En Madrid empieza a ocurrir como en Italia. Vas a la bota transalpina y todo el mundo se queja de que haya ganado las elecciones Berlusconi, vienes a la capital y todo quisque despotrica del PP. Entonces, ¿dónde se esconden esos votantes que dan mayoría absoluta a quienes nos gobiernan allí y aquí? ¿Qué fuerza espectral los oculta de las calles una vez depositan su papeleta? En el mundillo de la cultura madrileña tampoco es fácil encontrar a votantes del PSOE, porque casi todos van más allá: prefieren a Izquierda Unida o simplemente se abstienen para no legitimar al “sistema”. Hace tiempo me preguntaron qué consejo daría a un aspirante a novelista y respondí de buena fe que escribir y leer mucho y persistir en la tarea con la fe del converso.
¿Dónde se esconden esos votantes que dan mayoría absoluta a quienes nos gobiernan allí y aquí? ¿Qué fuerza espectral los oculta de las calles una vez depositan su papeleta?
Ahora creo que le recomendaría declarar a los cuatro vientos que profesa la doctrina marxista leninista o similar, aunque la lucha de clases le importe una higa o ni siquiera sepa en qué consiste. Así siempre encontrará a algún editor dispuesto a publicar sus novelas y arroparlas doctrinalmente. Luego, que vote a quien quiera. En mi distrito, por ejemplo, más del cincuenta por ciento de los votantes se decantó por el PP en los últimos comicios regionales y sin embargo creo no conocer a ningún votante de derechas. Estoy hablando de Chamberí. Mi amigo El Poeta, castizo habitante del barrio desde que vio la luz y sedicente simpatizante de IU —aunque en las últimas se dejó seducir por el publicista Zapatero—, se quejaba hace poco de lo fachas que son ahora en el otrora cinturón rojo de Madrid. ¿Y Chamberí?, le pregunté yo con toda la intención, ¿qué pasa con Chamberí? Me miró desconcertado. Aquí más de la mitad vota al PP: dos de cada tres. Mira la gente que nos rodea; la mayoría lo ha hecho. El hombre fue palideciendo, parecía que el cruasán que desayunaba se le atragantaba, tal vez temía que aquellos tipos que compartían barra con nosotros —el oficinista, el ama de casa, el albañil, el estudiante— fueran a saltarnos al cuello. Chamberí es un barrio donde residen muchos escritores, algunos de renombre, no como mi amigo El Poeta. Todos son de izquierdas, y también de extrema izquierda. La cosa no me cuadra. Según la estadística, alguno tiene que haber votado al PP. Yo, que también soy marxista leninista (o tampoco, que diría aquel), no he sido. Así que ¡salid del armario, amigos, reconoced de una vez por todas que contra el PP vivís mejor, responsabilizaos públicamente del campo de golf para pijos que ha perpetrado vuestra futura y secreta líder nacional donde antaño se proyectó un parque que iba a oxigenar nuestro congestionado y humoso distrito!
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