Deambulo durante el día por la glorieta de Cuatro Caminos y sus alrededores con ganas de pedirle a mi jefe que me acepte de nuevo en la benemérita empresa que subdirige. Se acerca el final de mes y yo tendré que poner mi parte del alquiler, del salario de la ecuatoriana, de la guardería. No sé cómo decirle a mi mujer que no tengo trabajo. Pero creo que si llamo a mi ex jefe me va a insultar y luego colgar. Entro en el supermercado de la glorieta. Robo dos latas de fabada. Robo una botella de aceite de oliva. Robo una botella de vino tinto caro. Salgo por la puerta muy nervioso, porque no sé si el abrigo disimula bien todo lo que llevo escondido. Un tipo me para. Me pide limosna. Qué alivio. Pensaba que era el guardia jurado, le digo. Una limosnita, por favor. Le digo que soy contrario a la actitud del pedigüeño. Que no me gusta la gente que intenta dar pena a los demás, que yo antes que eso prefiero robar. Él se enfada. Creo que es moro. Aunque tiene el pelo rubio. Tal vez sea polaco. No lo sé, porque sigo mi camino con la mercancía robada. Sigo hacia casa más contento de lo que entré al supermercado, con la firme convicción de que los ladrones somos gente feliz si nos salimos con la nuestra.
Me fastidia sentir remordimientos. Me encanta sentirme en la cuerda floja, sin embargo. Me encanta pensar que dentro de cuatro días mi mujer descubrirá mi secreto. Descubrirá que ya no trabajo para mi ex jefe. Es como si tuviera que disfrutar más que nunca de mi vida. Es como si no quisiera otra cosa que permanecer al lado de mi hija. He perdido incluso la timidez en el parque. La subo al columpio y aguanto con firme estoicismo las arremetidas verbales de las madres de los otros niños. Ellas son habladoras, pero ahora yo también consigo serlo. Siento que en cuatro días ya no viviré y por eso me atrevo a cualquier cosa. Sin duda, es una percepción exagerada, pero prefiero exagerar si con ello consigo disfrutar más de la vida. Y la vida es mi hija: su sonrisa. No me gusta ser cursi, no me gusta ser blando. Pero qué le voy a hacer: apenas me quedan unos días de vida. Apenas sé cómo comportarme teniendo en cuenta que el tiempo se me viene encima.
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