
Mafia sucia, carente del más mínimo asomo de dignidad, caricatura de un imperio que el cine ha convertido en deseo privado de cualquier adolescente con ganas de poder. Imperio del crimen a pie de calle, poseedor de mierda e indecencia, ajeno al hechizo propio de un género fílmico que tras cien años de historia continúa en su labor de coronar al abyecto miembro de una familia sin ningún rasgo de espiritualidad. Clan organizado en plena cloaca, lejos del mundanal ruido imperante en los grandes hoteles y extremadamente cerca de la basura hedionda creada a mayor gloria de su éxito.
El Tony Montana de Gomorra es un chaval miserable, perdido dentro de un espacio barriobajero ocupado por usurpadores del bienestar, miembros de una raza a la que el sinsentido de su existencia llama a una rápida conversión en parodia infernal de sí misma. El émulo de Al Pacino pasea una condición de ignorante rayana lo intolerable cuya razón de medra reside en la supervivencia cotidiana, la cual no es sino una forma de manifestar un ‘mañana será otro día’ ininterrumpido y constante hasta la muerte prematura.
Residuos tóxicos o no, urge enterrar en un lugar en ninguna parte bidones que garanticen la manutención diaria, no así la futura. Vida al minuto quizá porque quizá mañana sea demasiado tarde para comprobar que el cielo tuvo un momento de aparecerse en azul.
Condición única la de un pagador sobornado por todos los que le rodean al que basta el más mínimo aviso para saber con quién se la está jugando; la cochambre pululante a su alrededor y la inutilidad para cambiar el rumbo de las cosas. La muerte es una consigna a la que cuesta acostumbrarse, aun teniéndola alrededor cada instante de respiración. El niño amigo de sus amigos que pasa a ser enemigo de aquéllos por una mera cuestión de arbitraje entre clanes, demostración clara de los entresijos manejados a favor de nadie y en contra de todos.

Matteo Garrone dibuja un retrato acerca y alrededor de la Camorra que no conoce parangón, ni tan siquiera influencia alguna en el realismo de su planteamiento. En tono cuasidocumental, el autor restringe el uso y abuso de condicionantes que puedan retrotraer a películas sobre el problema de la mafia en las que el glamour sustraiga el verdadero germen del conflicto, por denominarlo de una cierta forma.
Pura y diáfana en los cometidos, la cinta rescata un género perdido en la memoria a través del cual el envoltorio cede al contenido y la identificación con el villano a la realidad mostrada por el mismo.
Es cine que, por no llevarse entre los andares hogareños, resulta extraño; quizá ofensivo y hasta insultante para un alma creada según los cánones hollywoodenses. No es oro todo lo que reluce cuando queremos ver prerrogativas en nuestros gobernantes. Detrás, de una manera u otra, siempre se halla la podredumbre, la escasa razón que lleva a un pordiosero a matar a un vecino para conseguir un beneficio al alza en el maremágnum político.

Quede claro que lo exhibido por Gomorra es, a grosso modo, la manera de funcionar de un sistema manejado por delincuentes que quitan y ponen títeres elegidos bajo condicionantes democráticos sin otro menester que rendir pleitesía a sus valedores.
Las notas aclaratorias al final del film ponen los pelos como escarpias sobre el origen y destino de un dinero ganado de forma ilícita pero, al final, garante de la estabilidad del ciudadano que de forma honesta paga sus impuestos. Es, en definitiva, un filme narrado de forma adusta y en exceso cercana al meollo de un problema sin solución cuya génesis —la novela de Roberto Saviano— alcanza al común de los ciudadanos, no sólo italianos, tampoco únicamente napolitanos, sino españoles.
Valga la declaración del susodicho a un diario de máxima reputación en nuestro país: “El poder criminal carece de límites. Una de las razones por las que me decidí a hablar con un diario de España es que este país ha sido invadido por el dinero de la Camorra, y no entiendo que no se preste más atención al fenómeno. Puede ser que los fiscales y los especialistas estén preocupados, pero no parece que exista entre los políticos la conciencia de que la Camorra participa en el desarrollo económico español”.
Por lo demás, una película a tener en cuenta y digna de debate, ya sea cinematográfico o político.
La actriz española Cruz competirá por el premio a la Mejor Actriz de Reparto con Amy Adams y Viola Davis, por 'La duda'; Taraji P. Henson, por 'El curioso caso de Benjamin Button'; y Marisa Tomei, por su trabajo en 'El luchador'
Sundace, el festival que creóado por el Instituto Sundance de Robert Reford y que dirigie Geoffrey Gilmore, celebra su 25 cumpleaños, con una muestra que hace honor a la recensión mundial, todos son dramas
Como es costumbre de las cintas de su director, Baz Lurhman, la fotografía es impecable. La fotografía llega a ser soberbia en algunas escenas y los efectos especiales son magníficos, impresionantes (la parada de la manada de vacas al borde del principio es perfecta)
Las dos dimensiones serán al cine lo que el vinilo a la música, una vez se generalicen los títulos que permiten que las imágenes se salgan de la pantalla
Clint Eastwood tras la cámara ofrece una marcada tendencia a plantear temas de fuerte controversia social en los que la ley ejerce de elemento coercitivo
Nueva versión de un clasico del cine de ciencia-ficción de los cincuenta con Keanu Reeves en plan extraterrestre
El ejemplar mensaje de 'Un gran día para ellas' viene a decir algo así como que la fortuna siempre está del lado más oprimido de la sociedad
El Bond actual se transforma en carne y hueso para abandonar su anterior aspecto robótico
Ridley Scott opta, en sus últimas muestras de supervivencia, por un estilo intachable en lo formal que presenta, no obstante, serias vacilaciones en lo más profundo
La nefasta elección de personajes nuca llega a desdecir, no obstante, la ridiculez de la historia presentada en 'Sólo quiero caminar'




















