En el trabajo
1.- Me he despertado contento, no sé por qué. He encendido la radio. Hablaba un tipo que estaba enfadado. Luego he abierto la ducha y, bajo el agua tibia, aún era capaz de sentir la voz vibrante del tipo, sus gritos, sus ingeniosidades llenas de odio desde mi transistor viejo. Luego me he ido a trabajar. Mi jefe me ha mirado con el ceño fruncido y me ha pasado un montón de cajas que yo he cargado y descargado una y otra vez. Del camión al almacén, del almacén al camión. Te pareces al de la radio, le he dicho y mi jefe ha sonreído. Se cree un tipo importante, piensa que es un gran hombre. Por eso ha sonreído.
2.- Mi jefe se llevaba el pañuelo a la frente. Mi mujer me llamó por teléfono. Estuve hablando un rato con ella. Luego ella colgó, pero yo seguí deambulando por el almacén como si aún estuviera conversando con ella. Desde la distancia, mi jefe me miraba mal. Era divertido desafiarle. Era divertido ser tímido.
En casa
Debajo de mi casa hay una concentración de ancianos. Son las doce de la noche. Bajo a ver qué pasa y descubro que también hay cincuentones y niños. Y enfrente, la policía municipal. Hay una grúa enorme. No me atrevo a preguntar a nadie qué pasa, pero creo que hablan de una antena de telefonía móvil. Todo el mundo me da miedo. Tienen las caras largas. Están muy enfadados, y la vez, se muestran felices de estar juntos: actúan como un grupo de fanáticos. Regreso a casa. Mi mujer ya ha acostado a la niña. La durmió hace dos horas mientras yo me tomaba una cerveza frente a una película erótica de una canal de televisión local. Y mi mujer me inquiere qué ocurre. ¿Qué ocurre dónde? Abajo, ¿dónde va a ser? Pues no sé, le digo, podía ser en el mundo entero. Podrías estar preguntándome por el mundo entero, qué ocurre en el mundo entero. La hago reír. No sé por qué, pero consigo que se ría. Le gusta reírse cuando digo tonterías. Y es mi estrategia para que no me pregunte cosas que no deseo escuchar. Pero finalmente siempre lo acaba haciendo: ¿Por qué hay tanta gente abajo? No lo sé. Pero si has bajado sólo para enterarte… Ya, pero me ha dado vergüenza preguntar. Se va. Me asomo a la ventana. Al cabo de un rato, la veo dando vueltas entre la gente concentrada. Es como una hormiga deambulando entre termitas quietas. Regresa. ¿Qué hace la gente allí? No te lo digo, me responde, haberte enterado por ti mismo.
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