
El mes de agosto traerá a nuestras pantallas ejercicios cinematográficos de dorado envoltorio que encuentran perfecto acomodo por aquello de que no son fechas para pensar, como si en el resto del año se llevara a cabo el arte de la exhibición contraria.
Lo que antes se justificaba por los tiempos de solana ahora se practica, durante doce meses, bajo la excusa del calentamiento global de la única neurona que la crisis —política, económica, cultural, social, emocional, sentimental, hormonal, vecinal, estomacal, cerebral y hasta rectal—, deja libre en virtud de convertirla en la única que haga recapacitar al gentío para el pago de impuestos luego derivativos de sueldos políticos tan sólo alcanzables mediante cinco cuponazos consecutivos de la ONCE, que puede darse el caso y, de hecho, se ha dado.
Para los más partidarios de la política local y, en especial del asunto del mercadillo de óbitos regido por nuestro principal regente, se estrena pronto Diario de los muertos de George Romero
Pero lo que toca es cinematográfico y no propio de actividades de teatrillos dirigidos por alcaldillos incompetentes decididos, con pleno derecho democrático, a vaciar el monedero ajeno cuanto antes mejor, no sea que el injusto asunto del voto en la urna vaya a propinar un giro y la SGAE se vea en la coyuntura de tener que aplicar el canon a los contenedores de basura por recibir en su interior un número incalculable de discos y retratos de Ramoncín meando a la concurrencia con un pollo frito por bandera. Nunca sirvas a quien sirvió ni pidas a quien pidió.
Así, para pronto, tienen preparados los cómplices del estado en la tarea de lavar ‘quijoteras’ por dentro, nada menos que películas de la talla de WALL.E, historia sobre un robot empleado en labores de limpieza de un planeta repleto de inmundicias que se cree una especie de trasunto de gobernante patrio, o sea, el único habitante de la Tierra. Es de animación, con lo cual se superan grandes barreras y se topa uno de bruces con las pequeñas.
Para los más partidarios de la política local y, en especial del asunto del mercadillo de óbitos regido por nuestro principal regente, se estrena pronto Diario de los muertos de George Romero, cuyo título no debe llevar a equívoco ya que no se trata de otro pastiche de nuestro bienmandado realizador de culebrones Pedro Almodóvar. No participa, pues, Penélope Cruz, y sí un grupillo de gente a la espera de éxito que no vamos a nombrar porque tampoco aclararíamos gran cosa. Eso sí, el firmante es el que siempre rubrica tales historietas y que además lo hace en pleno título.
Para más adelante, aunque no mucho tampoco, los vendedores de palomitas (antes llamados distribuidores, programadores, exhibidores y cosas similares) tienen preparada la salida a escena del enésimo Batman que en esta oportunidad lleva el epígrafe de El caballero oscuro. Pese a maniobrar el producto un hombre tan interesante como Christopher Nolan —autor de Memento, Insomnio y otro ejercicio sobre el murciélago de turno que no estaba nada mal— esto huele más a cadáver que el negocio, mal llamado Mancomunidad, presidido por el jefe del ayuntamiento de aquí.
A finales de mes, se suaviza la cosa con Guillermo del Toro y Hellboy 2: El ejército dorado, que pese a ser la segunda parte de una adaptación de cómic viene bajo el auspicio del responsable de El laberinto del fauno
Y luego, a renglón seguido, Mamma Mia!, con Meryl Streep, Julie Walters, Colin Firth y Pierce Brosnan. ¡Toma ya Abba para el que no quería caldo y se tragó dos tazas! Catherine Johnson guionista y artífice de un éxito que no se creen ni sus familiares más directos. Lo hortera de décadas atrás como símbolo de culto de la época actual. ¿Para cuándo un ejercicio similar con Mocedades y el realizador de Todo sobre mi madre convirtiéndoles a todos en enfermos terminales a punto de contraer la malaria a causa de mantener relaciones sexuales con aborígenes venidos de un país ignoto en el que todavía se aprecia a una folklórica española cantando una tonadilla en pleno apogeo argumental mientras la protagonista fornica con el vecino, por otra parte, machista de toda la vida? El secretario personal de Botín, con casa gratis en Moncloa, echaría el resto en subvenciones para promover cabalgatas de gigantes y cabezudos por toda la América… subdesarrollada.
Ya luego, a finales de mes, se suaviza la cosa con Guillermo del Toro y Hellboy 2: El ejército dorado, que pese a ser la segunda parte de una adaptación de cómic viene bajo el auspicio del responsable de El laberinto del fauno. Eso, en los terrenos en los que habitualmente el cine se ve obligado a recorrer a pie y sin opción de hallar calzado, no es poco, casi diríamos que mucho.
Los tenderos y usurpadores de la vida pensante de sus empleados que rigen cines y otros antros de ocio, al fin y al cabo, ¿qué son?
Es difícil, cada vez más, acudir al comedero oficial de maíz reventado a visionar un film; empero, quien pretenda otra forma de diversión puede hacerlo a través de la excelente programación cultural que nuestros ilustres munícipes siempre guardan en la recámara para satisfacer el regocijo de los pagadores de sus vicios. Sin ir más lejos, en diferentes plazas de la urbe leonesa organizan unos saraos verbeneros que quitan el hipo… a fuerza de sustos.
¡Y la de Jiri Menzel acabará en el Cine Universitario y Juan Carlos Mostaza de tendero de videoclub como se le ocurra seguir ubicado en la ciudad donde los inútiles tienen la oportunidad de llegar a ser secretarios municipales de banqueros y ladrilleros!
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