
El mundo del pelo en el cine es harto complejo y el del pelo en demasía no digamos. Ahí ya tendríamos que ir a la licantropía, término que ya acepta todo el mundo, o antropomorfosis, palabra que no asimilan ni los correctores ortográficos. Vayamos entonces con el vocablo citado en primer lugar como punto de partida del porqué los hombres (siempre son varones, aunque existan variantes femeninas dedicadas al folclore capaces de competir en densidad) que ven su pelambre crecer en exceso meten miedo y, por contra, otros muchos peores que se afeitan a menudo, no.
Puede decirse que The Wolfman trazó el arquetipo a partir del cual se confeccionaron las artes y modalidades del monstruo en el futuro, sus vicios y fobias, las manías y costumbres que le torturaban, como el bastón con puño de plata, la dentellada en forma de estrella de cinco puntas, la animadversión hacia el acónito
La cuestión, desde el punto de vista cinematográfico, nació alrededor de… hace muchos años y emparenta de forma directa con otras creencias de suma rareza para el común entender que también tuvieron con el rabo entre las piernas a la ciudadanía, léase vampirismo, fantasmagoría y animación de cadáveres mediante impulsos eléctricos e ingentes dosis de casquería y tornillería (o sea, Frankenstein). Si funcionaba en taquilla una, se probaba otra; si funcionaban ambas, se plantaba una cosecha. Como ahora, pero en blanco y negro y con guionistas que pasaban hambre.
El Hombre Lobo a veinticuatro imágenes por segundo tuvo su primera plasmación en pantalla, según reza en los escritos, allá por 1913, fecha cumbre en la historia de la medicina por ser el año en que vio la luz el hombre capaz de alumbrar el nacimiento de la primera niña probeta, algo intrascendente en esta historia pero digno de mencionar. Pues eso, que en tal tiempo un fulano llamado Henry MacRae creó “The Werewolf” en plan mudo, sin rugidos ni nada, cuando menos que se oyeran.
Luego aterrizaron varias producciones similares hasta que, en 1932, un sujeto fue y puso sonido a este relato de raíces ancestrales. El hombre, conocido entre quienes tuvieron el honor como Pierre Bressol, realizó una función intrascendente que, sin embargo, levantó ampollas y más cosas en los cerebros de los más reputados cineastas del momento.
Hablar de iconos del movimiento multipeloso es hacerlo, sobre todo, de Lon Chaney Jr., hijo de Lon Chaney sin más, auténtica figura de la transfiguración escénica durante el período que duró su existencia
Dejando al margen la cantidad de porquería creada a raíz de ahí, merece citarse como primera obra digna sobre el mito la realizada por George Wagner, según guión del gran Kurt Siodmak, de título The Wolfman. Puede decirse que esta película trazó el arquetipo a partir del cual se confeccionaron las artes y modalidades del monstruo en el futuro, sus vicios y fobias, las manías y costumbres que le torturaban, como el bastón con puño de plata, la dentellada en forma de estrella de cinco puntas, la animadversión hacia el acónito (planta no de forma gratuita denominada “matalobos”) y la clásica, indefectible, pinturera e indisoluble luna llena. ¿Qué sería de un hombre lobo, que se precie de serlo, sin una luna tan redonda y lumínica como esa, idónea para un crecimiento de pelo tipo camionero español de los setenta? Revisiones realizadas con gran ánimo de innovación y adecuación a las sociedades del momento, como Aullidos, Un hombre lobo americano en Londres y la mágica En compañía de lobos, tuvieron que aceptar la inflexible influencia de un satélite portador de mayor vida (espiritual) que la observada en el planeta alrededor del cual se traslada.
Hablar de iconos del movimiento multipeloso es hacerlo, sobre todo, de Lon Chaney Jr., hijo de Lon Chaney sin más, auténtica figura de la transfiguración escénica durante el período que duró su existencia. Sin él, la licantropía no hubiera representado tamaña notoriedad dentro de la producción básica de estudios como la Universal, razón de ser del cine de terror que, incluso actualmente, toca revisitar de cuando en vez.
Es cierto que otros lo hicieron y en algunos casos con notable repercusión, sirvan los ejemplos de Oliver Reed, José Luis López Vázquez, Michael J. Fox, Jack Nicholson y nuestro venerado Paul Naschy, el más cutre pero asimismo el de mayor contumacia en el empeño. Podrían citarse muchos más y ninguno de ellos se interrelacionaría con el Hombre Lobo como Lon Chaney Jr. Heredero de un inexplicable poder de integración en un personaje, pertenece a un club donde reina la alegre oscuridad y en el que el triunvirato formado por Lon Chaney Sr./Bela Lugosi/Boris Karloff apenas contempla posibles solicitudes de ingreso.

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