ESPECIES INVIABLES
Layla y otros refrescos de cola
Peatóm | José Luis Pajares | 25·07·2008 | 19:35

Me pasa Gus la autobiografía de Clapton. No me la leo, me la bebo de un trago. Siempre fui muy fan. Sobre todo de la época Derek and the Dominos (Layla y tal). Flipo con el personaje. La rockstar es en realidad un juguete roto. Un hombre que ha tenido que llegar a los 60 para encontrar algo parecido a la paz de espíritu. Un ‘container’ de demonios que cayó en todos y cada uno de los viejos tópicos del star system de los 60 y 70.

Ellos pedían y sus deseos eran órdenes, por absurdos o disparatados que pudieran parecer. Drogas, groupies de 15 años, resacas monumentales. Todo narrado por alguien que en todo momento da la sensación de no haber encontrado su lugar en el mundo hasta hace cuatro días, a la edad a la que otros se jubilan. Su música sigue pareciéndome muy grande. Él, mucho más pequeño. No conozcas a tus ídolos. Más razón que un santo.

Me curro una comparativa tan exhaustiva como inútil. Algo que corroía mi existencia desde tiempo inmemorial (bueno, no tanto). El viejo y entrañable refresco de cola que ya forma casi parte de nuestra cadena de ADN tiene en el mercado una versión light y otra zero. Comparo composiciones. ¡Diantre!. Idénticas. Misma cantidad de fenilalanina, sodio, azúcares, grasas, edulcorantes, correctores de acidez… diferentes envases… Uno de brillante acabado plata cromo con el legendario logo rojo y otro en negro, tipo lado oscuro. Y te dicen que una de las dos es la que contiene la llama sagrada de la fórmula original. Es casi un dilema teologal…

Los de mi banco me crujen a comisiones. Un nuevo ‘producto’ llamado ‘cuentas claras’. Coño, ni tan claras. La pasta antes era mía y ahora es de ellos. Lo del nombre es para que parezca menos de callejón y pasamontañas. Les llamé para pedir explicaciones, pero hablaban la lengua de Mordor y pasé. Un nuevo producto. Ahora todo es ‘producto’ y ‘cultura’. La cultura de la droga, la cultura del cicloturismo, la cultura de… pérfido, malévolo y engañoso lenguaje.

Adjetivo tanto para que vean que mis padres se dejaron la ‘lana’ en un buen ‘cole’. Si les hubiesen crujido a comisiones, yo no hubiese pasado de EGB. Lo dicho, el lenguaje es amigo de rotondas y pasos subterráneos. Se acabó lo de al pan, pan. Ahora te la das con el coche y estás palmando y los del Samur vienen y dicen que palmaste porque tenías ‘heridas incompatibles con la vida’. Verídico. Vamos tan acelerados que no desaceleramos bien. Yo a fin de mes tengo una desaceleración que ando mejor de rodillas que de dinero.

El director de mi banco, saben, se pasea por ahí con su pata de palo, su loro al hombro, su jarra de ron y su cofre del tesoro de apertura retardada ofreciendo nuevos ‘productos’. Abordajes, coño.

Cuando votamos, en realidad los dos candidatos llevan idéntica composición. El envase cambia, eso sí. Uno más de brillante acabado cromo con el legendario logo rojo y el otro… el otro más rollo lado oscuro. Ahora, de sodio, edulcorantes, correctores de acidez y tal, pues allá se andan, oiga. Como lo tenemos que llevar puesto cuatro años, votamos al que es más de nuestra talla, no sea que apriete.

Sin duda, lo peor del último Clapton es que se parece mogollón al director de mi banco. Sí, el que me cruje. Pero claro, si no me cruje, no le llega para el A8. Se tiene que conformar con el A6. No seamos crueles.
[3]


URL Peatom: http://www.peatom.info

URL de este artículo: http://www.peatom.info/blog/jose-luis-pajares/16964/laila-y-otros-refrescos-de-cola/