Comercio. A lo largo de nueve años, mientras compaginaba la tarea con su labor como profesor y catedrático del IES Calderón de la Barca de Madrid y como director del Seminario de Fuentes Orales de la Universidad Complutense de Madrid, el investigador leonés José María Gago dio forma a su tesis doctoral, un estudio que retomó “hace cuatro o cinco años” para transformarlo en un libro. El resultado es ‘El pequeño comercio en la posguerra castellana. De la cartilla de racionamiento a los supermercados’, un volumen editado por la Junta de Castilla y León (su precio es de 25 euros) que presenta esta noche en la Librería Margen de la capital vallisoletana.
El volumen, publicado por la Junta dentro de su colección Estudios de Historia, repasa situaciones como el estraperlo y figuras como los viajantes y vendedores ambulantes
Procedente de una familia de comerciantes, este doctor en Filosofía y Letras reconoce que el terreno del pequeño comercio “siempre ha estado ahí” en su vida, si bien no fue hasta los años 80 cuando decidió emprender una investigación sobre una materia que considera “una gran desconocida” incluso en el ámbito nacional.
“Empecé a realizar trabajos dispersos sobre el comercio exterior, siempre utilizando las técnicas de la historia oral, y cuando eso fue tomando cuerpo, una profesora de la Complutense, María del Carmen García Nieto me animó a que eso se convirtiera por lo menos en una tesis, y todo ello ha acabado derivando en un libro de conocimiento general, en el que hemos dejado de lado los tecnicismos, hemos reducido en un 90 por ciento todo el aparato de gráficos y estadísticas y hemos dejado paso a un lenguaje mucho más fluido y directo, para que la gente pueda leerlo como si fuera casi una novela”, explica a Ical.
El estudio abarca dos décadas, las que se extienden desde el final de la Guerra Civil en 1939 hasta la aparición de los primeros supermercados en España (en 1958) y la puesta en marcha del Plan Nacional de Estabilización Económica. “Me he centrado en la evolución del comercio a lo largo de veinte años clave, en los que pasó de estar totalmente intervenido y utilizado por el régimen, reportando escasos beneficios a los propietarios, a comenzar a despuntar con unos beneficios razonables”, detalla.
Debido a la inexistencia de una documentación previa que le sirviera como punto de partida, Gago realizó un total de 63 entrevistas orales que actualmente pueden consultarse en el Seminario de Fuentes Orales, principalmente con comerciantes (y dentro de ellos hablando con vendedores ambulantes, fijos y de todo tipo), pero también prestando atención a dependientes asalariados y a representantes de otras áreas implicadas, como los responsables de las cámaras de comercio, policías locales en la época del estraperlo o viajantes de comercios.
:: Del colmado al autoservicio
En su investigación, Gago no ha apreciado peculiaridades significativas entre los pequeños comercios de la región y los del resto de España en esa época, “las diferencias se encuentran mucho más pronunciadas entre los ámbitos rurales y los urbanos; un comercio en Cáceres y en Soria son casi lo mismo, pero entre uno en Valladolid y uno en Olmedo hay muchas más diferencias, en aspectos como la relación y el trato con el cliente, el abastecimiento, el surtido…”.
“Era mucho más frecuente y casi exclusivo en los ámbitos rurales, que la vivienda fuera a la vez establecimiento comercial en el piso de abajo, y que allí se encontraran los colmados, donde había de todo: velas, sartenes, productos para el campo, aperos de labranza… Eso era frecuente en el campo, y en la ciudad se tendía cada vez más a la especialización. Algunos de los pequeños comercios que conozco han derivado, más que en el supermercado, en el autoservicio. Veían que la competencia les iba a ganar terreno y ellos mismos evolucionaron porque se dieron cuenta de que aquello podía ser más rentable”, prosigue.
En su opinión, la tónica predominante que ha caracterizado la opinión de sus entrevistados ha sido una cierta nostalgia, “porque ellos consideraban que prestaban un servicio a la comunidad, que en general no ha sido reconocido; se refieren por ejemplo a la cuestión de los horarios, que no existían, y sin embargo aprecian un cierto abandono y una crítica, porque en algunos casos incluso se les ha juzgado como usureros que retenían determinados productos en los años del estraperlo y de la escasez”, argumenta.
En el libro, Gago apunta hacia “dos o tres elementos muy significativos”: el viajante de comercio, que es una figura emblemática dentro del comercio; el vendedor ambulante (la ambulancia era una práctica habitual en Castilla); y la escasez y su parte negativa que es el estraperlo (cómo funcionaba, cómo se pagaban dos tres o cuatro veces más por determinados productos en el mercado negro, y cómo la gente se las arreglaba para conseguir esos productos o intercambiarlos)”.
“Por lo general, cuando se practicaba el estraperlo era por una cuestión de supervivencia. Nadie se hizo rico dentro del mundo del pequeño comercio, sin embargo todos sabemos que hubo grandes estraperlistas que se hicieron millonarios, pero a unas dimensiones diferentes a las del pequeño comercio”, sentencia.
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