Dice un viejo proverbio chino que “jamás se desvía uno tan lejos como cuando cree conocer el camino”. Por eso si viaja a Pekín en estas fechas, más vale que no conozca demasiado el camino, aunque sí algunos datos imprescindibles para aproximarse a esta ciudad milenaria e inmensa, de la que tan poco sabemos los occidentales. Los juegos Olímpicos la convierten en un gran escaparate abierto al mundo y en un destino muy atractivo.
La designación de Pekín como sede olímpica en 2001 supuso todo un acontecimiento para China. Las obras y las instalaciones deportivas se han sucedido en estos años y la ciudad luce un aspecto renovado. Además el desarrollo reciente del turismo y la cita olímpica han impulsado el refuerzo de su capacidad hotelera, poniendo al alcance del viajero un mundo hasta hace poco tiempo enigmático y lejano.
La que fuera residencia de los emperadores chinos desde el siglo XV hasta principios del XX , la conocida ‘Ciudad Prohibida’; el Templo del Cielo, un lugar de culto para los soberanos Ming o el ‘Palacio de Verano’ son algunos de los lugares emblemáticos de la capital china, testigos de su pasado imperial.
Pekín, también llamada Beijing, cuenta con un rico patrimonio arquitectónico: desde los palacios imperiales hasta las casas tradicionales con sus patios cuadrados, los ’siheyuans’
El mausoleo de Mao en el centro de la plaza de Tian anmen y la Gran Muralla, en los alrededores, condensan otra parte de la historia de esta gran ciudad donde todo cambia muy rápido.
Aunque Pekín cuenta con numerosas agencias de alquiler de coches, no es aconsejable moverse por cuenta propia. La gran dificultad no reside en el estado de las carreteras —que se han mejorado—, sino en la señalización, escrita en alfabeto chino.
Un paseo por la ciudad olímpica
La capital china es una ciudad muy extensa, por lo que debe planificar muy bien sus visitas. Las distancias engañan, así que no lo intente a pie, lo mejor es alquilar un taxi entre varias personas o bien utilizar el transporte público; el metro es más económico y rápido que el autobús, por lo general muy masificado. También pude trasladarse en taxis bicicletas —rickshaws— bastante caros y sólo utilizados por turistas.
Pekín, también llamada Beijing, cuenta con un rico patrimonio arquitectónico: desde los palacios imperiales hasta las casas tradicionales con sus patios cuadrados, los ’siheyuans’.

La primera visita obligada es la plaza de Tian Anmen, centro neurálgico de la ciudad, presidida por el mausoleo de Mao Zedong o She Tun, donde yace el cuerpo del presidente embalsamado en un ataúd de cristal desde su muerte el nueve de septiembre de 1976. Esta plaza también acoge el Museo de la Revolución y la entrada a la Ciudad Prohibida, también denominada Gugong y Palacio Imperial. Es el monumento más espectacular, de los mejor conservados de China y de los más visitados.
No menos sugerente es el Templo del Cielo —símbolo del cenit de la arquitectura Ming—, situado a dos kilómetros al sur de Tiananmen. Es un templo de techos azules, construido sin un único clavo en 1420 durante el reinado del emperador Yongle, de la dinastía Ming, para elevar al cielo sus plegarias y así obtener buenas cosechas. Dos veces al año, los emperadores venían a este palacio para celebrar las siegas.
En la zona noroeste de la ciudad se encuentra el Palacio de Verano o Yihe Yuan, con su enorme lago y sus innumerables estancias. Como su nombre indica fue residencia de verano de distintos emperadores de la última dinastía Ming. Es un extenso conjunto arquitectónico que ocupa toda una colina y que además alberga unos jardines espectaculares. Según cuenta la historia, la que más utilizó este palacio fue la viuda del Emperador ‘Cixi’, que subió al trono en 1861 y lo restauró en en 1900, tras haber sido incendiado por las tropas franco inglesas durante la Segunda Guerra del Opio entre 1856 y 1860.

En mitad del lago denominado Kun Ming, se encuentra el palacio de ‘Las olas de Jade’, en la actualidad reconvertido en Museo. El puente de las diecisiete arcadas, la colina de la Longevidad milenaria, el Barco de mármol, son otros lugares especiales de este recinto lleno de palacios, templos y parques.
La Gran Muralla y las Tumbas Ming
No lejos de la capital se alza la Gran Muralla, la única construcción humana que se puede ver desde el exterior de la atmósfera; se extiende a lo largo de casi siete mil kilómetros. La parte más cercana y a la vez la mejor conservada es la de Badaling. Es sin duda la más popular y más visitada, a unos setenta kilómetros aproximadamente de la capital. Menos frecuentado es el enclave de Simatai y Mutianyu. A todas estas secciones se puede acceder desde Pekín en coche, tren o autobús.

