Por haber estado poblada durante siglos por cristianos, judíos y árabes Toledo se ha ganado el sobrenombre de ‘La ciudad de las tres culturas’. El hecho de que la corte de Carlos V la eligiera como sede principal también le ha valido para hacerse llamar ‘La ciudad imperial’. Y es que Toledo es arte, es cultura, es belleza, pero sobre todo es historia latente y perdurable.
Esta perla de la meseta está situada a la derecha del río Tajo que sin sentir vergüenza la envuelve y la abraza por la base de la colina sobre la que se alza con elegancia. Esta altitud se ha relacionado con el nombre, pues se cree que Toledo significa ‘levantado en alto’.
En la época romana fue cuando Tito Livio citó por primera vez a esta ciudad, describiéndola como “pequeña aglomeración fortificada”. De esta etapa surgieron también el circo romano, el acueducto y monedas acuñadas, entre otras riquezas.
En la línea del tiempo toledano figuran los musulmanes que levantaron un legado que permanece pese al paso de los siglos. La mezquita del Cristo de la Luz, del siglo X, asombra con cuatro columnas sobre las que reposan nueve cúpulas de las más diversas estructuras cuya inspiración debe ser rastreada hasta la imponente mezquita de Córdoba.

De la cultura árabe da buena fe la única puerta que aún se conserva de la muralla construida entre los siglos XII y XIII y que es popularmente conocida como la ‘Vieja puerta de la visagra’.
Los cristianos se adentraron en Toledo en 1085 con Alfonso VI quien se ocupó de su reconquista. De este amplio periodo de tiempo data el centro más importante de convivencia pacífica entre judíos, árabes y cristianos conocido como la escuela de traductores de Toledo.
La coincidencia entre musulmanes y cristianos en territorio y tiempo dio como fruto la creación del estilo mudéjar cuyas huellas más numerosas son sin duda las iglesias del Cristo de la Vega, San Vicente, San Miguel o Santiago del Arrabal. La sinagoga de Santa María la Blanca y la de El Tránsito, esta última levantada por el tesorero Pedro I de Castilla, se muestran con una excepcional e irrepetible simpleza que lo dice todo sin necesidad de más detalles. Ambas son, sin opción a discusión, los mejores regalos artísticos que nos ha hecho el estilo mudéjar.

La catedral es una joya de estilo gótico que fue concluida en 1492, año en que Colón descubrió América. Esta seo es la más original de la época por la fuerza de las líneas de sus elementos decorativos mudéjares, su estructura cúbica y la distribución de su planta, pero además fue testigo de la coronación de Felipe I y Juana La Loca. En el interior de la sacristía aguarda y mantiene un tesoro artístico formado por pinturas del Greco, Goya y Van Dyck.
También gótico es el puente de San Martín que une ambas riberas del Tajo y que está custodiado por una torre en cada uno de sus extremos.
Esta población de 232 kilómetros cuadrados de extensión es observada minuto tras minuto por el Alcázar que está en la cumbre toledana. Este edificio en sus orígenes fue un palacio romano del siglo III y fue restaurado y modificado por los cristianos durante el reinado de Alfonso VI y Alfonso X dando forma al primer alcázar.

Este conjunto de inmensa tradición, cultura y sabiduría se ha hecho merecedor del título de Patrimonio de la Humanidad declarado por la Unesco en 1986. Gozar y empaparse de esta maravilla creada por la mano del hombre siglo a siglo lleva tiempo y esfuerzo. Una buena idea es reponer fuerzas aprovechando la fama internacional de los fogones toledanos. Entre las delicias gastronómicas hay que resaltar el queso manchego, el cordero asado o guisado como cuchifrito y la perdiz con pochas, unas alubias características de la zona. Si después de una comida con alguno de estos platos apetece un buen postre se debe pedir un dulce que, aunque hoy en día es muy imitado, sólo es un manjar en Toledo, el mazapán.
Caminar por Toledo significa viajar en el tiempo para regresar a la Edad Media. Comer en Toledo es degustar la cocina del medievo y degustar las delicias de un bodegón pintado por Velázquez. Visitar Toledo es magia y obliga a repetir.
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