Slogan de la columna
Un agujerito negro
Juan Aparicio Belmonte | 18·09·2008 | 17:26

En el parlamento no se discute nada. Todo se hace preparlamentariamente. Se negocia en restaurantes y despachos cerrados, en conciliábulos donde todo queda atado y bien atado y luego se va al congreso a “escenificar” la cosa, es decir, a salir por la televisión y lograr un 30 por ciento de share. Hay más parlamento en 59 segundos, el programa de tve, que en el congreso de los diputados, donde cualquier parecido con la democracia es puro teatro. En el parlamento británico la mitad de los diputados laboralistas se enfrentaron al afán conquistador de Blair y votaron en contra de su intención de bombardear Irak. Lo recuerdo con envidia. En España tal cosa es impensable. Sobran los diputados. Bastaría con que cada portavoz anunciara en voz alta el porcentaje de votos que representa y luego votara, y así los ciudadanos nos ahorraríamos un montón de salarios, de dietas y de viajes de los grupos de amistad.

En el parlamento británico la mitad de los diputados laboralistas se enfrentaron al afán conquistador de Blair y votaron en contra de su intención de bombardear Irak

Es verdad que sin los aplausos de sus correligionarios, nuestros líderes estarían más desamparados frente a la cámara, pero lo primero es contener el gasto superfluo.

Ahora, por ejemplo, el gobierno de Zapatero está negociando los presupuestos generales del Estado. ¿Dónde los negocia? ¿En el parlamento? Quia. En restaurantes de la guía Michelin, en pubs de estilo inglés con barra acolchada, en bares de tapas donde las cañas tienen una deliciosa espuma blanca y la televisión no entra. A mí me gustaría que el presidente o su ministro de Economía agarraran el micrófono desde el escaño y dijeran públicamente: “Señor Duran i Lleida, si usted nos aprueba el presupuesto nosotros daremos a su partido tal o cual subvención” o “Señor Erkoreka, si usted aprueba nuestros presupuestos nosotros apoyaremos los suyos en Euskadi”. Imposible, me dirán. ¿Cómo van a hacer eso? Perderían votos, sería un escándalo. Pues de eso se trata, de que todo se vea y se oiga, y que la gente sepa lo que realmente está votando. Eso sería un régimen parlamentario, y no esta cosa donde todo se hace a escondidas, y luego vienen los voceros de cada bando a interpretar lo que desconocemos.

Como confío muy poco en nuestra capacidad para mostrar un mínimo de indignación ciudadana, todas las noches rezo para que el Gran Colisionador de Hadrones, esa máquina de Dios con nombre de alto cargo masónico, genere una galaxia en miniatura en la que nuestro sistema parlamentario sea mejorado. O, por lo menos, que un agujerito negro se trague el impresionante chalet que se ha hecho Pepiño Blanco en la costa gallega.


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