
Birmania (Myanmar). El Monte Popa (1600 m. de altura) es la montaña mas alta de la Myanmar central. Se trata de un volcán extinguido hace ahora 250.000 años donde las diferentes coladas de lava formaron importantes relieves. Se puede llegar hasta la cima pero es una empresa no demasiado fácil y es imprescindible un guía. Se tardan unas 3 horas y en el último tramo de ascensión hay que utilizar pies y manos. En lo alto encontraremos una pequeña base militar y un pequeño estupa —enclave budista para contener reliquias— al borde del cráter de 600 m. de largo por 1,6 Km. de ancho.
El aire es fresquísimo y puro y si el tiempo es claro, la vista es magnífica. El descenso, más fácil y rápido, permite fijarse en el exuberante bosque tropical que se atraviesa con árboles, flores y bananeros que cubren todos los flancos del volcán. La vegetación es tan variada y frondosa que los birmanos llaman a este volcán la “montañaa de las flores” (en sánscrito “popa” significa flor). Desde 1981 toda la zona es un parque natural.
:: La morada de los espíritus

Monos en la escalera de acceso al Monasterio
Sin embargo, los visitantes no suelen subir nunca a la cima y se conforman con llegar hasta el monasterio construido en lo alto de una chimenea de lava solidificada que quedó en pie después de la destrucción del cono volcánico. La ascensión se hace por una empinada escalera en algunos tramos muy bien acondicionada y en otros bastante peligrosa a causa de los materiales de construcción. Durante toda la ascensión estaremos acompañados de algunos miembros de la numerosa colonia de monos (por cierto, protegidos puesto que estamos en un lugar sagrado) que habitan la zona. En teoría suelen ser bastante pacíficos pero nunca hay que fiarse por que no tienen ningún inconveniente en agarrarse al cogote del azorado visitante para arrebatarle algún objeto que haya llamado su atención, incluidas las gafas. No hay que dejarse engañar por la creencia de que el acto de dar comida a los animales contará positivamente para vuestra vida futura. Por supuesto que los budistas creen que así será, pero si se os ocurre repartir comida a los monos no os los quitareis de encima e incluso pueden llegar a morder para arrebataros la bolsa de cacahuetes o los plátanos.
Por si todo esto no fuera suficiente, todo el recinto se considera un lugar sagrado por lo que a la entrada hay que quitarse zapatos y calcetines. El panorama que os espera ya os lo podáis imaginar. Tanto en la ascensión como durante el descenso hay que sortear los excrementos de los monos. Si llueve, aunque las escaleras están someramente cubiertas, la situación empeora. Francamente, es mejor no mirar lo que uno pisa y, a la vuelta, buscar desesperadamente una fuente para lavarnos unos pies que, en el mejor de los casos, estarán negros como el carbón.
Si el tiempo está despejado la vista es magnífica ya sea desde lo alto o desde cualquiera de las múltiples plataformas que forman regularmente las escaleras a modo de grandes descansillos. Por el contrario, en época lluviosa es muy posible que una espesa niebla cubra toda el área. En tal caso, no vale la pena la ascensión y nos podemos contentar visitando el gran monasterio de la base que cuenta con multitud de salas para albergar a los peregrinos, grandes cocinas y salas que actúan de comedor común. Además, el monasterio también tiene un gran número de pequeñas construcciones para albergar a los estudiantes de la escuela de meditación.

Detalle del Monasterio
En su orígenes, el Monte Popa no era un lugar de culto budista sino animista. Después del periodo de Bagan el monte fue considerado como la residencia de todos los genios del panteón birmano y, en especial, del Señor de la Gran Montaña y de su hermana, la Señora de la Cara de Oro.
Un altar de genios se encontraba antiguamente en la cima donde habitaba Zodgyi, un personaje legendario del folclore birmano, dotado de poderes sobrenaturales. Veinte años mas tarde los budistas se apoderaron del lugar que, sin embargo, ha seguido siendo considerado como la morada de los Dioses. Los brujos siguen viniendo en gran numero para hacer las ofrendas a los espíritus y los peregrinos acuden por millares para solicitar las intervenciones sobrenaturales que solucionaran sus problemas. Es gracias a sus donaciones que todos las edificaciones del recinto se han construido. Cuando el “superior” tiene necesidad de dinero no tiene ningún inconveniente en acudir a los ricos comerciantes de Mandalay para solicitar sus óbolos.
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