
El país de las sensaciones. Bamako, capital de Malí, no atrae a los turistas —no hay nada que ver— que se desplazan ansiosos a Segou capital colonial, con infraestructuras para los turistas, a Tombuctú, capital espiritual y cultural, a los enclaves de los Tuareg o al País Dogón. No obstante, el Malí auténtico está en Bamako. Jóvenes de las zonas rurales de Mali, y también de los países vecinos como Burkina Faso, Níger y Guinea, viajan a la capital con el objetivo de trabajar o de estudiar en la universidad: “En Bamako hay algo que hacer”. Bamako se ha convertido en la frontera entre el wahabismo yihadista y el islam espiritual. En Bamako se está librando una guerra sorda entre ambas fuerzas. El que gane la batalla controlará el desierto y los la fronter Sur del mismo (el Sahel). Su importancia estratégica, para Francia, para Estados Unidos, para Argelia, para Marruecos, para Al Qaeda o para Arabia Saudí es indiscutible.
Bamako es la capital del borde (sahel) sur del desierto. En todo el continente africano siempre han sido frecuentes las migraciones internas por razones diversas, y hasta hace poco en Mali nadie pedía los papeles
Bamako es la capital del borde (sahel) sur del desierto. En todo el continente africano siempre han sido frecuentes las migraciones internas por razones diversas, y hasta hace poco en Mali nadie pedía los papeles. Todavía hoy es fácil conseguir permisos de residencia, y eso hace de Bamako una ciudad cosmopolita y muy activa, que, a pesar de todo, todavía mantiene una identidad propia: comparada con otras capitales del continente, Bamako se ve pequeña. Formada por barrios tranquilos de calles sin asfaltar y con mucha actividad vecinal, es fácil topar con pequeños rebaños de ovejas, gallinas, niños jugando y mujeres lavando la ropa y los platos en los límites relativos del exterior y el interior de las casas.

Poblado Dogón
Contrariamente a los lugares más turísticos de Mali, en Bamako ningún niño pedirá regalos al ver a un tubabu (blanco): pedir por pedir es una costumbre muy común, generada por los turistas y su obsesión del regalo caritativo a los niños, como bolígrafos o caramelos, quizá para aliviar sus conciencias y condicionados claramente por un imaginario del niño africano, creado y monopolizado desde las campañas “humanitarias”. Como en Bamako no hay turistas, no hay niños con el mono, auténticos yonkis del regalo: aquí, al ver a un tubabu, los niños se limitaran a saludarlo.

Mercado de Bamako
Estos barrios están rodeados por grandes avenidas rebosantes de tráfico y de actividad comercial en sus márgenes, con numerosos talleres mecánicos, vendedores ambulantes de tarjetas para recargar el móvil y puestos de comida. Dos puentes extensos enlazan las dos orillas del majestuoso Níger, que parte la ciudad en dos. Cruzarlos a pie, en un trayecto de unos veinte minutos, permite ver concentrada toda la actividad y las características de los habitantes de Bamako: un movimiento constante durante todo el día, con las cargas de mercancías usando todo tipo de transporte (en la cabeza mientras se camina, en pequeños carros empujados por niños o tirados por animales, en bicicletas donde lo acarreado ocupa tres veces más que el vehículo, en motos, coches y camiones que rebosan paquetes…), circulación intensa de cualquier modelo de coche (desde los más viejos hasta las últimas novedades de lujosos 4×4 con cristales ahumados), autobuses, taxis o los incontables minibuses verdes, los sotramas, con unos encargados que dominan a la perfección la técnica de colocar a los pasajeros como si fuéramos sardinas enlatadas…
En este alargado espacio para peatones y vehículos no puede faltar el transporte característico de la ciudad: la motocicleta. En ellas circulan hombres y mujeres que dejan ver su culto por la limpieza y la elegancia —de ellos mismos y de sus vehículos—. Esta importancia por el aspecto provoca que, a pesar de unas condiciones sociales variadas, la imagen resultante sea más homogénea.
Culturalmente es una región de gran creatividad. La diversidad cultural de sus pueblos lleva generando desde hace siglos todo tipo de expresiones artísticas de gran valor, especialmente en la literatura, la danza, la escultura y, como no podía ser de otra manera, en la música. Mali es hoy un gran exportador musical, con incontables figuras que han triunfado internacionalmente sin por ello dejar de ser referentes nacionales, como Salif Keita, Ali Farka Touré, Oumou Sangaré, Amadou & Mariam, Toumani Diabaté… Estilos como el hip hop y el reggae son también una realidad y no sólo entre los más jóvenes: la proliferación de grupos que incorporan la crítica social facilita la circulación de mensajes y la concienciación.

