Slogan de la columna
OPINIONES DE UN PAYASO
Giros
Víctor M. Díez | 8·07·2008 | 15:15

Dice la sabiduría popular que cualquier momento, éste mismo, es bueno para recibir un giro (postal, claro). Tiempo de giros. La derecha gira al centro, el Ppppsoe (¡Zapatero, trata de arrancarlo!) gira a la izquierda en su congreso y a la derecha en el gobierno. Volantazos para parecer de centro, dicen.

Giros, trompos en Donintong Park, la F1 parece una carrera de conductores ebrios. Pero nada como la muerte, ese giro es el único real. Se me aparece cada poco la mujer que murió la semana pasada en una sala de espera de un consultorio norteamericano, en el que llevaba más de veinticuatro horas sin ser atendida. Además, ante la impasible mirada de celadores, enfermos, vigilantes y personal sanitario. Se me aparece, se me aparece como la famosa “muerta de la curva”.

Comparado con ese estiércol, la muerte de la elegante Simone Ortega es una muerte entre las flores. Pero la muerte es muerte, no hay receta. Sus 1080, las releo como poemas. Oh, madre nuestra, de estudiantes patosos y currantes de impericia. Oh, madre nuestra, que nos diste de comer, entre el eco estruendoso de las neveras y despensas vacías de nuestros exilios iniciáticos. Oremos.

¿Dónde está tu victoria?; ¡Oh, muerte! Lo triste es que siempre habrá alguien que baile sobre nuestras tumbas. Que se lo digan a Cela, cuya viuda ha sacado (publicado) ahora sus poemas de juventud o a Umbral, cuya deudora y llorosa va y lee, en la Menéndez Pelayo, poemas inéditos del finado. ¡Qué miedo! El hecho y sus poemas. Cada mañana tiro, rompo, trituro los poemas de ayer, de anoche, por si acaso.

La ciencia avanza que es una barbaridad. Leo: Consiguen convertir una botella en una flor. Me pregunto: ¿Para cuando conseguirán hacer del botellón un jardín?

Dono todos mis gastados órganos, incluidos párpados y pestañas, pero los poemas son como las heces: lo más íntimo, lo más privado, lo único verdaderamente nuestro.

Giros de muñeca. El domingo, esplendor en la hierba. Otra vez esa maravillosa, extraña pareja. Roger y Rafa, dos tipos de ley, nos hicieron vibrar con el espectáculo. Que llueva, qué llueva… Pedíamos, para poder comer algo, ir al excusado, durante las siete horas que duró el duelo. En la puerta de entrada a la pista central en The All England Lawn Tennis and Croquet Club de Londres, hay grabadas unas palabras del Nóbel Kipling, dicen así: Si puedes reunirte con la victoria y con el desastre, trata por igual a esos dos impostores. No se puede decir mejor. Me importa menos quién ganó y eso que ganó ese muchacho tan especial, al que tanto admiro.

Permítanme un último giro. La ciencia avanza que es una barbaridad. Leo: Consiguen convertir una botella en una flor. Me pregunto: ¿Para cuando conseguirán hacer del botellón un jardín?


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