Slogan de la columna
OPINIONES DE UN PAYASO
(G)Alicia a través del espejo
Víctor M. Díez | 19·08·2008 | 13:32

En mi casa vive una persona de tres años a la que algunas y algunos se empeñan en llamar la niña. Ella, locuaz, alegre, intuitiva, está transida de palabras y pensamientos libres. Acuña conceptos como LIVERDAD, se pregunta si le han cortado el pito, te increpa llamándote ¡Maldito escabeche! Y envía mensajes a su padrino, actor y director de teatro, como: “Dile que si no venga perderá la figura y que si hace así se romperá el espejo“. Un verdadero oráculo la muchacha.

Pero me interesa la idea de espejo. Otro país, quizás un continente nuevo y por descubrir, un planeta, una galaxia remota… No sé muy bien como describir esta tierra (Mi-ña te-rra gale-ga). Ah, ya: algo ambiental, un clima (Donde el cielo es siempre gris ¿O no?). Aquí el terreno es fértil y la vida mágica. Si comes un melocotón y tiras el hueso, a los pocos meses brota en tu jardín un níspero como si nada.

Pero volviendo al clima, al clima en prosa. Los hosteleros locales (de aquí) están que trinan. Sienten una paranoica persecución por parte de los que mandan. Éstos, aliados con los meteorólogos de las cadenas nacionales de TV, traman cada año una campaña para desprestigiar el tiempo en el Norte, a favor de la Costa Brava, Levante y la Costa del Sol. Como en toda paranoia colectiva se advierte un fondo de verdad, bajo una melodía de exageraciones.

Respuestas que son preguntas, la imprecisión en cualquier razón que te ofrezcan, la ambigüedad como forma de ser… El relativismo del gallego es un absoluto

Galicia es otro mundo, de eso no cabe duda. Me pregunto el por qué de la vehemencia nacionalista local para demostrarlo, es tan evidente. Tampoco se entiende la abnegación del nacionalismo central por negarlo, servirá de tan poco.

Respuestas que son preguntas, la imprecisión en cualquier razón que te ofrezcan, la ambigüedad como forma de ser… El relativismo del gallego es un absoluto. Por eso es una tierra de realismo mágico. En cierta ocasión leí que un periódico de la tierra había reservado una mesa vacía con una máquina de escribir. Que ésta, sólo la usaba el gran escritor Álvaro Cunqueiro y sólo una media hora al día. Al parecer, el director del periódico le tenía contratado sólo para que fuese todas las mañanas a la redacción, al levantarse, y escribiera lo que había soñado. ¿Se imaginan?

Las historias serían infinitas y quizás no sea yo el más apropiado para contarlas. A la casa del verano se suele acercar una amiga gallega que trabaja en los servicios de salud. En cierta ocasión me contó que un día llegó un paisano en bicicleta al ambulatorio. Le dolía el pecho. Las pruebas le diagnosticaron un infarto. Los doctores dijeron que tenían que realizarle más pruebas en el hospital. Cuando llamaban para pedir una ambulancia para el traslado, el hombre les dijo de forma lacónica: No hace falta, tengo la bicicleta ahí afuera… Galicia caníbal.

(On-di-ñas ve-nhen, On-di-ñas ve-nhen,
On-di-ñas ve-nhen y vaaaan…).


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