![]() Dicen que Godot era un ciclista carismático, pero no un gran ciclista. Samuel Becket, según se cree, tomó su nombre de la clasificación de aquel Tour de Francia de los años míticos. Godot siempre era el último, el farolillo rojo sobre las páginas amarillentas del diario L´equipe, que patrocinaba la carrera y prestaba su color al maillot del líder. Esperando a Godot, tendría así un cómico sentido en esa oda absurda dedicada al absurdo de la vida. Vladimiro y Estragon esperaban a un ciclista jadeante que siempre llegaba fuera de control ¿la vida, la muerte? Quién sabe. Se recuerda al ganador, nunca al segundo. Pero hay una dignidad especial en ser el último, el último de la fila. Ciclismo y teatro. ¡Vaya pareja! En un sms a pie de retransmisión, mi querido amigo Fernando Urdiales, director del Teatro Corsario, me comenta: [El Tour] Era más emocionante cuando les dejaban drogarse. Me pregunto si se puede estar a favor del deporte y de droga a la vez… Y no estar loco. Convengo que sí, que yo sí. Pero no sé si debe decirse esto en público. Me consuelo, entonces, con la idea de que no me lee nadie. Recuerdo una escena que vi en una mala película hace muchos años. Lo cierto es que no recuerdo nada más del telefilm. En él, un hombre maduro hace footing mientras fuma un gran puro. Un coche llega a su altura y le sigue a su ritmo. Alguien saca la cabeza por la ventanilla y le hace ver lo ridículo de hacer deporte mientras fuma. El escéptico corredor le responde que el médico le ha aconsejado que deje de fumar y que haga deporte. También le aclara que tiene por costumbre hacerle sólo la mitad de caso. Hablando de drogas y deporte, leo que los chinos han enviado una circular a los hosteleros de Pekín para que, durante la celebración de los Juegos, no se permita la entrada a negros y mongoles en sus establecimientos. El argumento es tan repugnante como insólito. Al parecer, los primeros son los responsables directos y únicos del tráfico de drogas en el mundo. Los segundos, según el gobierno chino, sólo se dedican a prostituir a sus mujeres. Y todo ello para evitar la mala imagen que estas prácticas pueden reportar al país mandarín. |
Qué curioso que los chinos se preocupen ahora por su imagen, con la imagen que se han labrado en las últimas décadas. Se queda uno más tranquilo sabiendo que no va a haber ni drogas ni meretrices en los pubs de Beijing Qué curioso que se preocupen ahora por su imagen, con la imagen que se han labrado en las últimas décadas. Se queda uno más tranquilo sabiendo que no va a haber ni drogas ni meretrices en los pubs de Beijing. ¡Qué asquito! Sobre todo porque, en esa milonga de la imagen, nunca se tenga en cuenta la ídem que proyectan con medidas tan abyectas como éstas.No se me ocurre ya ni argumentar sobre el tema de las drogas. Paso. Qué se puede esperar de quienes fomentan el botellón y reciben pingües beneficios del tabaco. ¿Volver a contar eso de que el problema no es la sustancia sino el uso? Que la clave no es moral, que no es un problema de vicio como quieren creer los meapilas. Que hay razones tan simples como la degradación social o la frustración vital, si se quiere ver el problema en general. Y que en lo individual, lo que degrada a quien se droga y a la droga, es el mal uso o abuso de ella ¿Para qué? Reclamaré una vez más que mi piel es mi frontera y que allí mi parlamento decide lo que me conviene como ciudadano del mundo. Esto habría de ser suficiente, espero. Se cuenta que en cierta ocasión, un Papa enamorado del arte, envió emisarios para pedir a los artistas más prestigiosos de la época una prueba de su talento. La idea era encargarles, con posterioridad, obras para el Vaticano. Cuando le llegó el turno a Giotto, éste trazó un círculo perfecto a pulso y le espetó al emisario: Esto será suficiente. |
URL Peatom: http://www.peatom.info
URL de este artículo: http://www.peatom.info/blog/victor-m-diez/16666/fumando-espero/