Sí, hablemos de cuartos. Hablemos de alcobas, de dinero, de fútbol, de patas de animales, de la luna creciente o menguante, de dárselos al pregonero…
Hablando, por ejemplo, de alcobas, el congreso popular de Valencia ha dejado a la vista la gallegueidad de su líder. Cuadrando el círculo, don Mariano ha mostrado su faceta de absoluto Mortadelo. Cuatro años disfrazado de ultramontano para hacerse ahora el liberal. Solo la hiper-gallegueidad paterno-filial de su mentor, don Manuel Fraga, puede explicar esta finta, esta cintura que ha dejado sentados a los rígidos defensas de Aznar, el Van-Gaal de la política. Parece que Esperanza ya no rima, ahora es ella el verso suelto del poema popular.
Se puede hablar de política, de principios, de democracia… Pero si hablamos de cuartos, nuestro pequeño mundo no se dirime en los congresos de los partidos, ni siquiera en el Congreso, ni mucho menos en la Moncloa. Hay que focalizar. Mientras los políticos nos muestran su pirotecnia, los de la pasta se reúnen discretos en los bosques de bambú. Por ejemplo, la Junta de accionistas del Grupo Santander, celebrado el fin de semana pasado. Ojo al Botín. Mientras el populacho despliega su fanfarria chabacana, los banqueros hablan como el oráculo, hacen haikus. Asombra su refinada retórica, su hermetismo milenario: “La crisis es como la fiebre del niño, muy alta al principio pero pasa rápido”.
Mientras el populacho despliega su fanfarria chabacana, los banqueros hablan como el oráculo, hacen haikus. Asombra su refinada retórica, su hermetismo milenario: “La crisis es como la fiebre del niño, muy alta al principio pero pasa rápido”
Pero éste no es el tema y tal. Repite una y otra vez el Sabio, como si fuera un mantra que conjura todos los maleficios. Pasar de cuartos, por fin, y en los penaltis y contra Italia. El éxtasis es casi completo. El míster está contento, con su viejo chándal y sus zapatones y sus patillas de elefante. Y esas gafas que parecen de buceo; ¡esos glisos!, que diría el castizo. La consigna es: no a la más mínima apariencia de sofisticación. Somos currantes del tema y tal. Si por Luis Aragonés fuera, les quitaba de un manotazo todos los Mp3, las melenitas y las coletitas a los jugadores. ¡Qué glamour, ni qué ocho cuartos! Aquí me vienen como si fueran muñecos de futbolín. Si por Luis fuera, llevarían la ropa en una bolsa de plástico e irían en autobús de línea al estadio. Ser multimillonario no te garantiza la felicidad.
¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido y sigue la escondida senda por la que se han ido los pocos sabios que en el mundo han sido! Aragonés es madrileño, diz que de Chamberí. Nunca en su vida ha pensado en ninguna otra cosa que no fuera el fútbol. El otro día, después del pase a semifinales, comentó en la rueda de prensa algo de sus nietos. Me sobresalté ¿una debilidad, un deliz, una concesión a la vida civil? En absoluto, inmediatamente aclaró que tenía once. Qué casualidad, una alineación completa. Parece el hombre llamado a capitanear nuestra conquista de un título internacional de prestigio. El sabio de Hortaliza, como le llama un amigo, sabe que la huerta está en el punto. Que es ahora, venciendo a los Anaxágoras de Grecia, a los Bergman suecos, a Dante Aligheri. Pero hay que ir partido a partido: quedan Dostoiewski y Goethe, Rusia y Alemania, que ahí es nada.
Lo de Iker Casillas, por seguir con el refrito futboliterario, se podría titular El miedo del penalti ante el portero. Su duelo con el bueno de Buffon será de los que hacen historia. Recuerda aquél otro, cuando España ganó a Rusia en el 64. Lev Yashin, conocido como la araña negra, que era el mítico cancerbero ruso, le regaló a Iríbar, el portero español, sus guantes y con ello sellaron el traspaso del trono. Qué grande fue José Ángel Iribar Kortajerena, el chopo, portero del Athletic de Bilbao y de la Selección española.
Siento la necesidad de refugiarme en el fútbol. Porque a veces el mundo está en cuarto menguante, nuestra sensibilidad se queda en los cuartos traseros del animal que somos. Y todo parece cuarto y mitad de lo mismo, a este clown metido a pregonero.
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