
El tren de las 3:10 a Yuma pronuncia un viaje a ninguna parte en una estación fantasma en la que sólo cabe la esperanza del pasado mientras la sinrazón del presente obtiene condición de falsaria ante un tiempo en constante devaluación. Son valores perdidos, orgullos y prejuicios acabados por culpa de la industrialización y el capitalismo que, al fin y al cabo, ocupan el sentir humano desde el nacimiento del primer proyecto de hombre.
En el Lejano Oeste olía a pólvora y sudor, miseria y supervivencia, ánimo de matar y morir por la sencilla razón de estar vivo o muerto, insignificante diferencia en un mundo en que el primero paga lo que el segundo ha dejado en contraprestación al orgullo herido.
Russell Crowe, el mejor actor con conocimiento de causa, y Christian Bale, el intérprete superior a tenor del reto a batir, coinciden y se toleran en una producción que haría las delicias de un Peckinpah cualquiera
William Holden y esa mirada cristalina dirigida hacia Ernest Borgnine mientras éste pela un palo, un simple ‘maderuco’ capaz de ejemplificar la corteza que sobra alrededor de nuestra alma; John Wayne y su rostro desfigurado ante la osada pariente convertida al humanismo… de otra raza y condición; Redford y Newman como reyes románticos de una pocilga que un estado cualquiera devuelve al cruel universo de lo real; Dustin Hoffman al frente de una gran mentira que se convierte en la mayor verdad sobre ‘Little Big Horn’…. ; el western y sus ahijados y padrinos, el género en su día rey y la verdadera historia de unos sujetos que hartos de vivir, decidieron no morir, al menor de una manera cualquiera.

Varios cabalgan juntos sobre un desierto sin vislumbre de oasis que deben saciar la sed mediante sus propios orines. Así está una fórmula de realizar cine que Boetticher, Ford, Hawks, Hathaway, Walsh, Vidor, Daves, Curtiz, Zinnemann, Mankiewicz, McLaglen, Roy Hill, Edwards, Leone, Peckinpah, Eastwood, Hill o Lee, entre otros varios, hicieron buena, sería por algo, quizá no.
Un fulano llamado James Mangold, de oficio recuperador de causas perdidas, orquesta una maniobra según la cual lo de antaño tiene visos de actualidad. Craso error. En USA a lo mejor, aquí a lo peor. Sensaciones perdidas de nuevo de realce. Introspección, palabra maldita entre quienes optan por ver un sistema carente de sensaciones y ausente de sensibilidades.
Russell Crowe, el mejor actor con conocimiento de causa, y Christian Bale, el intérprete superior a tenor del reto a batir, coinciden y se toleran en una producción que haría las delicias de un Peckinpah cualquiera. Se trata de desdibujar al máximo el tópico al uso; descuajar el vicio actual por el cual el bueno traduce en éxito su contribución a la existencia y el malo representa al mismísimo diablo.
El hombre de las dos pistolas, malo como el veneno, que no tiene nada y nada busca, salvo el dolor ajeno. Cruzada de intereses llamada confrontación tras la cual sólo el curtido en mil batallas logra coger el tren hacia un rumbo, no por desconocido, menos cercano
Se llama El tren de las 3:10 y tiene carácter de antaño, de tiempos en los que no se podía aguantar un combate contra uno mismo. Vale matar y anexionar a alguien a tu doctrina por la sencilla razón de la fortaleza propia, pero nunca el sometimiento a un precio impagable denominado cuestión de padre; la familia como exoneración de un mal enunciado que al final significa el principio del hombre.
Virtudes y defectos de un espécimen hasta las narices de contribuir a una forma de vida casi natural porque es la que hay, la que sustenta nuestra espuria naturaleza.
Crowe y el hombre que busca redimirse merced a un individuo que sólo lucha por mantener a un clan en el candelero de la vida; Bale y el insignificante bípedo obligado a defender una ilusión llamada familia. El hombre de las dos pistolas, malo como el veneno, que no tiene nada y nada busca, salvo el dolor ajeno. Cruzada de intereses llamada confrontación tras la cual sólo el curtido en mil batallas logra coger el tren hacia un rumbo, no por desconocido, menos cercano.
En realidad se repite la historia hasta la muerte, esa sensación que aparte de obligarnos a no incidir en nuestros errores, nos impele a reconocerlos.
La actriz española Cruz competirá por el premio a la Mejor Actriz de Reparto con Amy Adams y Viola Davis, por 'La duda'; Taraji P. Henson, por 'El curioso caso de Benjamin Button'; y Marisa Tomei, por su trabajo en 'El luchador'
Sundace, el festival que creóado por el Instituto Sundance de Robert Reford y que dirigie Geoffrey Gilmore, celebra su 25 cumpleaños, con una muestra que hace honor a la recensión mundial, todos son dramas
Como es costumbre de las cintas de su director, Baz Lurhman, la fotografía es impecable. La fotografía llega a ser soberbia en algunas escenas y los efectos especiales son magníficos, impresionantes (la parada de la manada de vacas al borde del principio es perfecta)
Las dos dimensiones serán al cine lo que el vinilo a la música, una vez se generalicen los títulos que permiten que las imágenes se salgan de la pantalla
Clint Eastwood tras la cámara ofrece una marcada tendencia a plantear temas de fuerte controversia social en los que la ley ejerce de elemento coercitivo
Nueva versión de un clasico del cine de ciencia-ficción de los cincuenta con Keanu Reeves en plan extraterrestre
El ejemplar mensaje de 'Un gran día para ellas' viene a decir algo así como que la fortuna siempre está del lado más oprimido de la sociedad
El Bond actual se transforma en carne y hueso para abandonar su anterior aspecto robótico
Pura y diáfana en los cometidos,'Gomorra' inaugura -que no inventa- un género perdido en la memoria a través del cual el envoltorio cede al contenido
Ridley Scott opta, en sus últimas muestras de supervivencia, por un estilo intachable en lo formal que presenta, no obstante, serias vacilaciones en lo más profundo




















