
La villa medieval de Buendía, situada al noroeste de la ciudad de las casas colgadas, y más concretamente el paraje de La Península, acoge una de las más bellas rutas de tradición escultórica de España. A orillas del pantano de Buendía, y envuelta por sus azules aguas, se encuentra La Ruta de las Caras, un frondoso paraje natural donde se fusionan arte y naturaleza.Esculpidos en ancestrales piedras calizas y rodeados de pinares encontramos diferentes rostros cargados de misterio. La soledad y el silencio del lugar contribuyen a crear el ambiente místico que caracteriza a este paraje de la sierra de cuenca.
Fue en 1992 cuando los artistas madrileños Eulogio Reguillo y Jorge Maldonado, con un cincel como único compañero, aterrizaron en este lugar. Desde entonces, 16 ‘jetas’ talladas en rocas de arenisca vigilan la Alcarria conquense. Algunas de estas obras esconden entre su belleza cuatro años de trabajo, el tiempo que necesitaron sus creadores para darles forma. La dureza de las rocas complicaron el trabajo.

El origen de estos rostros está en las culturas precolombianas que reflejan lo más profundo y arcaico del ser humano. Con esta premisa, las esculturas que conforman La Ruta de las Caras reflejan la sonrisa arcaica, una ‘técnica’ empleada por los artistas para dar un rasgo muy personal y característico a sus creaciones.
Su posición frontal las relaciona con la escultura de los países orientales y más en concreto con la India. ‘La Monja’, ‘El Beethoven de Buendía’, ‘El Chamán’, o ‘La Dama del Pantano’ son algunos de los rostros que han dado vida propia a los pedruscos de Buendía. Con figuras de hasta tres metros y medio de altura, dimensión que alcanzan algunos de estos semblantes, La Península se convierte en un paraje de gran majestuosidad.

Para hacer el recorrido completo, —10 kilómetros entre ida y vuelta— formado por terreno llano en el que los olivares abrigan y forman un bello paisaje, que en primavera está adornado con las flores de preciosos almendros, hasta los mimos pies de las esculturas, se necesita una hora de camino. Durante todo el trayecto el turista está invitado a descubrir por sí mismo un lugar lleno de fantasía donde la imaginación del ser humano puede conformar innumerables mundos con vida propia.
Desde Buendía el caminante debe seguir los indicadores que le adentrarán de lleno en la ruta, de muy baja dificultad y, por tanto, accesible a todo el mundo. Ésta comienza en La Puerta Nueva, un arco y los restos de una muralla del siglo XV. Desde allí el recorrido se extiende en cuatro kilómetros hasta llegar a los rostros. Hasta ese lugar se puede acceder en coche pero, una vez allí, hay que estacionar el vehículo y prepararse para disfrutar del recorrido.

‘La Moneda de Vida’, un bajorrelieve alegórico de dos metros, es la encargada de dar la bienvenida a los transeúntes. Pocos metros después nos topamos con ‘Cruz Templaría’, ‘Krishna’, ‘Maitreya’ y ‘Arjuna’. Separadas por escasos metros una de otra forman un conjunto rocoso de grandiosa belleza. Con el pantano como escenario encontramos ‘La Espiral del Brujo’. Este rostro rompe con su movimiento el tiempo y el espacio para conducirlo a lo infinito. Chemary, un gran mono que parece sacado de un cuento de fábula, y del que muchos dicen que es barbudo, asoma entre olivares y hierbas aromáticas. La senda continúa.
A 250 metros podemos divisar una de las tallas más famosas. ‘La Monja’, un rostro de enormes mofletes, que recibe ese nombre por su similitud al contorno del hábito de una religiosa. Sólo una pequeña pendiente la separa de Chamán, que fielmente dirige su mirada al pantano y sirve de guía al caminante. Siguiendo el sendero, con el pelo al viento, encontramos la talla que evoca el talento de uno de los compositores más importantes de la historia de la música. ‘Beethoven de Buendía’, que así se llama la escultura, acogió el nombre de este gran genio.

Protegiendo el terreno que los rodea encontramos otros rostros como el ‘Extraterrestre’, ‘De Muerte’, una calavera situada en lo alto de una peña y la única de las 16 ‘jetas’ que mira a naciente o ‘La Dama del Pantano’, que marca el camino a la Peña de las Vírgenes. Esta pared rocosa acoge las tres últimas esculturas que completan el recorrido. Cinceladas sobre la última peña ‘La Cruz de Temple’, La Virgen de la Flor de Lis y La Virgen de las Caras, son las encargadas de despedir al caminante.
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