Slogan de la columna
ENAMORADO DEL VIERNES
Moda
David García Casado | 25·05·2008 | 02:09

La moda se ha convertido en el índice de contemporaneidad de las personas. Se está a la moda, se está pasado de moda o tal o cual cosa o persona estará de moda en un futuro próximo. Podemos ver lo implacable de tal índice cuando el auténtico horror, lo que no se puede consentir, es que algo haya estado de moda en un pasado muy reciente pero YA NO. Resulta algo casi obsceno puesto que indica que has querido estar de moda pero, de un modo algo torpe, has llegado tarde. Por otro lado podemos permitir, asintiendo con cierta reverencia, unos modos propios de cualquier época pasada, véase años 50, 60, 70… Pese a compartir en cierta medida el rigor que como ciudadanos debemos de tener para con el orden estético de una época, pienso que es absurdo seguir a rajatabla los cánones impuestos por las interesadas industrias textiles. Si se piensa bien, uno no puede dejar de ser contemporáneo; a menos que fallezca por supuesto. Para bien o para mal son las costumbres, los hábitos de cada cultura, los que deciden la indumentaria que las marcas de ropa se verán destinados a diseñar de la forma más eficaz y a ofrecer a sus usuarios siguiendo un estándar de comodidad y presencia dictado en la mayor parte de los casos por su oficio. Son muchos los diseñadores que se basan en los uniformes de los sectores de trabajo industrial, militar, empresarial… cuando deciden el tema de sus colecciones. Desde los toques marineros, las manchas de camuflaje, las deportivas de los ejecutivos… todos ellos son signos de una aproximación de la moda a las necesidades impuestas por las condiciones de trabajo de un colectivo.

Si se piensa bien, uno no puede dejar de ser contemporáneo; a menos que fallezca por supuesto

Hace poco descubrimos en Londres los grandes almacenes Primark que están causando auténtico furor en la ciudad. La razón es bien simple: ofrece una variedad razonable de productos textiles y complementos a precios ridículos. Hablamos de dos libras por una camiseta o seis por unos pantalones vaqueros. En las inmensas colas de las cajas registradoras se puede ver a la gente con macutos inmensos cargados de prendas, ropa que se pondrán un mes o dos, hasta que se desgaste o hasta que, por seguir con la idea inicial del texto, pase de moda. Como la pescadilla que se muerde la cola son sus gustos y necesidades las que determinarán el propio cambio de la moda. Sin saberlo, las derivas creativas de su forma de apropiarse y de hacer uso de la indumentaria es la que genera la avanzadilla que revoluciona las tendencias y que dicta qué está in y que está out.

Quizá lo que más me interese de la moda no sea este acceso que ofrece o no al momento estético en el que se vive, sino algo que creo que es más importante: el modo de adaptación de los tejidos, la tela y nuestra piel. Cuando nos vestimos lo hacemos con una segunda piel que se acopla mejor o peor a nuestros cuerpos. Vestir no es sólo llevar, es encarnar, hacer propio lo que se lleva, indiscernible de nosotros mismos. Si logramos este propósito, poco importa la prenda que sea, el valor que tenga o la época en que esté fabricada; estaremos indudablemente a la moda y, muy probablemente, adelantándonos a ella.


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