La Gran muralla comenzó a construirse en el siglo V a.C, para protegerse de la invasión de los mongoles y se prolongó hasta el siglo XVI d.C. En la época de los Ming, alcanzó más de 6.500 kilómetros y llegó hasta el mar.
La Gran Muralla es la única construcción humana que se puede ver desde el exterior de la atmósfera; se extiende a lo largo de casi siete mil kilómetros
Además de muro defensivo, era la principal vía de comunicación de las tropas. A partir del siglo XVII, el pueblo la utilizó como cantera.
Cerca de la Gran Muralla se sitúan las tumbas Ming, en el cementerio más importante de China, construido en 1409 en tiempos del emperador Yongle. Allí se encontraron trece de las tumbas de los diecisiete emperadores de la dinastía Ming. Pero de las trece, solo tres están abiertas al público: la tumba de Xianling, la de Zhaoling y la tumba de Ding; esta última es la tumba del emperador Wanli, fallecido en 1620 y enterrado con sus concubinas.
La Ciudad Prohibida y los ‘Hutong’
La ciudad Prohibida, también denominada ‘Ciudad Púrpura’ o ‘Palacio Imperial’, es un lugar de peregrinaje del pueblo chino, que pudo verla por primera vez en 1924, tras quinientos años de prohibición. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, es visitada a diario por miles de personas. La visitan tanto comunistas —allí mismo se implantó la Revolución Comunista en octubre de 1949—, como nacionalistas —fue la residencia de los emperadores chinos los últimos seiscientos años— , todos ven en ella el símbolo de la China eterna.

Se comenzó a edificar en 1421 por el emperador Chengzu, quien utilizó a más de 200.000 obreros. Está formada por un laberinto sorprendente de palacios, puertas de acceso, jardines y distintas estructuras de las diferentes dinastías chinas, que se extienden a lo largo de setenta y dos hectáreas.
La película ‘El último Emperador’ de Bernardo Bertolucci la popularizó a la vez que dio a conocer los palacios y estancias más importantes de este recinto.
Los ‘Hutongs’, que en lengua mongol significan camino, son un entramado de callejuelas de origen medieval que están llenas de casas populares tradicionales
A ellos se accede por distintas puertas, como la puerta de Tian Anmen, la del Meridiano o Wumen o la puerta de la Armonía Suprema. Entre los lugares más tranquilos de este conjunto arquitectónico se encuentran los aposentos del emperador.
Al noroeste de la Ciudad Prohibida, alrededor de la torre del Tambor, se encuentran los ‘Hutongs’ que en lengua mongol significan camino. Un entramado de callejuelas de origen medieval que están llenas de casas populares tradicionales. Muchos de ellos han desaparecido, sobre todo los del sur.

Merece la pena visitar algunas de estas casas tradicionales pekinesas con patio interior; en concreto tres casas con patio interior, en las que vivieron distintos artistas. En especial, aquélla en la que vivió el célebre pensador contemporáneo Lu Xun (el Victor Hugo chino) en 1924, así como la residencia donde Mei Lan Fang, el cantante de ópera más importante de Pekín, pasó sus últimos años de vida y la casa de Lao She, mártir de la Revolución Cultural y autor de ‘El salón de té’ y ‘El camello Xiangzi’.
:: La ópera y el cine
La revolución cultural fue un período oscuro para los artistas chinos. A lo largo de una década, Mao y su esposa Jiang Qing, acabaron con todo tipo de creación artística. Intelectuales, pintores, poetas y cineastas fueron enviados a campos de trabajo, a la cárcel o directamente fueron asesinados. Y gran parte del patrimonio del pueblo chino, cerámicas, caligrafías y bordados, fue destruido.
La nueva China, en cambio, apoya la creación. El arte más destacado del país es el teatro y la diversión popular por excelencia: la ópera de Pekín. Un espectáculo variado que mezcla acrobacia con artes marciales, poesía y danza.

El cine es otra de las manifestaciones artísticas en auge. Solo hay que echar un vistazo a los festivales internacionales de cine más recientes, para comprobar que el séptimo arte chino vive un gran momento. Zhang Yimou, Chen Kaige, Wu Ziniu, Tian Zhuangzhuang son los directores más conocidos de la llamada ‘quinta generación’, la primera desde la Revolución Cultural. Sus películas, Esposas y concubinas, El sorgo rojo o La cometa azul, entre otros títulos, han sido muy bien acogidas por la crítica extranjera.
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