandilaron. Otros, como Eva Rock, una formación al más puro estilo ‘gay rock’, que residía entonces en una comuna que habían montado en un pueblo de Salamanca, vivió sus minutos de gloria, al poder actuar ante tanta gente. También los hubo como el cantautor Hilario Camacho, que no recibió el calor del público, al programarse su actuación abriendo el Festival, poco después de las doce del mediodía.
Para los de fuera, lo más sobresaliente fue el frío que padecieron muchos de los asistentes cuando cayó la tarde y el sol desapareció. Desconocían que, en la cuna del Cid, solo hay dos estaciones: la del invierno y la de trenes. Así, con el público embutido en mantas, la única nota discordante fue la sonora pitada que recibieron los miembros de la Asociación Nacional de Circo y Variedades, cuando, de chaqueta y corbata, subieron al escenario para ser homenajeados por los organizadores. Ciertamente, desentonaban.
Precisamente, desentonar es el verbo que mejor conjuga lo acontecido en Burgos ese fin de semana, que coincidía en el tiempo con el final de las fiestas grandes, las de San Pedro y San Pablo.
¿Por qué una ciudad adusta y conservadora, que presumía de ostentar el título de Cabeza de Castilla, acogió un evento de este tipo en los últimos coletazos del franquismo?, ¿por qué se incluyó un festival rock en un programa de fiestas donde lo más emblemático era la elección de la reina y damas, las corridas de toros, los desfiles de blusas y las barracas en el paseo de La Quinta? Según comentó entonces el organizador, el manager José Luis Fernández de Córdoba, “porque este Ayuntamiento es el único que le ha echado valor a nivel de afrontar una responsabilidad tan gorda como es llenar de melenudos la ciudad”.
El concejal que aceptó el envite fue Antonio García Martín, que intentó colaborar al máximo para evitar incidentes. Entre otras medidas, prohibió la venta de bebidas alcohólicas en el recinto. “¡Bueno, no toda!”, según dejó dicho el propio edil de festejos, “sólo se autorizará vino, corriente y caro. Muy caro, para que no se beba apenas”.
:: Único e irrepetible
Fernández de Córdoba había firmado un acuerdo con el Ayuntamiento de Burgos porque él se comprometía a programar durante esas fiestas, siete verbenas populares, una caseta flamenca, un carnaval infantil y el Festival de Música Pop. Todo, con una subvención de 2.350.000 pesetas
A pesar de las temores y de los recelos, Burgos no recibió la anunciada incursión de vándalos, hippies y desaliñados. Apenas cuatro mil jóvenes pasaron por taquilla y pagaron las doscientas pesetas que costaba la entrada en los tendidos de la Plaza de Toros. Ni de lejos se cumplieron las expectativas económicas. Fernández de Córdoba había firmado un acuerdo con el Ayuntamiento de Burgos porque él se comprometía a programar durante esas fiestas, siete verbenas populares, una caseta flamenca, un carnaval infantil y el Festival de Música Pop. Todo, con una subvención de 2.350.000 pesetas.
Los resultados económicos no cuadraron y las ‘Segundas 15 horas de Música Pop Ciudad de Burgos’, ya no volvieron a celebrarse. Como señaló Diego Manrique en su crónica del festival, “el rock español aún no tiene poder de convocatoria” Y eso que por el escenario de la plaza de El Plantío pasaron algunos de los grupos que hicieron historia en el rock español.
Hilario Camacho, Alcatraz, Tilburi, John Campbell, The Falcons, Tartesos, Bloque, Eva Rock, Compañía Eléctrica Darma, Gualberto, Burning, Granada, Storm, Eduardo Bort, Orquesta Mirasol, Iceberg y Triana. Todos tocaron en la Plaza de Toros de Burgos. Ninguno recibió la oferta de regresar al año siguiente para participar en el que seguramente, con la vivacidad e inteligencia de Fernández de Córdoba, se hubiera llamado, ‘El regreso de la cochambre’.
El álbum se publicará en varios formatos. Uno de ellos es una edición especial en Libro-CD que incluirá fotografías artísticas realizadas por Rubén Martin en Mali
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