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Escapadas
San Sebastián, la bella concha del Cantábrico
Peatóm | Ana Mª Suárez | 26·07·2008 | 06:11

San Sebastián es hoy en día una ciudad envidiable para vivir por la belleza de su arquitectura y de su entorno natural, pero ésa es la consecuencia de una larga transformación de resultados inmejorables. En sus orígenes era una población más de pescadores que se asentaron gracias a las condiciones excepcionales que ofrecía esta bahía protegida de los caprichos del mar.

En la actualidad La Concha, playa formada por esta bahía, es el símbolo más emblemático de esta ciudad vasca conocida por sus gentes como Donostia. Este enclave privilegiado le ha servido para alzarse con el título de arenal urbano más famoso de España. El escenario natural es impresionante, pero la mano sabia del hombre la ha dotado de detalles elegantes como la blanca y kilométrica barandilla que marca el límite entre mar y tierra, las farolas, dos grandes relojes de principios de siglo y el Palacio de Miramar, que la sella por el oeste.

El monte Igeldo sirve de plataforma para asomarse a contemplar la complicidad entre La Concha y el casco urbano. Si lo que se prefiere es un contacto directo con la inconmensurable fuerza del Cantábrico se puede acudir a la Punta Torrepea. Para este paraje Eduardo Chillida dio forma a El peine de los vientos, que se convirtió en la obra más importante y popular de este escultor vasco. Cuando el mar muestra su lado más bravo las olas rompen y se cuelan a través de tres esculturas de acero clavadas a las rocas y que responden a una mezcla de estilo informalista, minimalista y ‘land art’ del autor.

Pero no sólo de La Concha viven los donostiarras. La playa de Ondarreta, resguardada por una zona ajardinada y el Pico del Loro, con el Palacio de Miramar y la de Zurriola con más oleaje y, por ello, la más frecuentada por los surfistas, completan las tres opciones playeras que ofrece esta capital vasca.

El mar juega un papel indiscutible en la bella San Sebastián, pero la majestuosidad de sus monumentos no se queda atrás. Una muestra de ello es la Catedral del Buen Pastor que se levanta en el mismo eje de la basílica de Santa María. Desde cualquier punto de las calles Loyola, Hernani y Mayor se pueden ver simultáneamente las fachadas de ambas iglesias.

Un detalle curioso de esta seo es que, a primera vista, parece una gran catedral medieval por su estilo imitación al gótico, pero en realidad apenas tiene cien años.

San Sebastián siempre ofrece alternativas irrechazables para el deleite. Una opción para disfrutar de un sencillo y tranquilo paseo es acercarse al mercado de la Brecha que recibe este nombre porque en 1813 los sitiadores lograron romper la muralla en ese enclave. En la actualidad, el visitante puede disponer de todas las ventajas de un gran centro comercial, pero atendido de manera tradicional y costumbrista.

La gastronomía donostiarra es imposible de olvidar una vez que se prueba y, en muchas ocasiones, es el motivo principal por el cual la mayoría repite viaje a San Sebastián. La peculiar forma de comer y beber remarca la peculiaridad de la cocina vasca que no sólo entra por la boca, sino que primero lo hace por los ojos. Los bares y restaurantes ofrecen barras interminables repletas de pinchos elaborados y originales que hacen realmente difícil poder elegir sólo uno en cada ocasión. Además, el buen vino, especialmente el chacolí, un blanco de la tierra suave y fresco que combina con casi cualquier cosa, permite que ir de pinchos se convierta en todo un placer.

Entre los platos típicos destacan la sopa de pescado a la donostiarra, el marmitako, la porrusalda, la pastela de merluza creado por Arzak, la tortilla de bacalao, las angulas en cazuela, chipirones encebollados en su tinta y la merluza en salsa verde con almejas, por citar sólo algunas recetas.


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