Parece ser que en Rumania ha habido recientemente una polémica a propósito de la decisión de equilibrar en los programas informativos de la televisión noticias malas con noticias buenas. El tufo de la paridad llega hasta ahí, hasta la ilusión de creer que la compensación de una noticia malhadada con una saludable (un tifón devastador con un reencuentro feliz; un accidente cruento con un salvamento in extremis) puede conseguir, en su convergencia, atenuar esa sensación ya instalada en la conciencia colectiva de que todo lo memorable, digno de ser recogido en los noticiarios, ha de ser por fuerza nefasto. Pero esto no es así. Uno cree que no es así, no debe serlo porque también la memoria humana está preparada para retener lo dichoso. Ernesto Sábato dijo alguna vez que si hemos aceptado que “cualquiera tiempo pasado fue mejor” es porque sólo nos acordamos de lo bueno.
Para empezar, no es del todo exacto aquel dicho canónico del periodismo que proclamaba que es noticia que un hombre muerda a un perro, y no al contrario. De hecho, los ataques salvajes e inesperados de un animal doméstico a su amo (hijos incluidos aquí) forman parte de cuando en cuando de ese elenco negro de titulares habituales. El asunto podría discutirse desde otro ángulo de visión, próximo al que se ha querido adoptar en Rumania, al parecer con aceptación escasa. Que un perro muerda a su amo (o viceversa) debería tener el mismo grado de interés público que si el mismo animal sabe dar muestras extremas de consuelo y compañía a la viejecita con la que convive. Se podría argüir que esto último no llega a ser noticia por ser evidencia habitual pero entonces habrá que convenir también en el peligro que supone que los medios de comunicación “fabriquen” tendencias y comportamientos al presentar como noticia un suceso negativo aislado, que ya por ese mero hecho de ser objeto de información se considera asunto concerniente a todos. Si hoy mismo —es un suponer— quienes han sido arañados por su gato de compañía en Oviedo en las últimas veinticuatro horas pudieran hacerlo saber, habría sin duda un buen puñado de avisos al respecto y podría generarse una alarma sobre la conducta del gato asturiano que, aunque falsa en sus conclusiones, en su planteamiento sería fundada. Dicho de otro modo, el rostro diario del mundo muestra los estragos que deciden resaltar, a veces hasta los límites de la imprudencia, quienes nos los enseñan desde esos peligrosos filtros de la realidad que son los medios de comunicación.
Frente a esa feroz dicotomía que preside la actual naturaleza de lo noticiable (o drama o trivialidad: miseria o glamour: patera o pasarela), debería alzarse otra donde menudease contra la cara negra del mundo ese otro constituyente del ser humano que por fortuna abunda más en la vida diaria
Y esa misma conducta parcial, nos tememos, se aplica en versión contraria a la hora de escamotear lo que da miedo exponer a las claras. Uno ha comprobado que bajo el epígrafe “Breves” —siempre escondido y adelgazado a una columna en páginas interiores— en la prensa habitual hay generalmente muchas más víctimas que en el resto del periódico, incluidos los ampulosos titulares sobresaltados.
Y es que en esa antología del presente que son los informativos habría que reivindicar la aparición de las noticias del bien. De acuerdo: no desde el estúpido racionalismo coactivo de la paridad que en Rumania se han propuesto pero tampoco habrán de estar escondidas en las bodegas del periódico, allá donde apenas llega la atención de quienes lo leen.
Frente a esa feroz dicotomía que preside la actual naturaleza de lo noticiable (o drama o trivialidad: miseria o glamour: patera o pasarela), debería alzarse otra donde menudease contra la cara negra del mundo ese otro constituyente del ser humano que por fortuna abunda más en la vida diaria. Nuestros adolescentes empezarían así a saber que los asesinos escasean, las chaquetas abiertas no esconden pistolas amarradas, los atracadores no se suben todos los días junto a nosotros en el ascensor, los malévolos no son única cofradía numerosa y los maletines de los transeúntes no contienen generalmente bombas ni fajos de billetes que se van a entregar para solventar un secuestro. Lo normal es otro pasto de comportamientos donde la amabilidad, la discreción o la palabra amistosa están presentes sin estridencias. Díganlo ustedes desde las pantallas y las páginas de los periódicos. Hágannos creer que somos legión los que pensamos que los escenarios habituales de las series y las películas que escupimos sobre las cabezas más jóvenes (cárceles, hospitales, mesas de disección y comisarías: he ahí los cuatro palos de la patética baraja televisiva) no están presentes en las pequeñas expectativas que nutren nuestra vida cotidiana. No les escondan el sufrimiento ni la injusticia a esos adolescentes pero ábranles también la mano limpia de esas otras noticias que ocurren cada día a nuestro lado y nos hacen respirar el aire con confianza. Las noticias del bien.
Libros de texto | 7-09-2008
Cuaderno sin norma (8) | 1-09-2008
Los apodos | 25-08-2008
Cuaderno sin norma (7) | 21-08-2008
La edad reprochable | 11-08-2008
Cuaderno sin norma (6) | 3-08-2008
Defensa del buzón | 27-07-2008
Cuaderno sin norma (5) | 21-07-2008
Cuaderno sin norma (4) | 6-07-2008
Malos tiempos para Carpanta | 30-06-2008






















