Mujer en la morgue. Vista parcial de mujer en la camilla de la morgue con una etiqueta identificadora
Me molesta enorme que hablen de violencia de género para dulcificar la violencia criminal ordinaria en la que incurre el maromo que apiola a la pareja. Se habla de ella como si se tratara de un violencia singular, caso de estudio para antropólogos, sociólogos, psicólogos y en menor medida, asunto de jueces, policías y cancerberos. Los asesinos, sin adjetivos, son casos de interés para el código penal en toda su plenitud y punto. Toda la jerga, entre comprensiva y acusadora, con los maltratadores y asesinos de mujeres, sujetos a los que se premia con todo tipo de tratamientos de reinserción, —no le ocurre lo mismo a sus víctimas—, está resultando ya, con lo que ha caído, abrumadora y pesada. A mi, por ejemplo, toda esa jerga me abre las carnes.
Los que maltratan a las mujeres, las humillan gratuitamente, las canean o las asesinan, son individuos deleznables primero, y reos de lo que corresponda en función del código penal. ¿Qué añade el malhadado término género, al concepto principal de violencia?, ¿Añade claridad o confusión? Pues añade roña, costra y una fuerte dosis de perplejidad. Añadir adjetivos al tema esencial de la violencia confunde más que aclara y diera la impresión de que se trata de una violencia menor, corregible con la ‘charleta reparadora’. Diera la impresión que en lugar de asesinadas solo fuéramos asesinaditas, como en la obra de Mihura, fruto de algún tipo de ensoñación.
En la violencia que sufren algunas mujeres lo esencial para el código penal, para la justicia, debiera ser la violencia. Los celos, los cuernos, la dominación y otros usos son asuntos que interesan a los psiquiatras, a los literatos y otros ensayistas y ellos verán.
—!Son unos asquerosos machistas! —Se rebotó como un muelle.
—¿Qué es peor ser asqueroso o ser machista? —Pregunté ingenua.
—Ser machista, dónde vas a parar. No se salva ni uno. —Respondió rauda.
—Ser hombre, añadí, parece lo más grave, tienes razón…
—Hija, qué quieres que te diga… —Replicó.
Los hombres no son violadores o asesinos potenciales, de manera genérica. ¿Acaso lo son? Las mujeres por serlo tampoco estamos exentas de ser maltratadoras o asesinas. Por eso resulta muy irresponsable la jerga al uso, inapropiada imprecisa y lo más llamativo inútil e irresoluta. Somos la novena economía del mundo y somos incapaces de proteger a las mujeres realmente en peligro, simplemente, porque unas cuantas, las más dicharacheras, han querido encajar la violencia contra las mujeres, en una jerga de género donde no cabe. El machismo, repugnante por sí mismo, no asesina, asesinan los asesinos. ¿Con qué parte de mí, con cuál, acojo y me entrego a un hombre, con la que me advierte que estoy ante un enemigo potencial peligrosísimo o con la que advierte que es un colaborador, un amigo y un apoyo emocional? Las mujeres asesinadas, son asesinadas sin adjetivos y si están en peligro lo están sin adjetivos. Es falso que seamos asesinaditas. A las mujeres mucho nos conviene que la ley nos proteja y que nos proteja, de verdad, sin adjetivos. Necesitamos protección y seguridad, de la chachi, sin adjetivos.
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