Bus entre Sidi y Bamako
Tiken Jah Fakkoli, el cantante de reggae más popular de Mali, no se cansa de denunciar todo tipo de situación ilegal, como por ejemplo en su casete titulado explícitamente “Françafrique“. Este término se utiliza para designar la relación criminal de Francia con sus antiguas colonias, apoyando a las dictaduras y desviando los fondos de “cooperación”. En una de sus canciones, Tiken Jah habla de la intervención militar francesa en toda la región de esta forma: “Primero son los pirómanos y después quieren ser los bomberos”. Durante la edición del FSM, su concierto en el estadio Modibo Keita a un precio popular era una de las cosas más esperadas por los jóvenes de Bamako.
Otro tipo de riqueza es la espiritual. Como país musulmán, Mali ha estado tradicionalmente alejado de las posiciones más distorsionadas del Islam. A pesar de esto, el wahabismo integrista y radical y el materialismo desenfrenado del consumismo atacan constantemente sus fundamentos religiosos.
Disfrute Bamako, los pequeños detalles, sienta el pulso real del país y despues viaje, si así lo desea, al interior.
:: Consejos de una viajera
- No dejes de probar el capitán, pez del Níger, con alguna salsa africana.
- Si entre las raíces de un baobab ves algún objeto (un trozo de cerámica, una sandalia…) no lo cojas, es una ofrenda.
- En las aldeas da la mano a los niños, pero entonces renuncia a hacer fotos… no te sueltan.
- Detente en el camino para visitar todos los mercados, por la tarde hay una luz especial.
- No te pierdas el atardecer en Mopti a orillas del Níger (imperdonable olvidar la cámara de fotos).
- Confía en el transbordador para ir a Djenné, no pasa nada. Ellos lo usan continuamente.
- Además, cuando lo estés esperando no dejes de comprar un juguetito de hojalata reciclada a los niños.
- Si vas a visitar el País Dogón, aprovecha en Mopti o en Djenné para comprar nueces de kola. A los ancianos dogón les encanta que se las regales.
- Mira Tombouctoú con mucha, mucha poesía. Tienes que imaginar a las caravanas transaharianas cuando llegaban del Norte o iban a salir en dirección al Mediterráneo (te puede ayudar una historia que alguien ha dejado en el Hotel Le Colombe II, en la habitación núm.15 en el cajón de la mesilla de noche).
- Excepto por conocer el desierto de Tombouctoú, la visita a los tuareg es del todo prescindible. Vale más la pena que te sientes en un portal y te quedes dos horas viendo discurrir la vida en la ciudad.
- Llévate un pañuelo foulard. Te puede servir para muchas cosas: cubrirte cuando el aire acondicionado es muy fuerte o cuando has olvidado el sombrero. Además, lo agracederás si te encuentras con una tormenta de arena.
- No te empeñes en hacer un trekking por el País Dogón, sobre todo en las épocas más calurosas. Con ver unas pocas aldeas y bajar la falla es suficiente para hacerse una buena idea del asunto.
- No fotografíes a las personas si no te autorizan. Las mujeres se enfadan muchísimo.
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